Coaching y Desarrollo Personal 


Ríos de vida

El río de tu vida

Imagínate una montaña. Rocas, pasto, flores silvestres, el sol derramando su poderoso calor… Y en algún rincón,ya sea por lluvia, descongelamiento u otra razón que disponga la naturaleza, agua brotando a borbotones, estableciendo la naciente de un río.

Desde allí, el agua se desliza a través de la pendiente buscando los resquicios más favorables para continuar su camino. A veces divide sus rumbos, otras se une con ríos extraños. Con el paso del tiempo marca su espacio, dejando una huella bajo su peso y haciéndose presente incluso en épocas de sequías. Y cuando se desborda también se hace notar, arremetiendo contra lo que se cruza en su camino, totalmente incontrolable.

En algunos tramos, su corriente es tal que arrastra todo aquello que se atreva a interponerse entre él y su destino, en otros es tan calmo que acaricia con dulzura. De pronto es profundo, elevándose metros y metros sobre la tierra y de un instante a otro, apenas cubre las piedras, puliéndolas con su continuo pasar.

Ahora, imagina tu vida. Tu vida como un río.

En algún lugar del mundo, tu vida comenzó en el vientre de tu madre. Tras nueve meses de juntar vapor en nubes, descongelarse o hacer fuerza desde las entrañas de la tierra, brotaste a borbotones en forma de llanto de un niño que llega al mundo.

Mientras crecías bajo las alas y el cuidado de tus padres, fuiste buscando un rumbo, esquivando algunas piedras y pasando por encima de otras. Fuiste zanjando tu esencia, tu identidad, tus ideales y tus convicciones, marcando la huella de tu personalidad y tu unicidad.

A veces te atreviste a cosas nuevas, proyectos que hicieron que parte de ti se desviara a otro rumbo. Otras, decidiste que todo tú torciera su camino, dando un giro de noventa grados.

Muchas personas entraron a tu vida mezclando sus aguas con las tuyas y a veces terminaron alejándose, llevándose con ellas parte de ti, de tu historia. Pero tu curso siguió, avanzando hacia ese destino desconocido que todos ansiamos conocer.

Te enfrentaste a circunstancias en las que tuviste que arremeter con firmeza contra aquello que te lastimaba y momentos en los que sanar, a otros o a ti mismo, con caricias suaves y dulces.

Disfruta de tu río

De a ratos has tenido que elevarte metros sobre la tierra para tener una mejor perspectiva o, quizá, hacerte valer por quien eres. Y en ocasiones, acercarse lo más posible al suelo, con humildad y amor, ha sido tu mejor arma.

Sí, muchas situaciones te han hecho desbordar y perder el control. Seguramente personas queridas han salido lastimadas. También te habrás consumido, sumido en el dolor, la confusión y la desazón de lo incierto.

Pero al final de cuentas, aquí estás. Aún avanzando. Incansable y perseverantemente. En busca de ese destino ansiado pero, en el camino, cumpliendo una misión de servicio para todo lo que se nutre de ti y sobrevive gracias a tu paso.

Déjate flotar en las aguas de ese río y disfruta del recorrido, que tiene mucho mayor valor que el destino mismo.
Imagen|El río de tu vida    Disfruta de tu río
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