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¿Qué y para qué es el arte?

 

Nací por la vagina de una artista conceptual. Tengo recuerdos de mi madre bañándose en una piscina hinchable en la plaza del Reina Sofía, tendiendo un montón de ropa en plena calle u organizando una casquetada de nueces colectiva. Para mi de niña eran divertidos juegos, más tarde me enteré de que todo aquello se denominaba “arte” y que mi madre era una “artista”. En el colegio nos llevaban a ver obras de pintores muertos y decían que eso era arte, y yo me liaba, porque mi madre estaba viva y no hacía nada que se le pareciera. Por la tele decían que los cantantes de Operación Triunfo eran los artistas porque cantaban con mucho arte, pero nadie me podía explicar lo que realmente el arte era.

Finalmente me resigné a mi condicionamiento genético y comencé a estudiar bellas artes en un lugar de la Mancha. Allí muchos compañeros compartían la definición de “Morirse de hambre”, mientras muchos profesores parecían convencidos de que el arte era algo que se podía aprender de memoria. Para el Estado Español sin embargo, una inversión poco rentable.

Homenaje a Duchamp (Accademia di Brera, Milano) Foto: Giovanni Dall’Orto, 1 Oct 2011

Homenaje a Duchamp (Accademia di Brera, Milano) Foto: Giovanni Dall’Orto, 1 Oct 2011

Después de todo esto llegué a la conclusión de que el arte no es definible. Si se le ponen límites al arte, el arte en sí será romper esos límites. Cuando el pintor Delacroix liberó el color a mediados del siglo XIX, la Academia consideraba arte al realismo clásico, por lo que su obra no fue considerada como tal. Hoy en día se le reconoce justamente por haberse atrevido a romper con las barreras de su época. En parte gracias a él, más adelante surgieron los movimientos de Vanguardia, artistas de la experimentación que además de pisotear los cánones de belleza, aplicaron el arte a todos los ámbitos, dilatando su definición para más libertad, pero también tornándolo ambiguo. Otros con madera de comerciantes como Andy Warhol supieron aprovechar esto, y convirtieron el arte en un producto de mercado cuyo valor ya no era definido por su belleza ni por lo que hubiera costado hacerlo, sino simplemente por la “marca” y por la publicidad que se le diera. De esta manera el arte cayó en manos de los marchantes, comerciantes de arte que convirtieron el oficio de artista en el de un actor pendiente del juego de bolsa.

El propósito del arte, además de objeto de belleza, fue a lo largo de la historia el de expresión de los sentimientos y con ello crítica social, modificación y creación de la realidad. Hoy en día vivimos en un mar de imágenes, música, mensajes e información constante, algunos de estos identificamos como arte, pero resulta realmente difícil diferenciarlo de la publicidad o de las creaciones que fueron específicamente diseñadas con los ingredientes para gustar a un público estándar. Podría decirse que el hombre ya no determina la realidad a través de su expresión artística, sino que el arte determina cómo es el hombre a través de los medios de comunicación. En este siglo XXI, en el que hasta la rebeldía se comercializa, ¿cómo es posible crear un impacto a través del arte?

Más información| Robert Hughes, El impacto de lo nuevo

Imagen| Homenaje a Duchamp

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