Historia 


Rothschild y Waterloo, el poder de la información

Nathan Meyer Rothschild

Nathan Meyer Rothschild

Pocas dudas admite la afirmación que asegura que la información es poder, y cuando uno piensa en inversiones financieras al momento sabe que sin información es imposible triunfar. Hace casi dos siglos, en 1815, un banquero llamado Nathan Rothschild lo demostró y además fue capaz de embolsarse una buena cantidad de libras haciéndolo. Y si hoy tenemos líneas de comunicación rápidas y cantidades inmensas de información digitalizada, entonces había palomas mensajeras, que servían igualmente para transportar información de manera veloz.

Rothschild tenía bancos en varios lugares de Europa: Londres, París, Viena, Nápoles y Frankfurt; y utilizaba palomas mensajeras para comunicar unos con otros. En 1815 Europa estaba en guerra y el 18 de junio tuvo lugar una de las batallas más famosas de la historia, la batalla de Waterloo. Napoleón se enfrentó a una alianza de países entre los que estaban Gran Bretaña y Prusia.

En el mercado de valores de Londres, donde se comerciaba con los bonos que emitían los países, se esperaba con ansia el resultado de la batalla para conocer quién merecía préstamos y qué países entrarían en problemas y tendría mayores dificultades para financiarse. Las noticias sobre lo ocurrido en Waterloo llegaron a las manos de Nathan Rothschild un día antes que a cualquier otro de los banqueros e inversores londinenses, gracias a sus palomas mensajeras. Fue capaz de conocer la información incluso antes que el propio gobierno británico.

Cuando tuvo conocimiento de la derrota de Francia, comenzó a vender los bonos británicos que tenía en su poder. Cuando vieron aquel movimiento el resto de inversores, que sospechaban que Rothschild tenía información relevante, dedujeron que Francia había vencido en la batalla y que por lo tanto Gran Bretaña estaba en problemas. Lógicamente comenzaron a vender masivamente, lo que hizo caer en picado el precio del bono británico. Todos vendían menos uno, Rothschild, que una vez enviado el mensaje al resto de inversores dejó discretamente de vender.

Scotland for ever!

Scotland for ever!

Tras un tiempo, Rothschild comenzó a comprar bonos a precio de saldo, invirtiendo un verdadero dineral. Cuando las noticias de la batalla llegaron por fin a todas las personas de Londres se supo que Francia había sido derrotada y que por lo tanto Gran Bretaña estaba en una posición dominante. Entonces, el precio de los bonos británicos subió de manera vertiginosa, haciendo que nuestro protagonista ganase muchísimo dinero con aquellos títulos que tenía en su poder y que había comprado a precio de saldo gracias al uso que había hecha de su información, algo que él sabía y el resto desconocía: el resultado de la batalla de Waterloo. Un ejemplo claro de que la información es poder.

 

En colaboración con QAH| Curistoria

Vía | Automate this, de Christopher Steiner

Image| Britishbattles.com, Myartprints.com

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