Historia 


Revolviendo conceptos: las civilizaciones

La Universidad de Columbia ha venido editando en los últimos tiempos publicaciones tituladas Sources of (…) tradition, una serie de publicaciones referidas a las distintas “civilizaciones asiáticas”. El motivo responde en parte a la necesidad de englobar los estudios en marcos fácilmente reconocibles para los estudiosos occidentales. Este empleo pseudo-académico del concepto “civilización” ha dado lugar, dada la relevancia académica de esta universidad, a que muchos de estos manuales se han convertido en sostén académico de la identificación civilización-estado-nación en Asia (las civilizaciones china, coreana, japonesa, tibetana, etc.). A priori puede no extrañarnos pero, ¿qué es realmente una civilización? ¿Cómo definir exactamente este término?

Por poner un ejemplo obvio: el actual estado de Egipto reconoce la tradición del antiguo Imperio Egipcio como parte de su legado cultural. Eso no quiere decir que se pueda establecer una continuidad entre la civilización de los faraones y el moderno estado del Nilo.

Al igual que otros términos frecuentemente empleados en la literatura académica (como “imperio”, “sociedad” o “pueblo”) “civilización” presenta definiciones problemáticas, difusas y en ocasiones, entremezcladas entre sí. En la actualidad el principal problema con el que nos encontramos a la hora de definir qué es una civilización se debe al abuso por parte del discurso nacional-historicista del término. Se presenta por civilización a la prolongación en el tiempo de rasgos propios de un estado-nación desde la antigüedad hasta la actualidad, respondiendo más a motivos políticos que a históricos.

Pero también podemos encontrar el término relacionado con otros conceptos. Por ejemplo, la cultura material propia de un pueblo, la cual se va desarrollando y tomando forma a lo largo del tiempo. Esta forma, ampliamente utilizada en el estudio de sociedades prehistóricas, da lugar en ocasiones a confusiones entre lo que es una mera clasificación material con una definición sociopolítica. También con el modo de organización y gestión de los recursos naturales disponibles ha dado lugar a clasificaciones. Así tenemos dualidades como nómadas /sedentarios, o agricultores/cazadores. Y, como no, con las estructuras político-administrativas. Estas son, después de todo, las que definen la forma que adoptan los gobiernos, poderes y las estructuras militares, todos ellos estrechamente relacionadas con los aspectos materiales y la gestión de los recursos, pero también que sirven en última instancia para imponer su dominio.

El Partenón es, sin duda, uno de los símbolos por excelencia de los orígenes de la “civilización occidental”, un término muy discutido.

De hecho hasta el surgimiento de los estados-nación, la cuestión de qué era una civilización era relativamente sencilla, ya que se identificaban las civilizaciones con los imperios. Sin embargo, las nuevas realidades dejan en relieve las diferencias internas dentro de los imperios pan-culturales, lo que hace que no siempre pueda correlacionarse directamente imperio con civilización: el imperio otomano, el imperio romano, el imperio mongol… Las antiguas definiciones creadas para los estados-naciones presentan problemas al aplicarse a civilizaciones con distintas realidades muy diferenciadas internamente. Igualmente, tampoco puede identificarse directamente una civilización con un mismo aspecto supra-estatal en todos los casos: si se llega a hablar de civilizaciones cristiana y musulmana por las similitudes que muchos de sus estados llegan a alcanzar, no se puede hacer lo mismo en el caso del budismo, donde la diversidad interna y las diferencias son tales que el concepto de civilización se hace del todo insostenible.

Actualmente, en el ámbito del estudio del pasado y de las ciencias sociales, el término se emplea para abarcar a un compendio de aspectos culturales, materiales, políticos, simbólicos, etc. Aunque el aspecto material nos proporciona elementos claves a la hora de identificar una civilización y explicar su auge (economía, ejército, etc.), son los elementos inmateriales los que nos ayudan a entender su existencia a largo plazo y su expansión (lenguaje, simbolismo, cultura, religiones, etc.). Véase el caso de romanos, mongoles, normandos u otomanos; si bien inicialmente el componente podríamos decir definitorio de estas civilizaciones es la conquista militar, esta da lugar a otro tipo de organización en el que los elementos militares van perdiendo peso frente a los políticos y administrativos.

En los huesos oraculares de la Dinastía Shang (1766-1046 a. C.) se encuentran los primeros ejemplos de escritura china, un sistema de más de 3000 años de antigüedad, que fue empleado para escribir distintas lenguas.

Por ejemplo, las cosmologías reflejan la concepción propia de cada civilización en el marco de su propia cultura, que además sirve de sostén ideológico al poder político: soberano por mandato divino, dinastías nobiliarias, etc. La religión sería igualmente un reflejo de los aspectos inmateriales codificados en torno a un tema, pero con una extensión muy grande en cuanto a su significado y su uso práctico. Pongamos por ejemplo el caso de la civilización china: la principal herramienta de sostenimiento de su koiné cultural, a la vez de instrumento y de símbolo cultural, es la escritura china (que, recordemos, no es lo mismo que el chino como lengua hablada). La escritura china es de hecho la constante más reconocible de su civilización a lo largo de su historia, y fundamental en la estructuración de su ordenamiento interno (educación confuciana, élites letradas, etc.) pero no podemos emplearla únicamente para definirla.

Y es que en ningún caso, ninguno de estos los aspectos mentados es definitorio por sí mismo. No significa esto que el término no carezca de ninguna utilidad: pese a los posibles equívocos, la larga tradición literaria de los mismos nos permite fácilmente evocar ideas y englobar realidades muy amplias de forma sencilla. Pero hemos de tener siempre presente que estos simples términos enmascaran realidades más complejas. Puede que algunos imperios, estados o religiones sirvan para enmarcar algunas civilizaciones, pero no siempre será así. La única solución pasa, como siempre cuando se habla de historia, no tanto por cambiar la terminología, sino más bien por abordar el estudio desde un punto de vista crítico y reflexivo.

Vía| GUNDER FRANK, Andre. Re-orientar: la economía global en la era del predominio asiático. Universitat de Valencia servei de publicacions, 2008.

SAID, Edward (1978) Orientalismo, Nuevas Ediciones de Bolsillo, 2003.

Imágenes|Esfinge y pirámide, Partenón, Huesos oraculares

En QAH|Civilización: la estructura social en Mesopotamia

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