Patrimonio 


El Retablo de San Benito el Real de Valladolid

Benedictinos. Valladolid. S.XVI y Alonso Berruguete por en medio. El resultado tenía que ser extraordinario. En esta entrada vamos a hablar sobre el Retablo que se alojaba antes en la iglesia monástica de San Benito el Real y que como saben los amantes del patrimonio ahora se encuentra expuesta en el Museo Nacional de Escultura también en Valladolid.

El encargo fue obra de Fray Alonso de Toro, el abad que contrató a Berruguete a su vuelta de Italia donde había aprendido numerosos conceptos renacentistas. San Benito se acababa de erigir  sede central de la orden en Castilla en detrimento del de San Zoilo de Carrión de los Condes.

Imagen parte superior con la Inmaculada en el centro.

Imagen parte superior con la Inmaculada en el centro.

El análisis daría para escribir varios libros, puesto que además de las peculiaridades del retablo, hubo una disputa en cuanto a la tasación del mismo entre Andrés de Nájera, que representaba el goticismo en declive, frente a la exuberancia de Alonso de Berruguete. En éste son visibles las influencias de Miguel Ángel, aunque según Vasari, también tuvo contactos con Leonardo Da Vinci y con Bramante. Y nombrado Andrés de Nájera por los benedictinos para la tasación, Berruguete nombra a persona de su confianza (Julio de Aquiles), pero ante la falta de acuerdo se nombra a un tercero que sería nada más y nada menos que Felipe Vigarny, quedando estipulado en 4400 ducados según el célebre Ceán Bermúdez.

También existe una historia de desmontaje y posterior reconstrucción que se produjo décadas después de que fuese desamortizado en 1835-1836. En el Boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones se incluyeron dos actas por Juan Agapito y Revilla en las que se detallaba la historia del desmantelamiento. No fue ya sino a mediados del Siglo XX cuando se instala en su ubicación actual.

San Benito / Museo N. Escultura Valladolid

Primer cuerpo del Retablo de San Benito, con la figura del Santo en la calle central.

La obra es de proporciones enormes, si uno va a visitarlo en el Museo Nacional de Escultura pierde la cuenta de las salas en las que está expuesta. El diseño constaba de once calles verticales y dos horizontales, los temas representados van relacionados con  la infancia de Cristo pero también  sobre la vida de San Benito, incluyendo sibilas en el frontón que lo remataba.

Imagen 006El retablo está realizado sobre madera policromada, con una gran importancia de los estofados y dorados. El estofado era una técnica que se servía para introducir pan de oro (finas láminas de oro) sobre la escultura cuya aplicación fue brillante en las manos de Alonso Berruguete.

Pero lo realmente interesante es el manierismo con el que Berruguete configura las figuras, desatando toda su pasión nervuda como se aprecia tanto en la estilización de las extremidades, las formas serpenteantes, las poses inestables hasta llegar al paroxismo,… También se aprecia la monumentalidad en las composiciones tan del gusto italianizante. Y sobre todo las formas ascendentes, esquizofrénicas, agitadas en permanente movimiento que obligan a contemplar la escultura desde varios prismas (y ello aunque estaban pensadas para un retablo). Se puede comprobar en quizá el mejor conjunto ( o de los mejores) como es el Sacrificio de Isaac que podemos observar a la derecha con la llamada forma “serpentinata.”

 En definitiva, es una obra icónica del Renacimiento vallisoletano, concebida en tiempos de Carlos I, en pleno auge de idas y venidas artísticas, fin del gótico castellano, entrada de ideas renacentistas, erasmistas: un imprescindible del Museo Nacional de Escultura.

Vía Revista Mito Museo Nacional de Escultura

Imagen: Parte superior con la Inmaculada, Parte inferior con San Benito, Sacrificio de Isaac.

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