Cultura y Sociedad, Patrimonio 


Roger Van der Weyden y la expresión del dolor

Aunque fue el pintor flamenco de mayor proyección internacional en su tiempo y uno de los grandes maestros del XV, la figura de Roger Van der Weyden resulta problemática por las confusas referencias documentales. En general, se acepta que es el Rogelet de la Pasture que ingresó en 1427 en el taller de Robert Campin, en Tournai, y que salió de él convertido en maestro pintor en 1432.

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En sus obras Van der Weyden da una lección a todo el que las mire al aislar la expresión de lo patético hasta convertirla en la protagonista exclusiva de la representación. El ejemplo más claro de esto es su obra más emblemática, El descendimiento. Su pintura queda definida no en relación con el mundo sensible sino con un modo de sentir. Busca conmover y tiene por fin provocar la reflexión moral dentro de un tono de exaltada sentimentalidad. Los protagonistas expresan una amplia gama de reacciones que van desde la conciencia reflexiva y el dolor refrenado de José de Arimatea o San Juan, pasando por el gesto de piedad de una de las santas mujeres y el llanto de la otra, hasta alcanzar el clímax en el desgarramiento de la Magdalena y el abandono de los sentidos en la Virgen desfallecida. Pero es característico de Van der Weyden que este elevado pathos encuentre salida sin que tenga que renunciar a la contención. El dolor queda interiorizado y por ahí el pintor apela a lo más profundo del espectador.

Detalle que muestra la esquina superior izquierda del cuadro y la pequeña ballesta colgada del arabesco.

Detalle que muestra la esquina superior izquierda del cuadro y la pequeña ballesta colgada del arabesco.

Esta obra, realizada para la Capilla de los Ballesteros de Lovaina (una pequeña ballesta puede verse en las esquinas superiores) justifica, tanto por el tipo de espiritualidad que expresa como por su sentido de la forma, la tendencia a un extremado naturalismo y el gusto por el arabesco y la insistencia en los valores de superficie. Por esto, Van der Weyden a menudo va a ser considerado como el paladín de una especie de reacción goticista frente a los valores humanistas de la pintura de Van Eyck. Van der Weyden realza la tensión forzando la vista y la mente para reconciliar principios contrapuestos. Buena parte del cuadro es de un realismo extremo, como los ojos enrojecidos y las lágrimas que surcan los rostros, que contrasta con una composición artificiosa en la que las figuras, de tamaño casi natural, se apiñan bajo una minúscula cruz. El fondo, que semeja un altar, centra la atención del espectador en las figuras y evita las distracciones de un marco más verosímil.

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Las calidades que consigue Van der Weyden son exquisitas, representando distintos tipos de telas y una variada y brillante gama de tonalidades: rojos, verdes, azules, dorados…

Los personajes que podemos ver de izquierda a derecha son los siguientes: comenzamos con María, esposa de Cleofás, una de las mujeres que supuestamente presenció la crucifixión de Cristo. A su lado, san Juan, cuya cara transmite la contenida gravedad del que pugna por controlar sus emociones, se agacha para consolar a María, desmayada por el sufrimiento; la postura del apóstol se repite en la de María Magdalena, al otro lado del cuadro, abrumada por el dolor. A sus pies, una calavera representa a Adán, el primer hombre, sobre cuya tumba cuenta la tradición se alzaba el monte Calvario. La túnica de María está pintada de azul de ultramar, un bello y raro pigmento; su tocado es blanco, el color de la inocencia y la pureza. La postura de la Virgen se asemeja a la de Cristo muerto, formando prácticamente dos líneas paralelas. El cuerpo de Cristo lo sostiene José de Arimatea, un hombre acaudalado que obtuvo permiso para bajarlo de la cruz y depositarlo en el sepulcro destinado para sí. El hombre que sostiene los pies de Cristo es Nicodemo, discípulo secreto de Jesús como José de Arimatea; ambos se disponen a envolver el cuerpo en un lienzo. Un seguidor de Cristo porta un tarro de ungüentos. La última figura es María Magdalena, representada en actitud convulsa de inconsolable dolor. Las intensas tonalidades rojas en las mangas de María Magdalena y la túnica de San Juan, además de su valor simbólico como color de la Pasión, hacen que la vista se desplace por todo el cuadro.

Vía| Universidad Complutense de Madrid.  Panofsky, E; Primitivos flamencos. Ed. Cátedra. Madrid, 1998. Museo Thyssen 

Imagen| Compassio Mariae. Alcaide Nieto,V; El descendimiento de Van der Weyden. Madrid, 2003.

Youtube| El devallament de la creu. Rogier van der Weyden

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