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¿Querer es poder?

Siempre nos dicen que querer es poder, que quien se esfuerza consigue todo aquello que se propone, que todo esfuerzo tiene su recompensa tarde o temprano y, siguiendo con los refranes, que el que la sigue la consigue.

 politico-poder-perdida-psicologiaY así crecemos, creyéndonos que con esfuerzo todo se logra hasta que llega un día en el que el esfuerzo desmedido no tiene recompensa y que por mucho que quieres y que deseas no puedes o no te dejan; y o te enfadas o sigues peleando o, peor aún, te resignas.
Con suerte sigues creyendo que igual es una racha pasajera y que lo que te dicen tiene que ser verdad y es entonces cuando deseas y quieres algo con todas tus fuerzas para que te dé el poder que necesitas para conseguirlo; pero entonces llega un día Cupido y te hace la jugada maestra de hacer que te enamores de alguien y es entonces cuando entiendes que querer no es poder porque: sabéis cuál es el terreno en el que nunca o casi nunca querer es poder? En el amor.

En artes amatorias es cuando este refrán tiene su mayor tasa de fallos; porque  los amores tienen sus propias reglas y da igual cuanto quieras a alguien, lo que te esfuerces en conseguir lo que te propones o en demostrar lo que sientes; porque aquí la relación – querer no es equitativa ni recíproca, es más, a veces la ecuación es injusta, desigual, parcial, unilateral y desproporcionada.
Y hasta llegan los poetas y le escriben a este juego como Sabina cuando dice eso de: “esta vez yo quería quererla querer y ella no.”

Queremos, queremos, queremos y no podemos. O nos quieren, nos quieren, nos quieren y no pueden y es entonces cuando nos enredamos en ecuaciones y triángulos absurdos que ni el teorema de Pitágoras puede solucionar.
Y cuanto más quiero menos puedo, menos soy yo y menos lo veo posible; que querer no me da poder para hacer (te) lo que quiero, no me soluciona los problemas, no hace que me veas de otra manera; y cuanto más quiero menos armas tengo para jugar y así es imposible poder ganar.

Así que no me digáis que querer es poder, que ya no estoy para cuentos chinos y ya no me creo nada.

Imagen| Poder

 

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