Jurídico 


¿Referéndum para decidir qué?

Tras la noticia de la futura abdicación del Rey, algunos partidos políticos en España se han apresurado a pedir un referéndum consultivo para preguntar a la ciudadanía sobre el futuro del Modelo de Estado que quieren para su país. En este artículo explicaremos cómo se llevaría a cabo ese hipotético referéndum y qué modelos de Estado se podrían sugerir a la población.

En primer lugar, hay que dejar claro que la Constitución Española (en adelante CE) reserva en su artículo 62 la potestad para convocar referéndums al Rey, y en los casos previstos en la Carta Magna, esto es, tal y como señala el artículo 92.1 CE, para decisiones políticas de especial trascendencia.

Como ya hemos señalado en artículos sobre el referéndum catalán, la competencia es exclusiva del Estado, y su autorización será acordada por el Gobierno, a propuesta de su Presidente, salvo en el caso en que esté reservada por la Constitución al Congreso de los Diputados. Una vez aprobado, el Rey será el encargado de convocarlo.

El principal problema que a mi juicio conllevaría la consulta a referéndum, es que tal y como se refleja en el art. 16.2 de la Ley Orgánica sobre regulación de las distintas modalidades de referéndum, el votante sólo podría responder ‘sí’ o ‘no’ a una pregunta en concreto, que a todas luces sería ‘¿Quiere la Monarquía (o la República) como modelo de Estado para España?’.

Modelo de EstadoOtro impedimento sería la problemática que supondría la elección de una República, que conllevaría un dislate jurídico con un Título II cuya rúbrica es ‘De la Corona’ que seguiría vigente, y para cuya revisión constitucional se necesitarían dos tercios de cada Cámara, y la disolución de las mismas tras su aprobación.

Aun así, el debate sobre el modelo de Estado debe ir acompañado de algo más que una pregunta dicotómica y cerrada, por ello se debería explicar que dentro de ambos modelos, Monarquía y República, existen subsistemas de cuya existencia es necesario que conozcan nuestros lectores:

Monarquía parlamentaria.

Es por el momento el actual caso de España, en el que existe un Rey que es Jefe de Estado pero no gobierna. A su vez, todas sus actuaciones serán refrendadas por el Gobierno (poder ejecutivo) y se hallarán bajo el control del poder legislativo, es decir, por el Congreso de los Diputados y por el Senado.

A modo de resumen, es en el Gobierno y en las Cámaras en los que se deposita la soberanía popular, que emana de las urnas tras los comicios electorales.

Son ejemplos de este tipo de sistemas Reino Unido, Luxemburgo o países nórdicos como Dinamarca o Noruega.

República parlamentaria.

Este tipo de sistemas presentan a un Jefe de Estado que al igual que en la monarquía parlamentaria, no tiene poderes ejecutivos reales, ya que existe la figura del Presidente del Gobierno que sí es elegida a través de unas elecciones generales.

El Presidente de la República es elegido por el Parlamento, en sesión común de todos sus miembros y por un período de siete años.

Un buen ejemplo de este sistema es Italia, donde el Presidente de la República, que tiene un papel meramente testimonial y encaminado a trazar acuerdos y consensos entre las distintas formaciones políticas, como se ha visto de manera reiterada en elecciones pasadas.

República presidencialista.

En estos sistemas es el Presidente el que ostenta el poder ejecutivo, que a su vez tiene reservadas algunas facultades en materia legislativa, sin perjuicio de que exista un poder legislativo totalmente separado que se concentra en un Congreso.

Aunque este modelo presenta ventajas como una distinción clara entre poder ejecutivo y legislativo, existen opiniones contrarias que defienden que refuerza el bipartidismo que se traduce en una menor representación del conjunto social.

El ejemplo por antonomasia de este sistema es Estados Unidos, que eligen a su Presidente por medio de elecciones presidenciales cada 4 años.

República semi presidencialista.

Francia o Portugal son ejemplos de este tipo de sistemas. En ellos el poder ejecutivo es compartido entre el Presidente de la República, elegido por medio de unas elecciones presidenciales, y el Primer Ministros, elegido por el poder legislativo.

Este modelo conlleva un sistema de contrapesos o check and balance, lo que significa que si se da una elección de un Presidente de República de un color diferente al del color predominante en la Cámara donde reside el poder legislativo, ambas instituciones están obligadas a llegar a acuerdos como parte del juego democrático.

En cualquier caso, corresponderá al nuevo monarca decidir sobre la posibilidad de convocar o no un referéndum para decidir sobre todas estas cuestiones u otras (como la posibilidad de abrir un proceso constituyente o reformar la Constitución). Lo que está meridianamente claro es que el debate está abierto para que ahora o más adelante todos decidamos, en un clima democrático y de consenso, el modelo de Estado que queremos para nuestro país; y ahora sí, conociendo todas las opciones.

 

El Rey Juan Carlos I y el Príncipe de Asturias.

El Rey Juan Carlos I y el Príncipe de Asturias.

Imagen | LibertadDigital

RELACIONADOS