Derecho Internacional, Jurídico 


Regionalismo en América (IV): Recomposición y ajuste; TLCAN y ALCSA

El colapso de la Unión Soviética y el creciente avance de la globalización durante la década de los 90 supondrán una convergencia ideológica en cuanto a la teoría neoliberal económica. EE.UU. y el resto de países latinoamericanos aprovecharán esta coyuntura para intentar reafirmar su hegemonía e independencia respectivamente en el continente americano a través de la creación de nuevas organizaciones de cooperación e integración y la recomposición de otras ya existentes.

  •  Etapa de recomposición y ajuste (1990-2000): En 1990 EE.UU. lanzará su “Iniciativa para las Américas” siguiendo las líneas maestras de la doctrina del Panamericanismo estadounidense. Esta iniciativa se verá reflejada en la creación de un Área de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN/NAFTA) en 1992, que posteriormente intentará expandirse a todo el continente mediante el posible establecimiento de la Asociación de Libre Comercio Americana (ALCA). La idea de crear tal organización de corte hemisférico surgió por primera vez en 1994, año en el que el TLCAN entró en vigor. Por su parte, los jefes de Estado suramericanos reafirmaron su intención de unir Mercosur y CAN mediante un acuerdo de libre comercio en el cual, incluyendo Chile, Guyana y Surinam, estarían representados los 12 países suramericanos. Este proyecto del aérea de Libre Comercio Suramericana (ALCSA) no solo tiene una dimensión económica, sino también política y cultural.

TLCAN: Es un acuerdo de libre comercio de carácter regional  de conformidad con lo dispuesto en el artículo XXIV del GATT, suscrito por EE.UU., Canadá y Méjico cuyos objetivos son la reducción gradual de las barreras arancelarias para eliminar obstáculos al comercio y facilitar la circulación transfronteriza de bienes y de servicios además de promover condiciones de competencia leal en la zona de libre comercio. Sin embargo, a diferencia de tratados o convenios similares, no determina organismos centrales de coordinación política o social aunque sí cuenta con un sistema de arbitraje compuesto por un panel de expertos para la resolución de disputas en sentido recomendatorio en temas comerciales donde los subsidios estadounidenses a sus agricultores ocupan la mayor parte de las disputas.

 

Este acuerdo representa el abandono del fenómeno de integración silenciosa (acuerdos comerciales entre EE.UU y Méjico en sectores específicos) por una integración pragmática basada en el estrechamiento de relaciones. Este acuerdo, al proporcionar un modelo de cooperación económica entre Estados desarrollados y en desarrollo supone un incentivo para la liberalización global y regional del comercio. Desde una perspectiva más amplia, el TLCAN se vincula al cambio de enfoque en la política de los EE.UU. respecto de los países de América Latina que en su día representó la Iniciativa por las Américas

ALCSA: (1993), se formuló con el objetivo de mejorar la posición negociadora de Brasil en el contexto de una eventual zona de libre comercio americana con la finalidad estratégica de buscar el logro de un Acuerdo de Libre Comercio entre la CAN y el MERCOSUR. Ambos constituyen procesos importantes, pero que presentan notorias diferencias que han incrementado los inconvenientes propios de los procesos que involucran la participación de varios actores. Sin embargo, existen aún diferentes obstáculos que el ALCSA deberá superar para poder comenzar a funcionar como fue concebido. Actualmente, el ALCSA no es más que un sistema homogéneo de cooperación en el que el voluntarismo político y jurídico brillan por su ausencia, además de no contar con un tejido institucional. El pilar fundamental que sostiene al ALCSA es la convergencia entre Mercosur, la CAN y Chile a través de la armonización, la cooperación y el libre comercio. No obstante, a día de hoy estos principios resultan insuficientes. De cualquier modo, para garantizar una exitosa política de integración en América Latina se debe partir de la base de que toda estrategia de integración futura no puede fundamentarse en la «solidaridad latinoamericana», sino que debe estar determinada por los intereses económicos y políticos de los partícipes.

Actualmente, en el debate sobre las alternativas para la integración económica en América Latina los procesos de integración a nivel regional y a nivel hemisférico se consideran excluyentes. Sin embargo, deberían ser vistos como diferentes estadios de un mismo proceso, en el que la ampliación a corto y medio plazo del NAFTA hacia el sur y del Mercosur en dirección ALCSA y posteriormente hacia el norte del continente puedan tener un desenlace común en el ALCA. En ese sentido, la perspectiva de integración del ALCA no debe ser considerada por los países latinoamericanos como una amenaza a sus esfuerzos por profundizar la propia integración económica de la región, sino que, por el contrario, el avance en los procesos de formación de alianzas entre las economías latinoamericanas debe ser visto como la base para el éxito de procesos más ambiciosos de integración hemisférica.

Vía|Pérez González, M. Las Organizaciones Internacionales en América (II) en Organizaciones Internacionales ed. Díez de Velasco; Tecnos, 2010.

Imagen| Economía y Finanzas, Sin pelos en la lengua, Disertar sobre economía y más, Geopolítica y actualidad internacional América Latina 2012

En QAH|Regionalismo en América (I): Panamericanismo y Doctrina MonroeRegionalismo en América (II): OEA y Sistema Interamericano de Derechos Humanos; Regionalismo en América (III): Erosión hegemónica estadounidense e integración latinoamericana

 

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