Cultura y Sociedad, Historia 


Richard Estes: reflejos de perfección (II)

Como continuación de la entrada anterior, analizaremos la obra y la calidad técnica de Richard Estes.

A pesar de la escasez de sensacionalismo o grandilocuencia de sus temas, su pintura es absolutamente eficaz: cada uno de sus cuadros impacta y fascina, capturando totalmente la atención del espectador. Y esto no sólo es debido al virtuosismo.

Estes se ha mantenido siempre dentro de un realismo minucioso pero no ortodoxo a lo largo de toda su trayectoria.


 

Los temas dominantes de su pintura son las amplias vistas de ciudades, calles, avenidas y panorámicas de paisajes urbanos o marinos; en ellas desarrolla su gusto por las superficies reflectantes acuáticas, acristaladas o metálicas y pone de manifiesto un magistral dominio de la perspectiva para componer sus cuadros e integrar el mayor número de elementos posibles en ellos.

Sus primeras obras se pueden fechar en 1967, sobre reflejos de ventanas de autobuses y en 1968, tras presentarse al galerista neoyorquino Allan Stone, tuvo su primera exposición individual.

En los cuadros que Estes realizó entre 1968 y 1970 ya está definido el lenguaje, el estilo y los temas que dominan su obra posterior: están las vistas de ciudades, sobre todo Nueva York; los paisajes en un sentido más amplio y los retratos, los cuales no  son muy numerosos y el propio Estes los considera como una variante de una vista urbana o del interior de un edificio.

Incluso en los cuadros de vistas urbanas o paisajes panorámicos, las personas no adquieren el protagonismo absoluto de sus obras, sino que poseen la misma relevancia que los coches, autobuses, puentes, torres o rocas; son transeúntes ocasionales en la ciudad. Manhattan se convirtió en su tema preferido y con el tiempo otras ciudades del mundo también pasaron a ser objeto de sus obras.

A pesar de que admiraba a Edward Hopper, sus paisajes urbanos se distanciaron de los de éste, pues evitaban las escenas nocturnas y cualquier elemento narrativo o emocional.

La luz de sus lienzos, por el contrario, busca aquellos momentos más brillantes del día, sintiéndose especialmente atraído por las superficies metálicas, los cristales y los espejos, que le permiten recrearse en las imágenes deformadas de sus reflejos.

Aunque se acercan mucho a la visión del mundo que aporta una fotografía y Estes se basa en ellas paras sus composiciones, no las utiliza para imitar la realidad, sino para reconstruirla con una nitidez mucho mayor que la que permite la observación directa. Estes lo comenta así:

“No me gusta que ciertas cosas aparezcan desenfocadas y otras enfocadas, ya que ello marca de forma muy especifica lo que se supone que uno debería mirar, cosa que intento evitar. Quiero que uno lo mire todo. Todo está en el punto demira”.  

 Mediante este uso extremo del enfoque,  pretende luchar contra el efecto que produce una perspectiva clásica, lineal (de un solo punto de vista) o  la inclusión de figuras humanas en la composición, esto es, generar una jerarquía de formas, ritmos, hitos o direcciones visuales que imponen una trayectoria y un tempo concretos a la mirada del espectador.

En las vistas de las ciudades de Richard Estes hay infinidad de signos que nos hablan de un tiempo y un lugar; los modelos de los automóviles, las vallas publicitarias, los escaparates y hasta la ropa de los peatones. Pero más allá de ese componente efímero, la ciudad, cada ciudad, se despliega en la obra de Estes como un cristal, como una estructura cristalina que tiene infinitas facetas y que reaparece siempre idéntica y siempre cambiante.

El realismo de Estes no es una reproducción pasiva de los que vemos, sino mas bien un cuestionamiento de lo visible. Ese es el sentido del uso casi obsesivo de los reflejos.

Desde que en 1967 pintó el edificio Flatiron reflejado en la chapa de un automóvil, los reflejos aparecen por doquier en la obra de Estes: en la carrocería de los coches y los autobuses, en los cristales de los escaparates, en el agua…etc. Estas superficies reflectantes no son lisas y uniformes; están llenas de olas y remolinos que alteran y deforman lo que se refleja en ellas. Al desplegarse sobre estas superficies, los objetos reales se convierten en monstruos fantásticos e irreconocibles.

A veces, nuestra única percepción del mundo real en la pintura de Estes se da a través del reflejo y en él, el mundo aparece invertido, fragmentado, distorsionado.

Cabe incluso apreciar la coquetería del acertijo: como los pintores barrocos del XVII, Estes desde su juventud, reta a sus espectadores a que se detengan y deambulen por sus lienzos hasta descubrir su firma, entre rótulos de escaparates o las estelas del agua.

 

Vía| Richardartnet

Imagen| Richard Estes

En QAH| Richard Estes: reflejos de perfección (I)

RELACIONADOS