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¿Qué síntomas se simulan en los accidentes?

cruzando dedos

Los accidentes de tráfico y laborales, así como las agresiones, suelen ocasionar un perjuicio en forma de lesiones y secuelas permanentes a quienes los padecen que ha de ser compensado. Esta compensación se rige por la Ley 34/2003 de 4 de noviembre, de modificación y adaptación a la normativa comunitaria de la legislación de seguros privados, que establece los baremos por los que ha de regirse la compensación.

Sin embargo, un problema habitual al que se enfrentan los tribunales y peritos forenses es la frecuencia con que se simulan síntomas irreales, tanto físicos como mentales y neuropsicológicos, que a su vez derivan en costes económicos muy importantes para la Seguridad Social y para las compañías de seguros.

Existen estudios que sugieren que la simulación o exageración de síntomas es muy elevada, y que se simulan más fácilmente unos síntomas que otros. Entre las patologías físicas, estudios españoles encuentran que son el esguince cervical (un 60%), fibromialgia o cervicalgia crónica (hasta un 50%) y lumbalgia crónica (45%). Entre los síntomas psicológicos, los más comunes son trastornos de ansiedad y depresión (hasta un 50%). Estas cifras son superiores a las encontradas en estudios americanos, que encuentran el mayor índice de simulación en el traumatismo craneoencefálico leve (38,5%). Otros cuadros también frecuentemente simulados son trastornos de la memoria y estrés postraumático.

Las causas de la simulación son muchas y complejas. Naturalmente, la ganancia secundaria económica o de otros tipos como el acceso a la prestación de una incapacidad laboral es una de las fundamentales, pero no la única. En ocasiones, se tratará de un trastorno facticio, es decir, de la producción intencionada de síntomas con el fin de asumir un “rol de enfermo”; en otras, una personalidad histriónica o neurótica tenderá a la exageración y dramatización de síntomas. En otras, la asunción del rol de víctima facilitará las exageraciones de la sintomatología.  Cabe la posibilidad también de que el sujeto minimice la importancia de otros factores que influyan en los síntomas y que no sean el hecho objeto de litigio. Por poner un ejemplo, un paciente atribuía sus problemas de atención y concentración, reales y que afectaban a su trabajo, al accidente de tráfico objeto de litigio. Sin embargo, la causa real de estos problemas de atención era la combinación de medicación ansiolítica (benzodiacepinas) junto con el trabajo a turnos del paciente, lo que hacía que al efecto depresor del fármaco se sumasen los problemas de somnolencia habituales de la turnicidad.

También se ha comprobado que factores externos de carácter económico y social modifican significativamente estas cifras. La simulación aumenta en situaciones de crisis económica y cuando se esperan despidos inminentes en la empresa y disminuye cuando mejora la situación económica y laboral del sujeto.

La detección de la simulación, y en particular su demostración en los tribunales, es muy compleja y costosa en términos técnicos y de tiempo. Existen ya numerosos procedimientos, algunos de ellos específicos para determinadas patologías, que permiten su detección y defensa ante los tribunales. Todos ellos están basados en las premisas de que es muy difícil mantener constante a lo largo del tiempo los mismos datos y en la detección de inconsistencias de los hallazgos procedentes de distintas fuentes de información. Esa es la razón por la que en ocasiones, en las exploraciones forenses, tanto médicas como psicológicas, se realizan diversas pruebas diferentes, a veces repetidas o complementarias.

La obligación del profesional asistencial es ayudar al paciente, pero la obligación del perito es dudar, para desempeñar correctamente su función de auxilio de la Administración de Justicia, que tiene como objetivo, no la curación del sujeto que es función de los servicios sanitarios asistenciales, sino el esclarecimiento de la verdad, para adoptar la decisión mas justa. Y esto repercute en beneficio de toda la sociedad, porque evita el reconocimiento ilegítimo de secuelas irreales y el coste económico, social y laboral que conlleva la simulación.

Vía |  Trauma Fundación Mapfre

Más información | Papeles del Psicólogo, BOE

Imagen | Ramble Tamble

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