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¿Qué son los alimentos funcionales?

El término alimento funcional fue creado en Japón allá por la década de los ochenta, cuando las autoridades japonesas advirtieron el elevado coste sanitario de una población anciana con una cada vez mayor esperanza de vida, de modo que comenzaron a investigar cómo mediante la alimentación se podía mejorar la salud y reducir el riesgo de contraer enfermedades. Hoy en día, con el tipo de vida que llevamos, estrés, poco ejercicio físico, abuso de alimentos con gran cantidad de grasas y azúcares…, la comercialización de este tipo de alimentos ha aumentado considerablemente, pero, ¿sabemos realmente qué son los alimentos funcionales? Se trata de alimentos enriquecidos con componentes biológicamente activos, como minerales, vitaminas, antioxidantes, etc… con el fin de mejorar la salud. Evidentemente este proceso de “enriquecimiento” se hace mediante tecnología y existen varios métodos para llevarlo a cabo:

–          Suplementando el alimento original con una sustancia que no posee, como los productos lácteos enriquecidos con fibra.

–           Aumentando la concentración de un componente que ya de por sí tiene el producto, como los zumos enriquecidos con vitamina C.

–          Eliminando un componente que pueda tener un efecto perjudicial para la salud, como los alimentos sin gluten.

–          Sustituyendo un componente perjudicial para un colectivo determinado, por ejemplo sustituyendo la sacarosa por fructosa.

–          Alterando la disponibilidad de algún nutriente del alimento, es el ejemplo de los fitoesteroles que se añaden a algunos productos para regular el colesterol.

 A diferencia de  Japón, en la Unión Europea no existe una legislación directa sobre este tipo de alimentos, sino que se regulan a través de la normativa sobre etiquetado, REGLAMENTO (CE) 1924/2006 del Parlamento Europeo y  del Consejo, de 20 de diciembre de 2006 relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos.

Que en su artículo 14 declara:

“Actualmente se utiliza, en el etiquetado y publicidad de productos alimenticios en algunos Estados miembros, una amplia variedad de declaraciones relativas a sustancias que no han demostrado ser beneficiosas o sobre las que no existe en la actualidad un consenso científico suficiente. Es necesario garantizar que las sustancias sobre las que se efectúa la declaración han demostrado poseer un efecto nutricional o fisiológico beneficioso.”

Llegados a este punto se plantea la duda de si son realmente beneficiosos para nuestro organismo estos “productos milagro”, que al fin y al cabo son alimentos modificados artificialmente o si, más bien, nos encontramos ante grandes campañas de marketing, más preocupadas por vender que por nuestra salud. Quizás, la solución más sencilla para mejorar nuestra calidad de vida y ahorrar en costes sanitarios, sea simplemente la de optar por hacer algo de ejercicio y aprender a comer de una forma más equilibrada.

 

 

Vía| Scentia

Más información |EUR-Lex

Imágenes| Popeye

En QAH| La calidad del sector alimentario

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