Patrimonio 


Quiénes fueron los Cátaros

El catarismo fue el más importante movimiento religioso disidente (herejía para la Iglesia de Roma) que se desarrolló en Europa entre los siglos XI y XV, principalmente en el Languedoc y el norte de Italia. Para entender este movimiento nada mejor que las palabras de Pèire Autier, prestigioso notario y jurista occitano que a principios del siglo XIV abandonó cuanto poseía para entregar su vida al catarismo: “Hay dos Iglesias: una huye y perdona (Mateo 10, 22-23), mientras que la otra posee y desolla. La que huye y perdona sigue el recto camino de los apóstoles; nunca miente ni engaña. Y la que posee y desolla no es otra que la Iglesia de Roma…

Castillo de Quéribus, siglo XIII-XIV (sobre uno del año 1020), en él se refugiaron algunos cátaros.

Castillo de Quéribus, siglo XIII-XIV (sobre uno del año 1020), en él se refugiaron algunos cátaros.

tn_DSC7481 Castillo de Peyrepertuse sXIII (sobre uno del 1050)

Castillo de Peyrepertuse, siglo XIII (sobre uno del año 1050), en él se refugiaron los cátaros perseguidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La filiación cristiana de la Iglesia de los “bons homes“, según les llamaba el pueblo, se acredita fundamentalmente en base a los siguientes argumentos: los cátaros (palabra despectiva usada por la Iglesia de Roma) eran seguidores indiscutibles de Jesús; basaban su predicación en las Sagradas Escrituras, con una predilección especial por el Evangelio de San Juan; reproducían en gran medida los ritos, las prácticas y el modelo de organización del cristianismo primitivo, y proponían un modelo de salvación fundado en la recepción de un único sacramento, el bautismo o consolament.

Si bien existían puntos en común con la Iglesia de Roma, las diferencias no eran por ello menos profundas, sobre todo en lo relacionado con el dualismo cátaro. Un dualismo que ya aparece significativamente en el texto cátaro más importante que ha llegado a nuestras manos: el Liber de duobus principiis, o “Libro de los dos principios”.

En contraste con el principio único del cristianismo de Roma: “Un solo Dios, padre todopoderoso, creador el cielo y de la tierra” (definición del Concilio de Nicea del año 325), el catarismo afirmaba la existencia de dos principios originarios, opuestos e irreconciliables, pues opone a Dios, autor de los espíritus, del bien y del Nuevo Testamento, a Satanás, autor de la materia, del mal y del Antiguo Testamento. Ello hizo que los cátaros efectuaran una lectura propia de la Biblia y que formularan una visión alternativa de algunas creencias cristianas fundamentales, como la creación del mundo, la figura de Jesucristo, el infierno y el paraíso, o el fin de los tiempos.

Para los cátaros o “bons hommes”, Dios no podía asistir impasible a la condena de sus criaturas, y por ello acabó por enviar a la tierra a su hijo, Jesucristo, al que concebían como un ser puramente espiritual dotado de una simple apariencia humana que tenía una doble misión: arrancar a los ángeles caídos del olvido permanente en que vivían, y la de ofrecer a los hombres el consolament, el sacramento de salvación, un bautismo de espíritu que garantizaba la salvación a cuantos lo recibían. El consolament era una especie de bautismo que se realizaba mediante el antiguo rito cristiano de la imposición de manos. Los cátaros lo practicaban en dos variantes, por un lado se ofrecía a las personas moribundas, como garantía de la salvación de su alma, y por otro, era un instrumento de ordenación para aquellos que, después de un periodo de noviciado, deseaban convertirse en religiosos de su Iglesia y continuar la obra de los apóstoles.

‘Auto de Fe presidido por Santo Domingo de Guzmán’ y ‘Santo Domingo y los albigenses’, obras de Pedro Berruguete realizadas entre 1493-99. Museo del Prado.

‘Auto de Fe presidido por Santo Domingo de Guzmán’ y ‘Santo Domingo y los albigenses’, obras de Pedro Berruguete realizadas entre 1493-99. Museo del Prado.

Era una iglesia compartida por hombres y mujeres, ya que a mediados del siglo XIII, el 45% de los ministros de la Iglesia Cátara eran mujeres, las cuales gozaban de una gran igualdad social. Siguiendo las reglas de justicia y verdad, que se autoimpusieron, vivían con una extrema pobreza y coherencia evangélica, observaban tres cuaresmas al año y se comprometían a no jurar ni mentir, a no matar y a no juzgar a los demás. Los cátaros no tenían templos ni campanas, no veneraban imágenes ni reliquias, ni entonaban cantos religiosos, pero leían los textos bíblicos en la lengua del pueblo para que lo pudiera entender. Tampoco querían saber nada de la cruz, además consideraban las indulgencias de Roma (remisión de una penitencia a cambio de una donación monetaria) como un medio de extorsión.

Al final, fueron víctimas de una feroz persecución por parte de la Iglesia de Roma, a través de la formación de un ejército del rey de Francia que invadió los territorios “contaminados” del Languedoc, en lo que se ha denominado la Cruzada contra los albigenses, creando tribunales de la Inquisición que, presididos por los dominicos, iba enviando a la hoguera a todos los cátaros que iban encontrando, así perecieron miles de “bons hommes”, y de paso, el rey se anexionaba los condados y vizcondados de ese territorio a la corona de Francia durante la segunda mitad del siglo XIII y la primera mitad del siglo XIV.

Vía| Los Cátaros, sus secretos revelados, Ed. Evergreen, 2008, Colonia (Alemania)

Imagen| Castillos de Quéribus y Peyrepertuse © Ramón Muñoz, Pinturas de Pedro Berruguete / Museo del Prado

En QAH| La batalla de Muret: la oportunidad perdida de Pedro II de Aragón

RELACIONADOS