Jurídico 


Reconocida una renta vitalicia por un cáncer en el oído de un directivo que hablaba 6 horas al día por el móvil

Electromagnetismo_y_salud_humana_largeEl Sr. Innocente Marcolini es un directivo con funciones en la contratación internacional en una empresa italiana. En el año 2002 se le diagnostica un tumor en un nervio acústico del oído izquierdo. En el año 2007 decide reclamar ante el INAL (un instituto público que se encarga de pagar pensiones a los trabajadores por accidentes y enfermedades sufridas por motivos de su trabajo) solicitando una renta vitalicia porque considera que la enfermedad que padece es derivada de su actividad laboral (hablaba por teléfono una media de 5/6 horas al día durante 12 años).

El asunto acaba llegando a la Corte di Cassazione, el equivalente a nuestro Tribunal Supremo.

El asunto es de sumo interés, ya que de considerarse una enfermedad derivada del trabajo, podría derivarse la interpretación de que el teléfono móvil es un riesgo laboral, cuyo uso prolongado puede derivar en problemas para la salud que desemboquen en el pago de un buen número de prestaciones.

En el derecho italiano hay dos maneras de conseguir que una enfermedad se calificada como profesional, a efectos de obtener esta renta. En primer lugar hay una lista cerrada, aunque se actualiza periódicamente, de enfermedades que se consideran automáticamente profesionales. En segundo lugar, el art. 10.4 del D-Leg. Núm. 38 de 2000 concede la posibilidad al trabajador de obtener cobertura para otras patologías cuyo nexo de causalidad profesional pueda probar. Evidentemente, en casos como este, la documentación científica que pueda aportarse es fundamental.

La cuestión de fondo no es estrictamente jurídica sino médica: ¿las radiaciones electromagnéticas que emiten los teléfonos móviles causan cáncer?

Para determinar esta cuestión el Tribunal rechaza las teorías clásicas de la causalidad, porque las considera inaplicables, y decide emplear el criterio estadístico. El Tribunal debe examinar dos dictámenes distintos (los que presenta el trabajador y los que presenta el INAL) pero ninguno de ellos le va a poder garantizar que la célula mutágena que provocó el cáncer se generó a consecuencia de la radiación electromagnética que emitía el teléfono móvil. Lo único que concluyen los estudios es que la probabilidad de contraer cáncer en un caso como el expuesto es 2,9 veces mayor que el de una persona con hábitos de uso normales, suficiente a criterio de la Corte, para percibir esta prestación.

Sin embargo, la Corte no se pronuncia acerca de cuál es el límite mínimo por debajo del cual no se habría reconocido el origen profesional, lo cual es criticable, por evidentes motivos de seguridad jurídica.

 

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