Economía y Empresa, Jurídico 


Riesgos de la regulación cambiaria

A menudo, los países establecen tipos de cambio irreales por motivos económicos o políticos. La historia ha demostrado de forma insistente que al cabo de un tiempo no muy extenso lo inevitable es abandonar este control y así regresar a la libertad del ajuste de los tipos de cambio. Para exponer las consecuencias de este tipo de usos, dos ejemplos serán de utilidad, uno histórico y otro actual.

En primer lugar vayamos a las décadas centrales del siglo XIX. Por aquél entonces muchos países tenían definidos sus sistemas monetarios en base a dos metales, oro y plata. Es lo que en los libros de historia conocemos por bimetalismo. Es lógico adivinar que el precio de mercado de ambos metales, en términos relativos, debía guardar una relación estrecha con su oferta relativa. convenio-doble-imposicion

Por ejemplo, si existían 10.000 toneladas de oro en circulación y 60.000 de plata, el precio relativo del oro debería ser de 6 a 1 respecto a la plata. Supongamos que dos países intervienen imponiendo precios diferentes a los metales de tal manera que uno (país A) mantienen la relación “natural” en base a la oferta relativa y otro (país B) no, por ejemplo, abaratando (encareciendo) el oro (la plata) a 5 a 1. ¿Qué ocurrirá? Habrá arbitraje, esto es, los individuos buscarán un beneficio negociando solo con la moneda. Lo que sucederá será que los ciudadanos del país A y B acudirán al país A a comprar oro con plata y luego se dirigirán al país B a vender este oro a cambio de plata. Imaginemos que compramos 1000 grs de plata en B, con ésto tendríamos 200 grs de oro en A, y de vuelta con ello obtendríamos 1200 grs de plata de nuevo en B. Beneficio, 20%. La segunda derivada es que en A desaparecería el oro y en B la plata. Es la máxima que siempre ocurre, la moneda (metal) que se abarata es desplazado del mercado por el que se encarece de forma artificial.

El ejemplo actual es Venezuela. Actualmente este país impone un tipo de cambio oficial  de 6,3 bolívares por dólar. Como este tipo de cambio sobrevalora el bolívar ya que el mercado negro lo estima en 47 bolívares por dólar, igual que la plata en A, el negocio sería el de adquirir bolívares fuera de Venezuela, a un tipo de cambio respecto al dólar mucho menor (no es necesario salir del país, sino en el mismo mercado negro), y con esos bolívares acudir al Banco Central venezolano y adquirir dólares, con los que iniciar de nuevo el proceso.

Consecuencia, al igual que en el ejemplo anterior, el dólar desaparecería de Venezuela y el bolívar continuaría su proceso de devaluación al concentrarse dentro de las fronteras de este país caribeño, lo que en última instancia generaría inflación. La pregunta es ¿porqué mantener este tipo de cambio sobrevalorado si no es estable y al final conducirá a problemas mayores? No hay una respuesta única, pero entre ellas podemos destacar la necesidad de control de inflación, lo que a la postre resulta en vano, control de movimientos monetarios o prestigio nacional. Al final, la escasez de dólares implica la incapacidad de realizar comercio exterior, y por ello la consecuencia última es la escasez de productos importados, como es el papel higiénico, cuya falta ha supuesto titulares de la prensa en meses pasados.

Los riesgos de la regulación cambiaria son por lo tanto movimientos monetarios que desestabilizan los sistemas monetarios de los países que los mantienen. Por ello, lo mejor es o bien mantener un tipo flexible o bien ajustar periódicamente el valor del mercado el tipo de cambio fijo impuesto.

 

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