Cultura y Sociedad 


Realismo sucio: de movimientos literarios y trucos publicitarios

Richard Ford

Richard Ford

El término de “realismo sucio” lo acuñó Bill Buford, el editor de la revista literaria Granta. En él se agrupaba a una serie de autores a los que hasta el momento no se habían relacionado como movimiento. Entre ellos estaban Richard Ford, Raymond Carver o Tobias Wolff. El término no significaba nada, fue tan sólo un truco publicitario, pero la intuición de Bufford proporcionó a aquellos autores reconocimiento y fama, como el propio Richard Ford reconoció hace unos años en una entrevista. Sea como fuere, la etiqueta de realismo sucio para denominar a este “nuevo” movimiento se afianzó, pese a no haber sido más que un truco que, además, ha dado lugar a equívocos porque no se trata de una alabanza a la basura y la suciedad.

Sin embargo, el realismo sucio está muy relacionado con el minimalismo, un movimiento que se inició en los años sesenta, en un principio alrededor del arte y la música, pero que más tarde se extendió hacia el diseño, la arquitectura y las letras. El minimalismo literario se caracteriza por las descripciones someras con total economía de palabras y la austeridad.

Raymond-Carver

Raymond-Carver

El realismo sucio aboga por un lenguaje sencillo, desprovisto de adornos, y evita el uso de figuras retóricas en todo lo posible ya que busca reducir el relato a su esencia misma. Las descripciones son precisas, limitando para ello el uso de adjetivos y adverbios, y busca que el contexto proporcione significado al relato. Las obras adscritas a este movimiento relatan historias insignificantes protagonizadas por personajes comunes y corrientes, que llevan una existencia gris y rutinaria, muy alejados del ideal del sueño americano. Aunque a veces parezca que la situación está a punto de dar un vuelco, casi nunca se resuelven, las historias quedan abiertas. Podría ser una metáfora de que la vida sigue su curso imperturbable.

Son representantes de esta corriente Raymond Carver, Richard Ford, Charles Bukowski o Tobias Wolff entre otros.

Para terminar, os dejo el poema “Bebiendo en el coche”, de Raymond Carver, que resume esa cotidianidad y el final abierto de las historias.

Es agosto y no he

leído un libro en seis meses

salvo una cosa titulada The Retreat From Moscow

de Caulaincourt.

Sin embargo, soy feliz

cuando voy en coche con mi hermano

bebiendo una pinta de Old Crow.

No vamos a ningún sitio,

conducimos sin más.

Si cerrara los ojos durante un minuto

no sabría dónde estoy

y me tumbaría encantado a dormir para siempre

a la orilla de la carretera.

Pero mi hermano me da un suave codazo.

En un momento va a pasar algo.

 

Más información| Granta 8: Dirty Realism, Penguin, 1983; FORD, R., Rock Springs, Anagrama, 1990; CARVER, R., Todos nosotros, Bartleby Editores, 2006

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