Coaching y Desarrollo Personal 


Quedémonos sordos de silencio

El valle del silencio

Cuando era niña, una tarde de verano, mi padre nos llevó a toda la familia a dar una vuelta por el campo. Recorrimos potreros sembrados y lotes con ganado, acercándonos a las sierras. Mi papá llegó a un valle, justo en el punto más bajo en el medio de dos sierras, y detuvo el auto.
-Bajen todos- nos dijo abriendo su puerta.
Allí no había nada, sólo un poco de paja seca y piedras por todos lados. El sol rajaba la tierra y no había ni un árbol bajo el cual encontrar sombra.
Escuchen– dijo mi papá.
Pero no había nada que escuchar. Ni pájaros, no mugidos, ni siquiera el viento que, aunque podíamos sentirlo en nuestros rostros, no hacía ningún sonido. Era un silencio tan silencioso que hasta aturdía.
-¿Qué hay?- preguntó uno de mis hermanos.
El ruido del silencio
Pero ese lugar tenía una desventaja, estaba lleno de tábanos que clavaban despiadadamente sus aguijones en nuestros tobillos. Pronto, el valle se llenó de nuestros gritos y ruidos de manotazos que intentaban hacer pagar a alguno de esos insectos su crueldad.
Cuando entramos al auto, cada uno de nosotros tenía al menos 7 dolorosas picaduras.
Nunca me di cuenta, pero creo que esa mala experiencia hizo que no me gustara el silencio.
A lo largo de mi vida siempre he buscado estar rodeada de gente, o con música encendida, o con el televisor de fondo… Hasta disfrutaba el sentir a mi hermana roncando por las noches con tal de no escuchar el silencio.
Las circunstancias de la vida me alejaron de la cercanía al campo para llevarme al centro de la ciudad, donde el ruido es constante. Allí me sentía bien, fuera de noche o de día, siempre había sonidos que entraban por mis oídos.
Un día pude volver al campo. Salí a caminar hasta que llegué a un enorme tronco caído. Me senté sobre el y miré a mi alrededor. A lo lejos dos jinetes iban lentamente sobre sus caballos, los pájaros trinaban en las copas de los árboles, el viento se colaba entre las hojas generando música… Me dije:
Esto falta en la ciudad. Un poco de silencio. Vamos todos tan acelerados, con los celulares sonando en todo momento, las bocinas de los automovilistas impacientes por no perder el lugar para estacionar, los insultos que se cruzan de un lado a otro de las cuadras, salidos de las bocas de personas que están muy ensimismadas en sus problemas para ver por dónde caminan…”
Aproveché y di rienda suelta a mis pensamientos analizándolos detenidamente, intentando llegar a una conclusión con cada uno de ellos. Con algunos lo logré y con otros no, pero regresando a la casa deseé tener un lugar así de silencioso en la ciudad.
De pronto, sentí un doloroso pinchazo en el tobillo. Un tábano solitario y atrevido se había posado en el borde de mi media para hacer de las suyas. Le di un manotazo, pero se me escapó antes de que pudiera atraparlo. Sentía su zumbido a mi alrededor y empecé a tirar palmadas a diestra y siniestra, acelerando el paso.

Calla tu interior

Más tarde, mientras intentaba calmar la picazón de mi tobillo, recordé el valle del silencio al que mi padre nos había llevado de pequeña. Y pude encontrarle un significado al silencio aturdidor.
Aquel lugar estaba rodeado de ruidos, estaba emplazado en un mundo ruidoso. Sin embargo, había encontrado el modo de hallar el silencio.
Ese mismo día, sentada en el tronco caído, no había estado en completo silencio, el viento, las aves, las hojas… Todo hacía ruido, pero mi interior estaba en silencio, lo que permitió que mis pensamientos más profundos emergieran y pudiera reflexionar sobre ellos.
Porque el silencio, no se trata de estar en medio del campo y lejos del trajín de la ciudad, tampoco se trata de la ausencia de sonido, sino de salirse del remolino de la rutina, de mordernos la lengua antes de gritar un insulto sin motivo, de dejar de agobiarnos por los problemas diarios… Se trata de, por un instante, estemos donde estemos, dejar nuestra mente en blanco y dedicarnos a hablar con nuestro YO de lo más profundo. Ese YO que tiene muchas preguntas sobre nosotros mismos, pero que si le dedicamos un poco de tiempo, también nos da las respuestas.

¿Te animas a quedarte sordo del silencio? 😉

Imagen| El valle del silencio    Calla tu interior
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