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¿Qué ocurre si un avión es alcanzado por un rayo?

Esta pregunta puede resultar inquietante de entrada, pero el lector quedará aliviado al saber que, en los últimos 30 años, no se ha perdido ningún avión de gran porte debido a tormentas eléctricas. Y se estima que, en promedio, cada avión comercial es alcanzado por un rayo todos los años.

 La razón principal por la que un rayo no es capaz de derribar un avión en vuelo es que el fuselaje de aluminio de la nave actúa como una “jaula de Faraday”. Una de estas jaulas no es más que una caja cerrada de material conductor (puede tratarse de una lámina continua o de una malla). El hecho es que una superficie cerrada conductora aísla eléctricamente el interior respecto al exterior de la misma.

La explicación es sencilla: cuando se aplica un campo eléctrico externo a una jaula como la descrita, las cargas presentes en su superficie se desplazarán (movidas por la fuerza del campo eléctrico aplicado) y se redistribuirán de cierta manera. Pues bien, las leyes del electromagnetismo demuestran que esta redistribución de las cargas en la superficie de la jaula genera un campo eléctrico en el interior que es opuesto al externo, de tal modo que el campo resultante es nulo. Quizá a alguien le cueste creer que esto sea verdad, así que adjuntamos un vídeo en el que se observa un avión que sigue su camino sin despeinarse tras sufrir una descarga.

http://youtu.be/Ux5d-CmbLCk

 

Caben, sin embargo, varias objeciones. En primer lugar, un avión no es una caja de metal continuo, sino que tiene ventanas y, por ellas puede entrar parte de la radiación electromagnética. Además, los aviones más modernos no se fabrican de aluminio, sino de composites de fibra de carbono (que es un material semiconductor). Es decir, que el efecto de la jaula de Faraday no suele ser perfecto en un avión real. El principal peligro de esto es la posibilidad de que resulten dañados los equipos eléctricos y electrónicos de a bordo, especialmente el sistema de navegación.

Para evitar este riesgo, existen distintos sistemas de protección. Por ejemplo, los aviones de fibra de carbono suelen tener unas mallas de material conductor destinadas a derivar la energía eléctrica hasta disiparla a través unas pequeñas piezas metálicas conocidas como descargadores de estática. También existen barreras aislantes que impiden que la descarga acceda a lugares críticos. Además, hay que tener en cuenta que los equipos vitales del avión suelen ir duplicados o triplicados.

Otras medidas de seguridad van encaminadas a reducir la volatilidad de la mezcla aire-combustible. Estas últimas fueron establecidas a raíz del accidente sufrido en 1963 por un BOEING 707-121, en el que un rayo generó una chispa que incendió uno de los depósitos de combustible y provocó una explosión en el ala izquierda, causando la muerte de todos los viajeros. Con la experiencia (a veces con las catástrofes) vamos aprendiendo.

Junto con todo lo anterior, es fundamental que el avión vaya equipado con un buen radar meteorológico y un piloto prudente para evitar, en lo posible, la presencia de tormentas eléctricas. Siempre es mejor prevenir.

Vía| Suite 101

Más Información| Diario Vasco

Imagen| Electroenondas

Vídeo| Youtube: Avión golpeado por un rayo en pleno vuelo

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