Historia 


Relatos de Blitzkrieg, Capítulo I : La ofensiva occidental

Nueva forma de aprender historia, historia novelada. Apasionado de la historia y novelista, no se me ocurre nada mejor que ofrecer relatos históricos. La novela que estoy escribiendo trata de la Segunda Guerra Mundial, en concreto, del comienzo, desde antes del 39 hasta la derrota de Stalingrado. Los diferentes momentos históricos que tenga relatados, los transformaré en artículo-novelado aquí en QAH, espero que os gusten.

En esta saga de relatos novelados seremos guiados por Konstantin, un oficial alemán de la XIV División Panzer, de poca evidencia histórica, pero como medio de conocer lo que estaba pasando.

Berlín

9 de mayo de 1940

Señor, el tiempo para mañana, será perfecto. Y todo apunta a que perdurará toda la semana.

Hitler había estado preparando la invasión de Francia con mucho cuidado, debía acabar rápidamente con sus enemigos occidentales o comenzarían a traer refuerzos y material de sus poderosos imperios coloniales. En Francia, esa misma mañana, el Presidente francés había anunciado su renuncia por problemas de coordinación con su comandante en jefe, Gamelin. En Inglaterra, el gobierno de Chamberlain estaba hundido, preparándose también para renunciar. Sus agentes en Francia estaban de acuerdo que todos esperaban que la guerra acabase por medios diplomáticos, sin un solo disparo. No podían estar más equivocados:

Danzig —dijo el Führer, muy serio.

Era la palabra en clave para comenzar con la invasión de Francia y el Benelux.

XIV División Panzer, acantonada junto a la frontera de Luxemburgo

10 de mayo de 1940

Rommel en Francia, antes de comenzar la invasión

Rommel con sus hombres, antes de comenzar la invasión

Konstantin estaba al mando del tercer batallón de infantería motorizada de la segunda división Panzer del grupo de ejércitos B.

Otto —dijo sonriente Konstantnnin—, tengo buenas noticias. Acabamos de declarar la guerra a Bélgica y Holanda.

¿En serio? ¿No se tratará de otra broma? ¿Un ejercicio?

Pero Otto vio que Konstantin hablaba en serio.

Avanzamos. Estas son las órdenes. Cumplamos con nuestro deber como el Führer espera de nosotros.

Sí, señor.

París

 

Señor, los alemanes están entrando en Holanda y Bélgica.

Gamelin, comandante en jefe de los ejércitos aliados, sonrió al Estado Mayor, reunido para la ocasión.

Os lo dije —continuó él—, entrarían por Bélgica, aunque parece que esta vez se llevan a Holanda también por el camino. Ya he ordenado a nuestro ejército que avance hasta la línea Dyle acordada. Esperemos que holandeses y belgas consigan ralentizar el avance enemigo, para poder llegar a las defensas que Bélgica nos tiene preparadas.

La mayor parte de las tropas aliadas, 41 divisiones del ejército francés y la fuerza expedicionaria británica recibieron aquella mañana la orden de avanzar por Bélgica para interceptar el avance alemán en el río Dyle y contribuir al plan de defensa.

París

14 de mayo de 1940

Oficiales franceses mostrando las defensas de la linea Maginot a sus aliados británicos.

Oficiales franceses mostrando las defensas de la linea Maginot a sus aliados británicos.

 —A pesar de todo, señores—decía Gamelin a su estado mayor—, lo estamos consiguiendo. Hemos tenido altercados, pero esto es una guerra, los altercados son corrientes.

Ha sido un duro golpe lo de la fortaleza de Eben Emael —gruñó uno de sus generales.

La mejor fortaleza de Europa había sido derrotada por un puñado de paracaidistas , abriendo Bélgica a los alemanes casi sin resistencia, y haciendo perder un tiempo que los aliados necesitaban para atrincherarse.

Y luego los belgas, que no tenían nada preparado —repuso otro general.

Era cierto, los belgas no habían preparado bien sus defensas en el río Dyle, pero ahora que ya había llegado el grueso de las tropas francesas y la fuerza expedicionaria británica se habían acelerado.

Tenemos más de cincuenta divisiones —les calmó Gamelin—, no tenemos más que esperar su avance y aplastarles con nuestras fuerzas. No podrán franquear semejante defensa.

Aun así —sugirió uno de sus oficiales—, creo que deberíamos traer refuerzos desde el sur, además, no olvidemos que en Sedán, se están dando algunos combates.

Plan Schlieffen de 1914

Plan Schlieffen de 1914

 —Sedán —repuso enfadado Gamelin—, está suficientemente preparado para cualquier tropa que pueda cruzar las Ardenas, que no será mucha. No es más que una escaramuza. ¿No ven que el verdadero ataque es como el Plan Slieffen? Estamos en la misma situación que 1914, podemos comprobar que no son muy originales.

Hubo un largo silencio, algo no encajaba, todos lo podían intuir, pero nadie se atrevía a sacarlo. Era como un zumbido molesto que sonaba a engaño.

15 de mayo

Al poco sonó el teléfono, reclamaban a Gamelin:

Diga.

La expresión del comandante en jefe de las tropas francesas cambió de repente, sombrío, colgó el teléfono e informó al Estado Mayor.

Caballeros… Holanda ha caído.

Eran las cuatro de la madrugada, algunas quejas se levantaron como protesta, todos habían esperado que las fuerzas holandesas aguantasen algo más, al menos, que consiguiesen retirarse hasta su línea de defensa.

Era de esperar, lo peor ha sido que los alemanes han cortado la retirada a miles de soldados holandeses que no han conseguido llegar a nuestras líneas.

Nos las tendremos que arreglar con solo los belgas.

Podremos.

Convencidos de sus movimientos, con cientos de miles de soldados, todas las fuerzas aliadas avanzando para crear una línea defensiva en Bélgica, los oficiales franceses no se esperaban el plan real que la Wermacht estaba llevando a cabo. Cuando ya estaba amaneciendo, un mensaje desestabilizó la cómoda situación.

Señores, los alemanes eliminaron ayer a nuestras divisiones de tanques en Sedán, según varios informes de reconocimiento, decenas de divisiones, incluidas varias de panzers han ya cruzado el canal.

Pero —contestó Gamelin—, si ayer enviamos más de setenta aviones para aplastar cualquier ejército que haya podido cruzar las Ardenas. Con ese apoyo aéreo y la división de tanques…

Señor —contestó el mensajero—, de los aviones tan solo han regresado 41, llegaron mucho antes que los tanques, los alemanes los diezmaron por separado.

Un silencio más que incómodo se abrió entre los generales, que miraban el mapa, temerosos que lo que decía el mensajero podría ser verdad, en ese caso, estaban perdidos.

Entonces… el verdadero grueso de las tropas alemanas está en Sedán.

El mensajero asintió.

Nos van a rodear…—dijo abatido Gamelin.

¡Debemos evitarlo a toda costa!

Dudo que haya nada que podamos hacer ya…

Llamemos al frente para conocer sus posiciones.

Señor —dijo el asustado mensajero, dejando un largo silencio— las líneas telefónicas del frente han sido cortadas.

Llama al presidente —dijo Gamelin, solemne—. Hemos perdido la guerra.

¿Qué?

Londres

Winston Churchill tenía el ánimo alto, había conseguido el objetivo de su vida hacía apenas cuatro días, llegar a Primer Ministro, claro que la situación no era convencional, le tocaba ser Primer Ministro en plena guerra, el avance alemán por el Benelux y por Escandinavia habían hecho caer a su predecesor. Todavía se estaba acostumbrando a su nueva casa, todo estaba patas arriba por el traslado al 10 de Down Street.

Quería acabar con el traslado esa misma mañana, eran las siete y media y estaba dando órdenes a unos porteadores, indicándoles dónde debían colocar la mesa de billar, lo último que quedaba por colocar. Tras haberla puesto en su sitio sonó el teléfono.

A pesar de la mudanza, estamos en guerra— dijo Churchill, bromeando ante los porteadores.

Pero la llamada era de todo menos una broma, Reynaud, el nuevo presidente francés le comunicaba que la guerra se había perdido. Que los alemanes habían entrado por las Ardenas, por donde nadie les había esperado, cruzando un frondoso bosque, impenetrable según el estado mayor francés. Al parecer, no tan impenetrable para los alemanes. Abrumado por las informaciones, tan contradictorias con todo lo que se había preparado, Churchill decidió volar al día siguiente a París, para conocer de primera mano la situación.

París

16 de mayo

Churchill llegó a París con la delegación británica el ambiente era desesperado. En el jardín de Orsay, justo detrás del ministerio de asuntos exteriores, grandes hogueras humeantes quemaban documentos y archivos gubernamentales. Se estaba perdiendo la guerra.

Habían perdido las comunicaciones con las tropas, y estaban intentando recuperarlas, los alemanes estaban adentrándose en Ille de France, a casi cien kilómetros de Sedán, en una carrera de 60 kilómetros al día hacia la costa. Una enorme brecha en el frente había sido rota y los alemanes la estaban aprovechando para rodear todo el ejército aliado.

¿Qué me dice de la reserva estratégica?

Gamelin cabizbajo, respondió con la única y triste verdad:

No existe.

Entonces—contestó Churchill, sofocado—, un ataque en masa por ambos flancos, desde el norte y desde el sur.

Primer ministro, inferioridad en números, inferioridad en equipo, inferioridad en táctica. Ahora mismo los alemanes están a poco más de cien kilómetros de París.

Churchill dio un fuerte puñetazo en la mesa, y acordó prestar toda la ayuda necesaria para detener el avance alemán y salvar Francia de la ocupación.

Oeste de Arras, Francia

21 de mayo de 1940

Tanques alemanes en pleno movimiento Blitzkrieg, moviéndose a toda velocidad para rodear a los aliados

Tanques alemanes en pleno movimiento Blitzkrieg, moviéndose a toda velocidad para rodear a los aliados

Mira, Konstantin —le dijo Rommel señalando al horizonte—, es el mar.

Una marcha de más de trescientos kilómetros a la máxima velocidad de los tanques y la infantería motorizada, tan solo recortada por órdenes precisas del Fürer para reabastecerse, había conseguido rodear a todo el ejército enemigo.

Konstantin estaba eufórico, el mar. Significaba que lo habían conseguido, significaba que, contra todo pronóstico, un ejército menor y peor equipado había acabado con Francia de un modo ejemplar. Significaba que estaban haciendo historia. Que el Tercer Reich podía dominar Europa, y, ¿por qué no? el mundo entero.

Ahora solo hay que mantener posiciones, esperar refuerzos, atrincherarnos, y esperar que la bolsa que hemos creado caiga por sí sola. Sin apoyo logístico, sin suministros de Francia, sin comida, agua, o municiones, ¿cuánto crees que aguantarán?

Yo digo que una semana, general.

No —repuso sonriente Rommel—, añádele ahora un avance de todas las unidades del frente, un acoso continuo de la Wermacht y la Luftbaffe. Yo digo cuatro días.

Te veo muy optimista.

Y que lo digas, Konstantin, ya me veo desfilando por las calles de París.

El día anterior, en Arras, habían detenido la última intentona franco-británica de detener el avance. Los aliados, habían ganado terreno gracias a sus potentes tanques, pero Rommel creó una línea de cañones que, con un potente apoyo aéreo de la Luftbaffe, había hecho retroceder al enemigo.

Por fin, habían completado el cerco.

Cerco completado según el Plan Amarillo Alemán

Cerco completado según el Plan Amarillo Alemán

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