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¿Qué prefieres el streaming o el cine?

Las plataformas de streaming han revolucionado la industria cinematográfica pero también las costumbres de los espectadores y la forma de visionar los contenidos. La variedad y multiplicidad de dispositivos a través de los cuales podemos acceder a estos contenidos está cuestionando la misma esencia del espectáculo y del ocio. La dicotomía entre cine y televisión se ha pulverizado y ha abierto la puerta a una infinidad de posibilidades donde el espectador puede elegir lo que quiere ver, como lo quiere ver e inclusive influir directa o indirectamente en lo que le interesa ver.

El motor principal que ha dinamizado la industria de la exhibición ha sido Netflix. Desde que en 2010 inició su servicio streaming en Canadá, la expansión e influencia de esta empresa nacida en 1997 en California como proveedora de vídeos a domicilio ha sido espectacular. En 2018 Netflix abrió en España su primer centro de producción en Europa. El crecimiento de la empresa no esta exenta de críticas por parte de la industria cinematográfica. Los más prestigiosos festivales de cine como Cannes, Berlín o Venecia se han resistido a exhibir películas producidas por la compañía con el pretexto de que los estrenos no se hacían en salas comerciales sino en exclusiva en la plataforma. La Academia de los Oscar tardó hasta 2014 para proponer una nominación a una producción de Netflix  por The Square. La conciliación definitiva se ha producido en 2019 con los 3 Oscar otorgados a Roma. La capacidad de la plataforma de gestionar las preferencias de los usuarios determina los contenidos de las producciones y al mismo tiempo le permite discriminar por perfiles sus propuestas. La producción propia se ha compartido a partir de 2011 con la emisión de la primera temporada de House of Cards con contenidos comprados a otras productoras. A pesar de que la cantidad de producciones no justifica la calidad debemos de reconocerle a Netflix habernos regalado durante estos últimos años algunas de las series más originales y entretenidas del panorama audiovisual: Stranger  Things (2016-2019), Narcos (2015-2019, The Killing (2011-204), Black Mirror (2011-2015), Orange is the New Black (2013-2019)…

Antes de que apareciera Netflix la cadena más prestigiosa de televisión ha sido HBO. No solamente fue el primer canal por cable a partir de 1965 sino que también fue el primero en implantar un servicio de suscripción por pago en 1970 y de establecer el primer codificador a partir de 1986. Además los espectadores tenemos que agradecer a HBO habernos ofrecido algunas de las series más emblemáticas de la historia. Hermanos de sangre (2001) fue una producción de Steven Spielberg que tuvo una magnifica continuación con The Pacific (2010). Los Soprano (199-2007) y The Wire (2002-2008) son dos series de referencia del canal que han marcado una época y a toda una generación. True Blood (2008-2014) cuando terminó su 7ª temporada dejó huérfanos a una legión de seguidores. La serie más mediática de la historia de la televisión es sin duda Juego de tronos (2011-2019). El estreno de la 8ª y última temporada ha convocado ante las pantallas a millones de seguidores que esperaban con ansiedad y expectación el final de esta epopeya. Como no podía ser menos la exhibición de los 6 últimos capítulos no ha estado exenta de polémicas, desde la creación de una plataforma de más de un millón de fans para solicitar que se rehaga la última temporada hasta la división de opinión sobre la oscuridad de la fotografía del tercer capítulo La larga noche. En la prensa y entre los espectadores se ha abierto un debate sobre los formatos y los contenidos de las películas y su adecuación a los diferentes dispositivos electrónicos existentes. No es lo mismo ver una serie en una tablet o en un móvil que verlo en la televisión. La capacidad de concentración del público es muy diferente en la sala oscura de un cine que en cualquier habitación de tu casa, en el metro o en el gimnasio.

La interacción a través de las redes entre los espectadores y las plataformas de streaming es otro de los fenómenos más novedoso que estamos percibiendo en el universo audiovisual.

El último capítulo de Perdidos (2004-2010) había creado tanta expectación después de 6 temporadas donde los espectadores habíamos quedado atrapados en el laberinto de historias y personajes hábilmente construido por J.J. Abrams, que a nadie satisfizo. Fue el primer conato de rebelión de los usuarios contra los guionistas de la trama.

Ha habido otras reacciones del público que han obligado a los productores a contentar a los fans. Sense8 (2015-2017) la serie ideada por las hermanas Wachowski fue cancelada por Netflix después de su 2ª temporada. La ola de protesta alcanzó tal dimensión que la plataforma se vio obligada a emitir un último capítulo en forma de película titulado Amor Vincit Omnia (2018).

Adelantándose otra vez al futuro Netflix estrenó este año el capítulo Bandersnatch de la intrigante serie Black Mirror donde el espectador puede elegir entre distintas alternativas dentro de la trama.

El negocio que se mueve a través del streaming es tan suculento y ofrece un potencial de crecimiento tan importante que la mayoría de los operadores del sector tecnológico, del espectáculo y del ocio se están posicionando en el mercado para alcanzar el liderazgo. Amazon Prime, Hulu, Disney, a nivel internacional y Movistar + en España ya han entrado con fuerza en este sector. Otros como Apple han apostado fuerte por introducirse.

El crecimiento de este negocio abre nuevas oportunidades a los profesionales del sector, actores, directores y guionistas que ya ven crecer su cotización. En España por ejemplo la productora Bambú ha estrenado este año  para diferentes plataformas varias series: 45 revoluciones (A3), Instinto (Movistar +) y Alta mar (Netflix).

Imagen| Streaming

Vídeo| Stranger  ThingsJuego de tronos, Sense8, Bandersnatch, Instinto

 

 

 

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