Derecho Civil, Jurídico 


Quiero mi herencia

Este tipo de noticias empiezan a ser habituales en las portadas y primera plana de los medios de comunicación nacionales: “El torero Manuel Díaz, tras demanda de paternidad presentada el pasado 17 de diciembre de 2015 e instada para ser reconocido hijo de El Cordobés, en juicio celebrado el pasado 28 de abril en el Juzgado de Primera Instancia Número 4 de Córdoba se dicta sentencia declarando que el torero es “hijo no matrimonial” del meritado y afamado diestro Manuel Benítez. La valoración de la prueba de ADN resultó determinante para el fallo (prueba no impugnada por la defensa del demandado), veracidad de la prueba de ADN que resulta indubitada al confirmar el parentesco con una fiabilidad del 99,9 por ciento y que fue practicada mediante extracción de sangre a ambos diestros en el Hospital Reina Sofía de Córdoba bajo presencia policial a los fines de garantizar la cadena de custodia de las muestras”.

Al hilo de la cuestión, hemos de resaltar que la negativa del demandado a la práctica de la prueba biológica acordada judicialmente no es un impedimento para que se declare judicialmente la paternidad en base a otras pruebas o indicios que la justifiquen (art. 767.4 de la Ley de Enjuiciamiento Civil, LECiv), siendo doctrina jurisprudencial plenamente asentada y corroborada por nuestro Tribunal Constitucional en sus sentencias: SSTC 7/1994, de 7 de enero (RTC 1994, 7) , y 95/1999, 31 de mayo (RTC 1999, 95), planteadas desde la negativa del padre y la madre, respectivamente, al sometimiento a dichas pruebas biológicas de ADN.

¿Qué es la herencia? La herencia comprende los bienes, derechos y obligaciones de una persona que no se extinguen con su muerte (art. 659 CC) y se transmiten desde el momento de su muerte (art. 667 CC), es decir, que la sucesión de una persona se abre justamente en el momento de su muerte, en el cual y mientras no conste la aceptación de heredero, su patrimonio se transmuta en herencia yacente que no es sino aquel patrimonio relicto mientras se mantiene interinamente sin titular, por lo que carece de personalidad jurídica, aunque para determinados fines se le otorga transitoriamente una consideración y tratamiento unitarios, siendo su destino el de ser adquirida por los herederos voluntarios o legales.

En este sentido, el fin último para promover esta acción de reclamación de la paternidad se funda en el interés de los hijos extra matrimoniales (no reconocidos) a disfrutar de los derechos legitimarios que la ley les otorga. Pues debemos partir de la base del contenido imperativo de la institución de la legítima que impone un mínimo cuantitativo a favor de los hijos legitimarios, que puede ser percibido tanto en bienes que forman parte del caudal hereditario, como en metálico extraherencial, al margen del hecho de que pueda ser percibido en vida del causante mediante donaciones. Derecho inclusive prioritario sobre los legatarios, puesto que tienen los legitimarios derecho a pedir la reducción de los legados cuando el caudal hereditario no sea suficiente para pagar las legítimas (art. 817 CC).

I.  Acción de reclamación de filiación no matrimonial.

La legitimidad para instar la acción de reclamación de filiación no matrimonial, cuando falte la respectiva posesión de estado, corresponderá al hijo durante toda su vida (acción imprescriptible) y tras su muerte a los herederos (art. 133.1 CC), igualmente podrán ejercitar dicha acción los progenitores en el plazo de un año desde que hubieran tenido conocimiento de los hechos en que hayan de basar su reclamación (art. 133.2 CC). Al respecto, téngase en cuenta que la STC 273/2005, de 27 de octubre, declara inconstitucional el párrafo primero de este art. 133, en cuanto impide al progenitor no matrimonial la reclamación de la filiación en los casos de inexistencia de posesión de estado (en el mismo sentido, véase la STC 52/2006, de 16 de febrero).

En cualquier caso la jurisprudencia ha sido laxa respecto a la interpretación normativa, pues frente a una mera versión literalista de los arts. 133 (redactado por el art. 2.3 de la L. Prot. Inf.) y 134 (derogado el párrafo segundo por la Ley 1/2000, de 7 de enero, LECiv) del Código Civil, que taxativamente cerraban la posibilidad de ejercicio de la acción de filiación matrimonial cuando faltare la respectiva posesión de estado, en cuyo caso, correspondería al hijo durante toda su vida, la jurisprudencia ha optado por una interpretación flexible, que resultaba más acomodada a los principios y la filosofía de la institución de la filiación, y así, también en la práctica se habilitaba al progenitor para impugnar la filiación contradictoria y ejercitar la acción de reclamación de filiación extra matrimonial (STS de 22 de marzo de 2002 [RJ 2002, 2282]). Por ende, podría la madre, por ejemplo, reclamar la paternidad no matrimonial de su hijo incluso en contra de una filiación matrimonial previamente determinada (STS de 16 de diciembre de 1994 (RJ 1994, 9424).

HerenciaII. La acción de partición de herencia es imprescriptible, pero condicionada al plazo para la acción de petición de herencia que es de treinta años.

La acción de petición de herencia, si bien no viene regulada expresamente en nuestro Código Civil, sí que resulta claramente referenciada en los arts. 192, 1016 y 1021 del Código Civil, nos encontramos pues ante una verdadera acción que trae causa directa de la propia cualidad del título de heredero, como expresión máxima de su condición, frente a cualquier poseedor de bienes hereditarios que la niegue (por citar jurisprudencia reciente, STS 339/2015 de 23 de junio, [RJ, 2015/2547]).

Una vez ejercitada la acción, la sentencia que declare el derecho del heredero real deja desvanecida la apariencia del derecho del demandado, el cual queda abocado a la condición de mero poseedor de los bienes de la herencia -el heredero aparente es aquella persona que externamente se manifiesta como heredero sin serlo en realidad-, debiéndose liquidar esa situación posesoria. Al respecto, cabe recordar lo que nos dice el art. 1081 CC que la partición hecha con uno que a quien se creyó heredero sin serlo, será nula. Ello no es óbice para que se respete el derecho del tercero de buena fe que haya adquirido inmuebles de la herencia al heredero aparente (ver al respecto arts. 28 y 34 de la Ley Hipotecaria, LH).

Interesa traer a colación por su claridad y precisión la redacción del art. 465 del Código de sucesiones por causa de muerte de Cataluña (Ley 10/2008, de 10 de julio) que declara la imprescriptibilidad de la acción, salvo los efectos de la usucapión de bienes singulares, señalándonos en su apartado segundo que “1. El heredero aparente o el poseedor vencido por el ejercicio de la acción de petición de herencia debe restituir al heredero real los bienes de la herencia, aplicando las normas de liquidación de la situación posesoria y distinguiendo si la situación ha sido de buena o mala fe. 2. Se excluyen de la restitución los bienes adquiridos a título oneroso por terceros de buena fe, de acuerdo con lo establecido por la legislación hipotecaria y las normas sobre la irreivindicabilidad de los bienes muebles. 3. En los supuestos a que se refiere el apartado 2, el heredero aparente o el poseedor vencido debe entregar al heredero real el precio o la cosa que ha obtenido como contraprestación o los bienes que ha adquirido con estos. Si la contraprestación aún no ha sido pagada, el heredero real se subroga en las acciones del transmitente para reclamarla”.

Nuestro Código civil establece en el art. 1969 que el tiempo para la prescripción de toda clase de acciones, cuando no haya disposición especial que otra cosa determine, se contará desde el día en que pudieron ejercitarse. Si la prescripción comienza a correr desde que puede ejercitarse la acción, no puede el reclamante ejercitar la acción hasta saberse heredero. Siendo o debiendo ser el presupuesto del ejercicio de la acción de petición de herencia el propio título hereditario del actor y, por ende, el plazo debiera empezar a contar desde la vocación. Pues, como tiene declarado nuestro Alto Tribunal (STS 15 de abril 1932): la herencia constituye una universalidad, un universus ius, en la que es extraña y ajena a los efectos, entre otros de la prescripción, la naturaleza y clase de los bienes hereditarios, estando aquella afectada, entre coherederos, a la facultad y derecho, a su vez, condicionado a que aquéllos hayan ejercitado en tiempo hábil y oportuno la petitio hereditatis, ostentando la cualidad de herederos. Y esto es importante en aquellos supuestos de filiación no reconocida, puesto que dicho título hereditario puede obtenerse con posterioridad al fallecimiento del causante mediante sentencia firme por la vía judicial de reclamación de paternidad. En todo caso, si el heredero deja prescribir las acciones dirigidas a constatar su condición de heredero, la acción de petición de herencia devendrá ineficaz.

Respecto a la acción de partición de herencia ésta es imprescriptible según establece el artículo 1965 del Código Civil, aunque condicionada por el plazo establecido para la acción de petición de herencia. Imponiéndose actualmente la tesis de quienes sostienen -doctrina y jurisprudencia del Tribunal Supremo son coincidentes al respecto- que la hereditatis petitio (acción dotada de eficacia real) contra el possessor pro herede o el possessor pro possessore prescribe en el plazo, unitario, de treinta años; transcurrido dicho plazo ésta deviene ineficaz. También debemos tener en cuenta el tiempo del fallecimiento del causante, puesto que si éste hubiera fallecido con antelación a la promulgación de la Constitución Española de 29 de diciembre de 1978, los causahabientes, en su condición de hijos extra matrimoniales biológicos reconocidos judicialmente, no tendrán derecho a instar la acción de petición de herencia según reiterada jurisprudencia de nuestro Alto Tribunal.

 

Vía|Código Civil Comentado, Volúmenes I y II, Directores: Ana Cañizares Laso, Pedro de Pablo Contreras, Javier Orduña Moreno, Rosario Valpuesta Fernández, Editorial Thomson Reuters (Civitas), 2ª Edición, 2016.

Imagen| herencia

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