Ciencia 


Recordando a Charles Darwin

Si hubiera que elegir un repóker de grandes hombres de ciencia a lo largo de la historia, esta sería mi lista: Copérnico, Newton, Darwin, Maxwell y Einstein. Al primero le cupo poner patas arriba todo el saber aristotélico que había dominando el mundo durante milenios, colocando a nuestro planeta en la periferia del sol en vez de en el centro del universo.

Maxwell

Maxwell

El segundo, posiblemente el cerebro humano más brillante de la historia, nos legó una ley cuya grandeza científica es seguramente insuperable. Sin Maxwell que fusionó la luz con el electromagnetismo, el “éter” que nos rodea, posiblemente seguiría siendo tecnológicamente inerte y nuestro mundo menos desarrollado. La ciencia de hoy, sin Einstein, sería más limitada; con él se abrieron nuevas fronteras.

 

¿Y Darwin? ¿Qué aportó? Pues una auténtica herejía; derrocó al hombre de su condición de rey de la tierra, para convertirlo en una especie animal más, producto de la evolución orgánica, como una ameba o un elefante. Y no conforme con ello estableció que sus antepasados eran monos y los chimpancés sus hermanos.

 

Darwin

Darwin

Darwin descubrió la evolución en Sudamérica y más concretamente en las islas Galápagos. La selección natural y la lucha por la vida son los ejes que explican aquella. Resulta curioso constatar que el apellido “natural” aplicado a la selección fue utilizado por nuestro sabio para distinguirse de la “artificial” que los ganaderos habían venido aplicando a lo largo de la historia y que le sirvió de inspiración. En cuanto a la lucha por la vida, Karl Popper afirmaría mucho después que los animales al “elegir” sus modos de vida establecen que variaciones son favorables o no para ocupar eficazmente su nicho ecológico.

 

La enorme grandeza de la tesis central de Darwin no está exenta de simplificaciones ridículas –de origen político “progresista”- y todavía de algunas negaciones de orden religioso; ni tampoco de controversia filosófica –¡esta vez seria!- como la planteada por Popper. Así, la teoría de la evolución, entendida como la supervivencia del más apto, tendría carácter tautológico por no ser empíricamente contrastable: si sólo sobreviven los más eficaces, entonces ¡sólo sobreviven los que sobreviven!

Popper

Popper

 

La crítica epistemológica de Popper, de la que se retractó, no fue óbice para que añadiera una propuesta que enriquecía el darwinismo: los organismos no sólo han de adaptarse a su entorno, sino que también lo modifican activamente, adaptando el medio a sus necesidades.

 

Éste último concepto ha sido recogido por la biología evolucionista, nacida del matrimonio de la teoría darwinista de la evolución y la teoría de la mutación debida a Mendel; justo la ciencia que más ha progresado el último medio siglo y que más esperanzas ofrece al ser humano habitante del nuevo milenio.

 

 

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