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¿Realmente influye lo que opinen los demás de nosotros en la web?

A estas alturas todos somos conscientes de que la Red es un agujero por donde se filtra todo tipo de información sobre cualquier persona sin control o garantía alguna sobre su veracidad.  El anonimato del que puede gozar cualquier usuario en la Red y las enormes posibilidades de la tecnología web, posibilita que cualquiera pueda perjudicar, intencionadamente o no, la reputación personal y/o profesional de hasta de un desconocido.

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Y sin embargo, y a pesar de ello, esa información que circula por la Red sobre cada uno de nosotros influye en la imagen que los demás tendrán de nosotros.  Es lo que se llama nuestra reputación digital. Una reputación que se cimenta sobre nuestro perfil, presencia e interactuación en las redes sociales, nuestras imágenes o fotos, nuestro currículum, nuestros gustos, nuestras aficiones. Toda la información que se nos ocurra compartir en un momento dado en la web irá configurando nuestra reputación digital.  Pero también la información que de nosotros aporten los demás. ¿A quién no le han etiquetado alguna vez en una foto sin previo aviso? A todos nos suena la historia de esa persona que a punto de conseguir un trabajo lo pierde por una “maldita” foto en Internet.

selection-64197_640 (1)selection-64197_640 (1)Porque ¿qué ocurre cuando la información que se comparte es falsa? Las reglas para la producción, acceso y circulación de la información han cambiado de forma radical.  Cualquier persona con intenciones maliciosas y un mínimo conocimiento de la web, puede difundir de forma intencionada información falsa que dañe nuestra imagen y perjudique nuestra reputación. Lo queramos o no todos tenemos una cierta presencia en Internet por lo que todos estamos expuestos a que se difunda información falsa y perniciosa sobre nosotros sin que podamos hacer nada para evitarlo. En nuestro país, tanto la vía civil como la penal ofrecen mecanismos para reparar los daños que podamos sufrir a consecuencia de la publicación de información falsa o vejatoria en la Red, pero el hecho es que una vez publicada en Internet el efecto de la difusión de esa información falsa será devastador, ya que como dice el refrán “difama, que algo queda”.

Si a lo anterior le sumamos el hecho de que el uso de las redes sociales por parte de las empresas para captar talento es un hecho – un reciente informe elaborado por Infojobs, portal de búsqueda de empleo, asevera que el 80% de las empresas rastrean en Facebook y LinkedIn el historial de sus candidatos – resulta que nuestra reputación digital se convierte en una cuestión que afecta a nuestra reputación personal y profesional y que merece tanta o más atención que la que le demos a nuestra reputación personal.

En el fondo nos encontramos ante un conflicto de difícil resolución entre dos derechos fundamentales.  Por una  parte el derecho a la privacidad de las personas, y por otra, el derecho a recibir o emitir información.  A favor del primero, los que opinan que la integridad de la persona es sagrada y que se deben tomar medidas coercitivas preventivas que, de alguna forma, eviten la difusión de cierta información por la Red. A favor del segundo, los que sostienen que la libertad de información es también sagrada y es la única manera de crear riqueza y mantener las libertades que tanto nos han costado conseguir.

Y tú ¿qué opinas?

Por Juan Canut

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