Neurociencia 


Red neuronal: La clave de lo que somos

El concepto de red neuronal va más allá de la simple conexión entre las neuronas a través de las sinapsis. Es la forma que tiene el cerebro de ver, sentir y pensar. Da sentido a nuestra forma de actuar en el mundo y de relacionarnos con él. Gracias a ella somos capaces de establecer relaciones con conocimiento y recuerdos adquiridos previamente. Es, en definitiva,  lo que somos y lo que nos define. ¿Queréis saber más sobre cómo está construido nuestro cerebro? Seguid leyendo.

RED, es una palabra que puede evocarnos muchos  significados, desde un instrumento para coger peces en el mar hasta lo que conocemos como internet, una interconexión descentralizada de ordenadores de todo el mundo, que ha cambiado nuestra forma de vida. Sin embargo, simplificando al máximo,  una red se refiere a conexiones entre diferentes elementos, con un patrón común, que se unen con un propósito mayor que el de cada uno de ellos por separado.

En el mundo de la Neurociencia, llamamos red neuronal al conjunto de conexiones de las células que tenemos en el cerebro, las neuronas, para configurar una forma única de interacción. Nuestros cerebros funcionan con una corriente eléctrica que pasa a través de las conexiones, entre estas 100.000 millones de células, a una velocidad de 100 m/s. Esto equivale a 360 km/h, es decir, la velocidad punta que puede alcanzar un Fórmula 1. Cada una de ellas, establece entre 5000 y 50.000 conexiones con otras neuronas, esto nos da una idea de la inmensa red que poseemos en nuestros pequeños cerebros. Sin embargo, cuando nos enfrentamos a un acontecimiento, no se activan todas las conexiones a la vez.

Cada neurona es capaz de establecer entre 5000 y 50000 conexiones

Cada neurona es capaz de establecer entre 5000 y 50000 conexiones

Estas se separan en módulos que están categorizados por su nivel de especialización. Las partes inferiores del cerebro para el procesamiento más básico, las del córtex para la información más compleja. Así, podemos ir integrando la información procedente de varios de estos al mismo tiempo.

Antes, los neurocientíficos pensaban en estos módulos como cajones independientes a los que el cerebro accedía en función de las necesidades que tenía en ese momento. Era una forma de almacenar la información que se basaba en la acumulación de la misma, ordenadamente, en el cerebro. Aquellos cajones que no se abrían en mucho tiempo se perdían para siempre mientras, los que más se utilizaban, se colocaban de manera más accesible.

Ahora se piensa en que los módulos son como instrumentos musicales, que interactúan en una gran orquesta sinfónica. Así, no siempre todos los instrumentos tocan en una sinfonía a la vez . En algunas ocasiones puede que a los instrumentos de viento no les llegue su turno al principio de la obra mientras que, en otras, participan desde el inicio. Además, no siempre tocan la misma partitura sino que pueden participar con distintas notas en función de la sinfonía. Siguiendo esta línea, los instrumentos deben estar afinados y tocarse sincronizados para que el sonido quede armonioso.

Así, cuando aprendemos o recordamos, activamos diferentes conexiones neuronales dando la posibilidad a que se formen nuevas o se consoliden las antiguas. Por lo tanto, cuando formamos recuerdos o generamos aprendizaje, nuestros módulos se van activando algunos y desactivando otros en el momento preciso para configurar “la armonía sinfónica” que nos lleve crear la “partitura” en el cerebro, pudiendo acceder a ella siempre que queramos.

Hay que saber que cada persona tiene unos módulos o partes de la red neuronal diferentes. Estos conforman los recuerdos particulares de lo que denominamos memoria episódica. Dicho tipo de memoria es de carácter individual ya que conforma los recuerdos almacenados durante toda la historia vital de la persona. En este almacén guardamos nuestro primer examen o ese momento embarazoso que recordaremos para siempre. Puede que otros “instrumentos” sean compartidos por muchas personas a la vez por su aprendizaje, creando lo que denominamos memoria semántica que no es más que la suma de información que tenemos almacenada en nuestros cerebros sobre cuál es la capital de España o cuántas caras tiene un cubo.  Finalmente, el tercer tipo de memoria es la “working memory” o memoria de trabajo con la que enlazamos lo que está ocurriendo en un momento dado con la información almacenada  a largo plazo.

Según como afirma el psiquiatra Joaquim Fuster “La red neuronal es la base de todo el conocimiento y la memoria”. Así, cuando de repente suena la misma canción que tocaban el día que tuvimos la primera cita con nuestra pareja, se activa la red, y podremos acordarnos de ese momento de manera instantánea. Seguidamente se desencadena toda una serie de conexiones que nos permiten sentir los nervios cuando íbamos con el coche a recogerla, o la sensación del olor a pizza del restaurante al que fuimos. Toda esa información que forma nuestro recuerdo está conectada a través de conexiones establecidas entre diferentes neuronas que se activaran a la vez. El hecho de que tengamos esas uniones y no otras es la diferencia entre todos nosotros.

En definitiva, las teorías neurocientíficas van perfeccionándose para estar cada vez más cerca de lo que está ocurriendo en el cerebro. Ante los nuevos descubrimientos de la Neurociencia, tenemos que reflexionar sobre las consecuencias que estos implican. Ya que si lo que nos define como seres individuales son nuestras experiencias, gustos y formas de pensar que se traduce en las conexiones que se establecen en el cerebro a través de los distintos módulos o redes neuronales. Es por tanto apropiado decir que  ¿Nuestra alma está en el cerebro? ¿o hay algo más que la red neuronal?, ¿Hemos dado con la respuesta que otros muchos pensadores intentaron lograr con sus teorías sobre el alma?.

Me Falla la Memoria. (2012) Álvaro Bilbao

Memory in the Cerebral Cortex. (1995) Joaquim Fuster

 

RELACIONADOS