Especial Augusto, Patrimonio 


Roma augustea (I): la Urbs antes de Octavio

Planta de Roma en época republicana

Planta de Roma en época republicana

Tratar la figura Augusto en la Antigua Roma nos obliga a considerar los cambios que, al igual que la escultura o pintura, experimentaron la urbanística y arquitectura de la propia ciudad desde que se convirtió en heredero de Julio César en el 44. a.C. hasta su muerte en el 14 d.C. Más que un recuento exhaustivo de los restos arqueológicos que han llegado hasta nosotros de este período de la historia –accesibles, entre otros recursos, a través del proyecto Digital Augustan Rome-, la presente serie de artículos –cuya fuente principal son las lecciones magistrales del Dr. Eugenio La Rocca con motivo del Bimilenario que estamos celebrando- tratará de reflexionar sobre la importancia de sus intervenciones en la ciudad para comprender, unido al resto de vertientes estudiadas, la grandeza atribuida a la figura de Augusto.

Pero, ¿cuáles fueron esos grandes cambios y dónde reside su importancia para la historia de la ciudad? Entenderlos sólo es posible aproximándonos a la imagen que la ciudad mostraba antes de la llegada de Octavio.

Si por algo se caracterizó la Urbs durante la Repúblicaen cuanto a urbanismo se refiere, fue por la irregularidad de su trazado (calles estrechas y angustiosas, altos edificios que impedían pasar la luz, etc.). A pesar de su dilatada historia y su contacto con otros pueblos del Mediterráneo como los griegos, tras el incendio gálico y destrucción del siglo IV a.C. la ciudad fue reconstruida manteniendo su trazado original –en lugar de aplicar un plano hipodámico-. No obstante, la arqueología ha demostrado que Roma se nutrió del arte griego en cuanto a escultura y pintura se refiere, no sólo a través de la imitatio, sino importando originales, como en el caso de los materiales hallados en las excavaciones del centro monumental de Roma (s. V. a.C.), la terracota procedente del “Guerrero Herido” proveniente del Esquilinio (s. V a.C.), las estatuas de Alcibíades y Pitágoras en el foro (s. IV a.C.), así como otras obras de producción local que imitan el estilo griego.

Reconstrucción de templo itálico-etrusco

Reconstrucción de templo italico-etrusco.

Ajeno a los modelos griegos no sólo se mantuvo el trazado urbano  completamente irregular, sino el paisaje arquitectónico que lo conformó, caracterizado por una fuerte influencia etrusco-itálica. Este carácter, visible desde la primera urbanización de la ciudad y a lo largo de la República a través de los templos –entre otros edificios públicos-, residió en el tufo estucado, la madera y la terracota como materiales de construcción, y en un modelo arquitectónico propio. A pesar del contacto con Grecia, la tradición se mantuvo frente a la innovación incluso en los materiales; no fue hasta finales de la República cuando se asistió a una revolución del mármol (aplicado a la arquitectura). A partir de la segunda mitad del siglo III a.C., ligado a las grandes guerras, los evergetas –normalmente generales vencedores o algunos magistrados-, adquirieron un papel relevante en la urbanización de la ciudad y construyeron templos porticados consagrados a las divinidades que les habían concedido la victoria (ejemplo de ello es el Porticus Metelli). Las nuevas estructuras se insertaron en el tejido urbano sin modificarlo. En este período encontramos dos facetas opuestas: una ciudad de planta irregular capital de un imperio –cuyo aspecto no la diferenciaba de otras ciudades itálicas- y una reformulación cultural que equiparaba Roma al referente cultural conocido: Grecia.

Restos del templo de Jano en Roma. Es característico el uso del tufo como material de construcción (visible en las columnas).

Restos del templo de Jano en Roma. Es característico el uso del tufo como material de construcción (visible en las columnas).

A lo largo del siglo II a.C. y hasta finales de la República se realizaron nuevos templos y pórticos de promoción personal y se restauraron otro, utilizando para algunos de ellos mármol pentélico (importado tras la conquista de Grecia en el 197 a.C.) y otros (la mayor parte) materiales de influencia itálica, cuyo estudio ha permitido extraer dos características más de esta Roma republicana. La primera de ellas es el fuerte simbolismo que poseían los edificios públicos construidos, que rememoraban las virtudes de los antepasados romanos que habían construido la ciudad, por lo que más que el edificio en sí, tenía valor su significado –valga como ejemplo, además de los que veremos de la mano de Augusto, la demolición de la Curia Hostilia por parte de Sila para construir otra mayor en el mismo lugar-; la segunda está basada en el análisis de la planta arqueológica de Roma, que manifiesta las intervenciones individuales y no de carácter unitario llevadas a cabo. Desde el siglo II a.C. los magistrados recuperaron cada vez más zonas públicas convirtiéndolas en áreas sagradas, insertando los edificios en un espacio limitado. Algunos ejemplos de esta Roma republicana son el templo de Hércules Musarum, templo de Apolo Médico, templos de Largo Argentina, templos del Foro Olitorio, templo de Jano, etc.; destacó algún edificio de nueva creación como el teatro de Pompeyo.

Maqueta de Italo Gismondi donde aparecen los diferentes edificios (en rojo) insertados en el urbanismo irregular (en amarillo), todos con orientaciones diferentes (en azul), lo que indica que fueron realizados en diferentes años. A pesar de que la maqueta representa la Roma Imperial, en ella podemos observar fosilizado el urbanismo de la Roma republicana.

Maqueta de Italo Gismondi donde aparecen los diferentes edificios (en rojo) insertados en el urbanismo irregular (en amarillo), todos con orientaciones diferentes (en azul), lo que indica que fueron realizados en diferentes años. A pesar de que la maqueta representa la Roma Imperial, en ella podemos observar fosilizado el urbanismo de la Roma republicana.

No obstante, fue Julio César quien trató de dar un nuevo aspecto a la ciudad. Fue el primero que rompió la tradición y planificó la total destrucción de templos y otros edificios para urbanizar grandes áreas –ejemplo de ello es la destrucción del templo de la Pietas, nunca más reconstruido, para levantar el teatro de Marcelo (finalizado en época de Augusto)-; de César destaca la construcción de su foro homónimo, que exaltaba la auto-propaganda y  representaba cambios no vistos hasta ese momento en Roma, e intervenciones puntuales en el Foro Republicano. Su proyecto más ambicioso –jamás realizado-, relacionado con reorganizar el trazado de la ciudad, fue el de reconducir el cauce del río Tíber ampliando así el antiguo Campo de Marte y obteniendo más terreno urbanizable, trasladando a la planicie vaticana las funciones del Campo de Marte.

En esos últimos años de la República, la Roma de caótica planta e influencia itálica  presentaba solo algunos edificios porticados y templos restaurados que preveían el esplendor y los cambios futuros de la mano del futuro Augusto, aún Octavio cuando en el 44 a.C. Julio César fue asesinado y su gran proyecto para dotar a Roma de una nueva imagen urbana quedó incompleto.

 

Vía| COARELLI, Filippo. Roma, Serie Guide Archeologiche. Roma, Mondadori Electa, 2000; LA ROCCA, Eugenio. La Roma augustea (conferencia). Incontri di approfondimento sui temi della mostra Augusto. Roma, Scuderie del Quirinale. 24 ottobre 2013; VV.AA. (Elio Lo Cascio ed.). Roma Imperiale. Una metropoli antica. Roma, Carocci, 2010.

Imagen| Google, Wikimedia Commons (editada por el autor).

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