Historia 


¿Quién fue el hombre que nunca existió?

Ewen Montagu

Ewen Montagu

La respuesta exacta a tan enigmática pregunta sería: Glyndwr Michael, un galés que falleció a los 34 años intoxicado por ingerir raticida y que vivía mendigando. Murió a finales de enero de 1943 y su cadáver, debidamente utilizado por la inteligencia británica, contribuyó con un importante granito de arena a que la Segunda Guerra Mundial avanzara de manera favorable para los aliados. Su aportación a esta causa tuvo lugar en abril de 1943, cuatro meses después de su muerte, cuando su cuerpo fue hallado flotando junto a Punta Umbría, en España.

Bajo el nombre de operación Carne Picada (mincemeat en su versión original) se diseñó una acción de engaño por parte de la Inteligencia Naval Británica con el objetivo de hacer creer a los alemanes que el salto desde África a Europa, por parte del ejército aliado, sería por Grecia y no por Sicilia, por donde estaba en realidad planeado hacerlo. De este modo, si el alto mando nazi picaba y se tragaba el anzuelo, derivaría tropas a una zona alejada de Sicilia y por lo tanto el desembarco sería más sencillo. No fue esta la única operación de engaño con estas características en aquel conflicto, ni mucho menos, ni siquiera en aquella parte de la guerra.

Tres hombres fueron los principales responsables de crear la operación y de llevarla a cabo, si bien para ser justos hemos de reconocer el liderazgo de Ewen Montagu, oficial de inteligencia naval. Junto a él, Charles Cholmondeley, oficial de la fuerza aérea al servicio del MI5, llevaron el peso de la operación y trabajaron con una pulcritud casi patológica para no dejar cabos sueltos y prever cualquier imprevista. Recibieron la ayuda de Sir Bernard Spilsbury, un patólogo del Ministerio del Interior, y entre los tres fueron capaces de preparar una de las acciones de engaño más conocidas y exitosas de la historia.

Cadaver del hombre que nunca existió

Cadaver del hombre que nunca existió

El plan era sencillo, simular un accidente aéreo junto a las costas españolas de tal modo que a las mismas llegara el cadáver de un oficial británico con importantes documentos sobre el desembarco aliado en Grecia, lo que sería el siguiente gran movimiento de los aliados según todos los indicios. Por supuesto, todo era falso: el accidente, el oficial y los documentos que portaba. Montagu sabía que la postura española con respecto a los alemanes y que la inteligencia y el ejército nazi tenían una importante presencia en España, provocaría que aquella información viajara veloz desde el sur de la Península Ibérica hasta Berlín, donde se tomarían los datos por ciertos y por lo tanto se desviaría la atención alemana de Sicilia.

Tan sencillo era el plan que ese era su principal punto débil. Era probable que los alemanes sospecharan que un golpe de suerte así no podría ser casualidad y por lo tanto descartarían la información por sospechar de que se trataba, como efectivamente era, un engaño. Para que esto no ocurriera, había que preparar todos los detalles al milímetro, ya que así las comprobaciones en torno al oficial fallecido y su vida, que sin duda harían los alemanes, darían la información por buena.

Junto a los documentos oficiales que portaba el cadáver en la cartera que llevaba pegada a su pecho y sujeta con una cadena, se incluyeron algunos detalles personales. La cadena que sujetaba la cartera aseguraba que esta no se separa del cuerpo en el mar, por una parte, y transmitía la sensación de importancia por otra. Fotos personales, entradas de teatro debidamente picadas, documentación en entidades británicas a las que el hombre que nunca existió pertenecía… Por supuesto, espías alemanes en suelo británico hicieron las comprobaciones correspondientes, lo que habría hecho fracasar la operación de no ser porque Montagu y Cholmondeley fueron colocando las debidas miguitas de pan.

Tumba de William Martin en Huelva

Tumba de William Martin en Huelva

A finales de abril se puso en marcha toda la operación, cuando el cadáver de un hombre que había muerto, sin saber lo que viviría después de su muerte, fue expulsado al mar cerca de Huelva desde un submarino británico, donde había viajado en un cotenedor cilíndrico cubierto de hielo seco. Su nombre ficticio era William Martin y fue encontrado por un pescador en Punta Umbría. Como suponían los británicos, la información viajó rápidamente de Huelva a Madrid y de allí a Berlín. Los sobres con los documentos habían sido abiertos y copiados y después de ello los españoles habían entregado todo a los británicos, simulando así su neutralidad.

Finalmente el plan fue un éxito y el hombre que nunca existió, y que hoy tiene su tumba en Huelva, sirvió de manera significativa a los intereses aliados en la Segunda Guerra Mundial, ya que la operación Carne Picada, junto con otras y esfuerzos de todo tipo, preparó el terreno para que el desembarco en Sicilia fuera un éxito.

 

En colaboración con QAH| Curistoria

Más información| El hombre que nunca existió, de Ben Macintyre

Imagen| Find a Grave, New York Times

 

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