Patrimonio 


Carlos III y su pasión por la Arqueología

Siguiendo el tema de las excavaciones arqueológicas más recientes en Pompeya, se me hace difícil no pensar en el peso que tuvo en su descubrimiento la Corona española y lo poco conocido que es este hecho. A Fernando VI (1746-1759) le debemos la creación del Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia y la fundación de la Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Fernando, dedicada a impulsar el estudio y la práctica del nuevo estilo en Pintura, Arquitectura, Escultura y Grabado, para mejorar la sociedad española por medio del Arte. Y gracias a este impulso venido directamente del rey español hizo que en España se institucionalizara la Arqueología y que las instituciones impulsadas por los Borbones hicieran más hincapié en las enseñanzas de la Antigüedad. Precisamente en este contexto surgirán los llamados viajes literarios que eran misiones arqueológicas financiadas por la Corona para recoger y estudiar las antigüedades conservadas. Hasta finales de siglo XVIII hubo una pléyade de estudiosos de la Antigüedad como Pedro Leonardo de Villacevallos, Francisco Pérez Bayer, Tomás Andrés de Gússeme, Gregorio Mayans, José de Hermosilla, Andrés Marcos Burriel, José Cornide, José Antonio Conde o Juan Agustín Ceán Bermúdez, sin olvidar grandes figuras políticas, como Pedro Rodríguez Campomanes o Gaspar Melchor de Jovellanos.

Y con este contexto se puede entender mucho más el interés de Carlos III por los estudios arqueológicos. Su pasión por la cultura clásica, suscitada por su Preceptor y estimulada por su madre Isabel de Farnesio, de una gran familia de mecenas, llevó a Carlos III a impulsar muchos trabajos por la zona lo que incluyó en 1738 lo que hoy son los yacimientos arqueológicos de Pompeya, Herculano y Estabia. Las excavaciones de Herculano y Pompeya, que Carlos III visitaba con frecuencia, fueron dirigidas por el ingeniero aragonés Roque Joaquín de Alcubierre. Herculano había sido explorado ya desde 1710 para proporcionar esculturas y objetos al Príncipe de Elboeuf, pero sin saberse qué población era. Arqueología, en los que rara vez se reconoce el papel impulsor de Carlos III. Los espectaculares hallazgos llevaron a Carlos III a crear en 1751, en la Villa Real de Portici, un impresionante museo, como reconocía Winckelmann, donde atrajo a los mejores especialistas para restaurar los mármoles, bronces y papiros hallados. En 1747 encargó a Ottavio Antonio Bayardi ocuparse de los monumentos, pero su tardanza le llevó, por sugerencia de su Ministro Bernardo Tanucci, a crear en 1755 la Regale Accademia Ercolanese para incentivar los trabajos, mejorar los métodos de excavación y estudio y publicar los resultados, en la que participaron los más ilustres expertos de la época.

Todos estos hechos obligan a reconocer a Carlos III como Rey Arqueólogo. Visitaba a menudo las excavaciones y daba órdenes a través de su Ministro Bernardo Tanucci, al que mandó que le informara diariamente cuando era Rey de Nápoles, y semanalmente cuando se trasladó a Madrid en 1759 al heredar la Corona de España. También se ocupó de editar los hallazgos con bellos grabados en los volúmenes de Le Delle Antichità di Ercolano, publicados de 1757 a 1792, testimonio de su ejemplar labor. Además, al trasladarse a Madrid, dejó sus colecciones en Nápoles pues sólo se trajo algunos moldes prueba de su profundo respeto por el patrimonio napolitano. Ya embarcado para España, se desprendió del anillo romano de oro que llevaba para testimoniar que dejaba todo en Italia: concepto del Patrimonio Arqueológico novedoso en su época y todavía ausente en grandes museos y colecciones del mundo, confirmado por medidas legislativas contra la exportación de antigüedades, que inspiraron la legislación española.

A partir de 1758, Winckelmann visitó Nápoles varias veces para estudiar las antigüedades de Pompeya. En la Corte de Carlos III fue cordialmente acogidot ay que venía recomendado por el Príncipe heredero de Sajonia, hermano de María Amalia, mujer de Carlos III, quien le obsequió con el primer tomo de Le Antichità di Ercolano y le permitió visitar el Real Museo en el Palazzo Reale di Portici. Junto a Winckelmann actuaba el pintor Antonio Rafael Mengs (1728- 1779), nacido en Dresde y educado en Roma. Pintor de Corte en Dresde (1745) y del Duque de Northumberland, en 1755 conoció en Roma a Winckelmann y adoptó sus teorías. En 1761 llega a Madrid como Pintor de Corte, e impulsa el nuevo estilo en los Palacios Reales y entre los académicos, por lo que puede considerarse como iniciador del lenguaje neoclásico y de su nuevo ideal estético y filosófico. Pompeya y Herculano tuvieron desde entonces una proyección sin igual en la cultura europea. Había nacido una nueva etapa en estos estudios y resulta evidente la relación de estos descubrimientos con la nueva sensibilidad artística que en pocos años iba a barrer la sensibilidad barroca.

Vía| Almagro- Gorbea, M.(2010), De Pompeya al Nuevo Nuevo Mundo: la arqueología ilustrada y la Corona de España. Reales Sitios: Revista del Patrimonio Nacional. Nº183, (pp. 47-82). Madrid: Ministerio de Cultura.

Imagen|Le Antichità di Ercolano Esposte, Le Antichità di Ercolano.

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