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Robert Louis Stevenson: caballero Tusitala

En agosto de 1879, un barco de vapor, el Devonia, sale de Glasgow con destino a la ciudad de Nueva York. En él, con un billete de segunda clase, se ha embarcado Robert Louis Stevenson. Su intención era viajar en tercera, junto a las clases obreras más modestas, pero en el último momento sus amigos, contrarios como eran a ese viaje, le convencieron para que, al menos, optase por un pasaje de una categoría mayor. Aun así, en The Amateur Emigrant, Stevenson describe su convivencia en las hacinadas bodegas con los más pobres y enfermos, con quienes compartió la mayoría de sus semanas de larga travesía. “We were a shipful of failures, the broken men of England”, se conmueve. “Yet it must not be supposed that these people exhibited depression (…) All were full of hope for the future, and showed an inclination to innocent gaiety…”. La comida era deplorable, los camarotes asfixiantes, llovía muchas noches y el barco zozobraba por el viento, pero cantaban ‘Auld Lang Syne’… En efecto, sus compañeros de viaje emigraban. Pero el propósito de Stevenson era otro. Algunos años atrás, en un viaje en canoa desde Amberes a París con su amigo íntimo Sir Walter Grindlay Simpson (An Inland Voyage -Navegar tierra adentro- tituló esta aventura, publicado en 1878), conoce a la mujer que le cambiará la vida: Fanny Osbourne.

Fanny Van de Grift Osbourne era una mujer americana, casi once años mayor que él, separada y madre de dos hijos. De su primera impresión sobre ella, Stevenson escribiría un pequeño artículo en The Cornhill Magazine: “On falling in love”. Tras reencontrarse en 1877, se hicieron amantes. Pero en agosto de 1878 Fanny regresa precipitadamente a San Francisco, California. Justo un año después, al saber Stevenson que ella ha obtenido el divorcio definitivo, desoyendo los consejos de sus amigos y sin notificárselo a sus padres, se embarca para ir a su encuentro y pedirle matrimonio. De salud frágil y enfermiza desde niño (“soy sólo un espectro enclenque y reservado”, le escribiría a su amigo, el escritor Henry James en 1885), el viaje casi le cuesta la vida, además de la relación con su padre. Sin embargo, “viajar esperanzado es mejor que llegar, y el verdadero éxito reside en el esfuerzo” (‘El Dorado’). Su esfuerzo se vio recompensado: Fanny llegó a su encuentro en San Francisco, cuidó de él y aceptó su proposición de matrimonio. «My health is better, my spirits steadier, I am not the least cast down», le escribe a su amigo W. E. Henley. Poco antes, al saber de su pésimo estado de salud, su padre le ayuda económicamente: My dear people telegraphed me in these words: ‘Count on 250 pounds annually.’ You may imagine what a blessed business this was, le cuenta a Sidney Colvin. Fanny se encargará también de que padre e hijo recuperen su buena relación: para ello, se embarcan de nuevo con destino a Liverpool en agosto de 1880, junto con Isobel y Lloyd, los hijos de Fanny.Sargent_-_Robert_Louis_Stevenson_and_His_Wife

Comienza también su etapa más fructífera como escritor. Ameno conversador, aquel niño enfermizo e imaginativo que para alejar a “la bruja de la noche” –así llamaba a su enfermedad- de sus frágiles sueños, escuchaba atento los cuentos que le contaba su nodriza, él mismo relata historias a Lloyd Osborne, por quien sentía verdadero afecto, cultivando ese don único de comunicación que dio vida a las aventuras y personajes que forman parte del imaginario universal: tal es La Isla del Tesoro (Treasure Island), dedicado precisamente a Lloyd: «To Lloyd Osbourne, an American gentleman (…) it is now, in return for numerous delightful hours and with the kindest wishes, dedicated by his affectionate friend, The Author». El libro que él mismo dice al principio pensó titular “El cocinero del mar” (‘The Sea Cook’), tiene reflejos tenues de Robinson Crusoe, de Edgar Alan Poe, del Capitán Marryat, e incluso de Washington Irving, pero “esos fructíferos escritores cumplieron la frase del poeta: al irse dejaron a su paso huellas en las arenas del tiempo, huellas que quizá otro… ¡y yo era el otro!”, escribe con razón. La Isla del Tesoro es muy probablemente el libro de piratas y bucaneros por antonomasia. Se publicó por primera vez como libro en 1883 y en un principio pasó casi inadvertida. “No me importó. A mí me gustaba la historia, en gran medida por el mismo motivo por el que a mi padre le gustó al principio: era mi estilo pintoresco. También estaba muy orgulloso de John Silver y, a día de hoy, admiro mucho a ese tranquilo y formidable aventurero”, escribe años después en uno de sus ensayos.

Su gran reconocimiento vendría con el tormentoso y atormentado Strange Case of Doctor Jeckyll and Mr. Hyde, publicada en 1886. Ese mismo año publica también Kidnapped.

Siempre tan delicado de salud, cuando su padre fallece ese año, decide buscar un clima más benévolo que el de las Islas Británicas (“yo amo mi clima nativo, pero él no me ama a mí”) y marcha con su familia y su madre viuda a Estados Unidos (es cuando escribe El Señor de Ballantrae, 1889). El verano siguiente, planea un viaje a las Islas del Pacífico Sur, instalándose en Samoa en 1890.

Allí continuó cultivando una frenética actividad literaria y epistolar, además de involucrarse en la vida social e incluso política de los aborígenes de la isla, quienes le apodaron “Tusitala” (“el que cuenta historias”). Al final de un intenso día de febril dictado, el 3 de diciembre de 1894 Stevenson se desvaneció súbitamente, y murió sin recobrar la consciencia. “Death had not been suffered to take so much as an illusion from his heart (…) this happy-starred, full-blooded spirit shot into the spiritual land”, había escrito, casi como un presagio, dejando sin concluir otra que hubiera podido ser gran obra maestra, Weir of Hermiston. Los samoanos portaron su cuerpo sin vida hasta la cima del monte Vaea, desde donde pudiera ver el mar, en Vailima (la hoy capital de Samoa), donde aún reposa y se le venera.

Al tener noticia de su muerte, Henry James escribió a Fanny Stevenson: «Iluminó un lado entero de la Tierra y era por sí mismo una provincia entera de la imaginación. Sin él, somos gentes más pequeñas y personas más mediocres (…) Tengo la sensación de que ha sido tan feliz en su muerte como lo había sido en su fama (…) Se ha ido a tiempo para no envejecer, lo suficientemente pronto para ser tan generosamente joven y lo suficientemente tarde para haber apurado la copa…»

Fanny regresó a California. Falleció en 1914, y en 1915 su hija depositó sus cenizas junto a la tumba de Robert Louis. La placa de bronce que la recuerda, lleva su nombre en samoano: ‘Aolele’ (“Nube Voladora”).

Nota:
La obra de Stevenson se recopila según dos criterios: el de su amigo Sidney Colvin, la denominada Edimburgh Edition, y el de Lloyd Osbourne, la Vailima Edition.
Vía| Henry James – Robert Louis Stevenson, “Crónica de una amistad: correspondencia y otros escritos” (Hiperión, 2009), “Essays of Robert Louis Stevenson”, selected and edited by William Lyon Phelps (Yale 1906)
Robert Louis Stevenson, “Memoria para el olvido” (Siruela, 2005)
Robert Louis Stevenson, “The Amateur Emigrant” (Large Print, 2007)

Imagen| Retrato de Robert Louis Stevenson y su mujer, de John Singer Sargent, en Crystal Bridges Museum of American Art, Bentonville (Arkansas)

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