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Quererse como forma de vida

En la actualidad, cada vez más se habla de la autoestima. De hecho, existe una tendencia a relacionar los estados de tristeza y melancolía con una baja autoestima. Incluso, nos vemos capaces de considerar que patologías tales como la depresión encierra su base en una mala autoestima. Pero, ¿sabemos realmente qué es la autoestima y cómo funciona?

La autoestima es considerada como la evaluación tanto positiva como negativa que hacemos de nosotros mismos.  En este sentido,  se trata de la dimensión emocional de nuestro comportamiento, es decir, si nos estamos gustando o no. Sin embargo, este concepto es mucho más complejo ya que se compone de otros a la vez:

– El autoconcepto.  Es la dimensión cognitiva de la autoestima, es decir, lo que pensamos sobre nosotros mismos como personas. Se caracteriza por configurarse en base a las creencias que tenemos sobre nosotros mismos y las opiniones de nuestro entorno social. En resumen podríamos decir que el autoconcepto responde a la pregunta  “¿qué clase de personas somos?”.

– La autoimagen. Hace referencia al modo de vernos (más o menos simpáticos, alegres, felices, etc) y a la imagen personal (más o menos atractivos, rubios, altos, etc). La autoimagen respondería por lo tanto a la pregunta “¿cómo te ves?”.

– La autoconfianza. Alude a la confianza que tenemos en nosotros mismos, en el grado de seguridad que depositamos sobre nuestros pensamientos, aprendizajes y decisiones de nuestra vida.

– El autorrespeto. Implica reconocer que  tenemos unos derechos y unos principios con nosotros mismos, los cuales nos permitirán la consecución de nuestras metas. Así, respetarnos implica alcanzar el éxito personal.

Como podemos observar, la autoestima no es algo que se herede sino que se va construyendo con las experiencias y por lo tanto, varía según el momento temporal. Esto no tiene que verse como algo negativo ya que esta maleabilidad es susceptible de ser entrenada en nuestro favor.

Y ahora se preguntarán: “¿cómo?, ¿qué podemos hacer para aumentar la autoestima?”. A continuación les mostraré algunas pautas:

– Descubrir muestras cualidades. Debemos plantearnos la posibilidad de tener cualidades que aún no hemos descubierto o no en otros ámbitos como el personal, familiar, laboral o en nuestras relaciones interpersonales. Para descubrir nuestras cualidades suele ser útil responderse a las siguientes cuestiones:

“Yo soy muy servicial porque …”

“Yo manifiesto cortesía cuando …”

“Soy responsable con las cosas y …”

“Yo soy simpática cuando …”

Una vez que conozcamos las cualidades que poseemos debemos darnos la oportunidad de ponerlas en práctica ya que solo así nos sentiremos especiales y capaces en estas habilidades.

Decirnos cosas agradables

Decirnos cosas agradables

– Decirnos cosas agradables.  A menudo cuando fallamos solemos inundar nuestra mente con pensamientos negativos tales como “¿qué hubiera pasado si hubiese actuado de otra forma?”, “no tenía que haber hecho…. ha sido un error”.  Estas son algunas de las actitudes que debemos evitar ya que los sentimientos de culpabilidad y remordimiento no harán más que menguar nuestra autoestima. En lugar de ello debemos optar por una capacidad reflexiva más positiva dando paso a los pensamientos positivos cuando actuamos exitosamente.

– Mejorar la imagen personal. Como hemos visto anteriormente, la autoestima se basa (entre otras cosas) en el autoconcepto que a su vez se sustenta en la imagen personal. Es por eso que resulta importante favorecer una apariencia física agradable, una cara al mundo de la que nos sintamos orgullosos y así pisar fuerte por la vida.

– Mejorar otros comportamientos. No somos seres perfectos por lo que tenemos muchas cosas que cambiar, entre ellas nuestro comportamiento. Tenemos que ser capaces de descubrir aquellos hábitos o conductas que nos frenan en nuestro desarrollo personal, mirarles fijamente y cambiarlos en nuestro favor. Así, mediante la mejora de aquellas conductas que antes eran desadaptativas, lograremos sentirnos mejor.

Tolerar las frustraciones

Tolerar las frustraciones

– Tolerar las frustraciones. ¿Cuántas veces nos hemos esforzado por conseguir unos determinados objetivos y al final estos se han visto truncados? Tenemos que tener en cuenta que no siempre vamos a poder conseguir nuestras metas o al menos no con el éxito que esperamos. Esto no debe ser motivo de infelicidad ya que en muchas ocasiones la consecución de tales objetivos no depende solo de nosotros sino de circunstancias externas.

 – Identificar bien nuestras emociones y sentimientos. A menudo actuamos sin pensar, es decir, nuestro comportamiento no se encuentra motivado por la razón sino por nuestras emociones. Esto no siempre es tan romántico como parece dado que puede ocasionarnos algún que otro problema y por consiguiente autorreproches. Es por eso que resulta vital saber reconocer aquellos sentimientos que nos evocan determinadas situaciones y así, poderlos controlar mejor y optimizar nuestro rendimiento.

Ahora que ya saben cómo quererse, adóptenlo como forma de vida.

Vía| Vallés Tortosa, C., & Vallés Arándiga, A. (s.f.). La autoestima en la mujer rural. Segovia: Instituto de Orientación Psicológica EOS.

Imágenes|Decirnos cosas agradablesQuererse como forma de vida, Tolerar las frustraciones.

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