Economía y Empresa 


Qué son y para qué sirven la empatía y la asertividad

La asertividad y la empatía son consideradas atributos positivos y necesarios para nuestras vidas, tanto en su dimensión personal como laboral. Sin embargo, ¿entendemos realmente qué son?, ¿somos capaces de definir y diferenciar ambos conceptos?

La empatía es la capacidad de percibir lo que otras personas pueden sentir. Las personas empáticas son aquéllas capaces de escuchar a los demás y entender sus problemas, objeciones y motivaciones, incluso antes de que sus compañeros sean conscientes de ellas, por lo que son capaces de anticiparse a sus necesidades. Se consigue adoptando una actitud de plena disponibilidad para la otra persona. Mediante la escucha activa, nos esforzamos por comprender su situación desde su perspectiva, dejando a un lado nuestro mapa mental, preocupaciones, sentimientos y pensamientos.

A pesar de las evidentes ventajas que esta capacidad presenta, la empatía llevada al extremo (simpatía) conlleva el gran riesgo de hacer propios los sentimientos, pensamientos y emociones del otro, perdiendo la perspectiva y llevándonos a aceptar o justificar conductas no apropiadas e incluso dañinas.

Autoestima y Asertividad

La asertividad es un atributo que, ante una situación de conflicto, permite alcanzar tres objetivos fundamentales: el primero es aquello que se necesita o se estima prioritario en la situación concreta; el segundo es la evitación de un deterioro de la relación entre las partes en conflicto; el tercero es la evitación del mayor coste emocional posible. La persona asertiva es aquella que domina todo el espectro de conductas que, ante un conflicto, van desde la huída a la confrontación, situándose en un punto concreto dependiendo de los objetivos que se marque.

A mi juicio, el objetivo más relevante es siempre el primero por el mero hecho de que, de no existir éste, no se daría el conflicto entre las partes. En caso de que haya un cambio de circunstancias o de valoración de la situación, este objetivo cambiará y se articulará de otro modo, pero sea cual sea su contenido, seguirá siendo preexistente a los otros dos.

¿Puede la asertividad convertirse en una forma de ser? En mi opinión, sí. Habitualmente nuestra respuesta a los estímulos del entorno suele ser reactiva, automática, lo cual tiene dos implicaciones fundamentales, intrínsecamente relacionadas. La primera es que estas reacciones automáticas pueden ser modificadas (mediante la toma de conciencia, un cambio actitudinal, etc.) y la segunda es que a medida en que se producen cambios voluntarios sistemáticos en nuestros hábitos y costumbres, vamos asimilando esta nueva forma de conducirnos hasta llegar a automatizarla.

Imagen| Empatía y Asertividad; Personalidad y Asertividad

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