Cultura y Sociedad 


Retratando almas e instantes: impresiones sobre El rostro de las letras

“Su alma robusta, exuberante de salud, vivía aprisionada en un cuerpo endeble,

enfermizo. Hacía una vida tranquila, escribía cuando su salud se lo permitía,

salía poco de casa. Nunca le vi reír; sonreír, siempre, hasta cuando sufría.
Tampoco le vi llorar”.

Julio Nombela sobre Gustavo Adolfo Bécquer, de quien era amigo íntimo.

La fugacidad de los acontecimientos que vivimos es algo que, a pesar de los diversos avances realizados, no podemos controlar. Ecos de esta afirmación se pueden encontrar en poemas como el que Miguel Hernández escribió bajo el título “Menos tu vientre”:

“Menos tu vientre

 todo es futuro

 fugaz, pasado”.

Así que, ante esa realidad, nos aferramos a los momentos vividos, a los sentimientos que son eternos y a los recuerdos de los mismos que plasmamos en diversas obras creando, a su vez, Arte con mayúsculas. Una de esas formas de representar es, sin duda alguna, la fotografía. Con ella se ha mostrado desde la felicidad y la pasión que envuelve a una pareja de enamorados hasta la gran ausencia que provoca la muerte de un infante pasando por la penuria y el día a día que vive un pueblo. Imágenes en movimiento congeladas en un instante.

articulo IV

Este mes de Abril, tan fiel al refranero, ha hecho que el magnesio, el encuadre fotográfico y otras cuestiones convivan con las letras en un espacio único y, quizá, por descubrir en una ciudad en la que la sombra de Cervantes, parafraseando a Miguel Delibes, es muy alargada. Allí, detrás de la plaza consagrada a su memoria y habitada por su estatua en la antigua Complutum, se encuentra la sala de Exposiciones San José de Caracciolos donde estos días se puede visitar la exposición “El rostro de las letras”; un recorrido por los escritores y la fotografía de nuestro país desde el invento del daguerrotipo hasta la Generación del 14. En definitiva, más deun siglo de nuestra historia recorrido mediante imágenes en blanco y negro que abren una puerta al pasado que atrapa a todo aquel que se atreve a cruzarla.

Cuando uno decide entrar en ese edificio, que ha perdido su función religiosa pero no su carácter, asiste a un fenómeno que se asemeja a lo que Alicia sintió cuando atravesó el espejo. Otro mundo se abre ante el visitante permitiendo acceder, desde distinto punto de vista al que dan las narraciones o los poemas, al interior de aquellos quienes con sus manos fueron capaces de crear Arte; de ser artistas. Aunque eso no les diera para comer como bien dijo el mismísimo Miguel de Unamuno.

Así, de ese modo, entre los muros de ese antiguo colegio de la universidad, se puede tener una conversación con un Bécquer, “entre bohemio y elegante” como bien dice Publio López Móndejar en el catálogo de la exposición, más allá de sus famosas rimas; hacer una visita, dentro de aquella regla social tan típica del visiteo, a la familia de Unamuno (descubriendo que los escritores y sus seres queridos eran de carne hueso) o tomarse un café con Antonio Machado, después de haber hecho camino al andar, en el desaparecido, como tantos otros, café de las Salesas aprendiendo del maestro y de aquella atmosfera que ya no existe. Después, se puede conversar de Literatura gallega con la gran Rosalía de Castro, colorarse en el taller de Agustín Querol o, por qué no, de Sorolla, asistir a una autopsia en la Facultad de Medicina de San Carlos junto a Gregorio Marañón, enamorarse de Pedro Antonio de Alarcón para, a continuación, redactar una carta con la ayuda de un memorialista (reviviendo alguna escena de El prisionero del cielo de Zafón) y pasear por la calle más literaria de Madrid, la de Alcalá, sin olvidar sus alrededores.

De repente, el otro mundo, que siempre ha estado allí, rompe la magia y deshace el efecto. El suelo de moqueta gris de la sala vuelve a ser el que se pisó al entrar y no el pavimento de la calle por la que paseaba Azorín. Por un momento, parece que no se pueda volver a entrar en esa realidad paralela pero no todo está perdido. Al mirar arriba se observan carteles colgados del techo que parecen cobrar vida y, junto a ellos, los artistas. Porque sus voces, sí sus voces, se materializan y se pueden escuchar en una pequeña parte de la exposición en la que se proyecta un documental (Cementerio de almas, dirigido por Arantxa Aguirre) lleno de todas ellas y de imágenes que los evocan. Un gran lenitivo que es ayudado por revistas y otros elementos que también se abren al visitante desde los castillos transparente que suelen ser las vitrinas.

Al terminar, aunque parezca lo contrario, ese mundo no finaliza en la puerta. El que haya vivido la sensación descrita se dará cuenta de que todas esas personas no están habitando el más allá porque, en realidad, siguen vivas; siguen en nuestro mundo creando un sinfín de emociones a cualquiera que se acerque a leer una de sus obras. Quizá la Literatura no aporte riquezas económicas pero, como escuché hace mucho tiempo en una película infantil, “las cosas más bonitas de la vida no se pagan con dinero”.

LARGA VIDA A LOS ESCRITORES Y A SUS LIBROS

Datos de la exposición:

  • Título: “El rostro de las letras”.
  • Dónde: Sala de exposiciones San José de Caracciolos (Alcalá de Henares).
  • Cuándo: del 31 de marzo hasta el 15 de mayo de 2016.
  • Horario: de martes a viernes, de 11.00 h a 14.00 y de 16.00 a 18.00. Sábados, domingos y festivos, de 11.00 a 14.00. Lunes cerrado.
  • Comisariado: Publio López Mondéjar.
  • Precio: gratuito.
  • Sitio web y documental: http://www.rae.es/la-institucion/iii-centenario/el-rostro-de-las-letras
  • Otros datos de interés: esta muestra se ha podido ver anteriormente en Madrid, Salamanca, Cuenca, Málaga y Valencia.

 

 

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