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¡Qué maravilla maravillosa!

 

Curiosidad y Asombro

Curiosidad y Asombro

Es maravilloso ver la reacción y la expresión de un niño al ver un pajarito volar, un bichito asomarse entre las hierbas, el río correr, o una esponjosa nube que, con mucha imaginación, tiene forma de delfín. Es imposible evitar sentir que se ablanda el corazón y se derrite el alma al observar cómo abraza a su madre, corre sonriendo hacia su padre o pregunta preocupado a su abuela si está mejor de su dolor de panza.

Entonces me pregunto: ¿por qué será que al crecer todo eso desaparece como si se hubiera quedado en los cajones junto con los pantalones que ya nos quedaron chicos? ¿O estarán ese asombro y esa sencillez escondidos en algún rincón de nuestro ser?

Puedo notar que sí. Sólo me basta con mirar a los demás y a mí misma a los ojos para afirmarlo y comprender que el problema no es crecer sino nosotros mismos al dejar de intentar soñar, de preguntarnos por qué.

Nos sumergimos tan profundamente en los quehaceres de la vida cotidiana que nos dejamos sin tiempo libre para dejar volar la mente. La sociedad nos envuelve con sus propagandas y estereotipos haciéndonos olvidar lo verdaderamente importante. Vamos tan apresurados que nos pasamos la vida de largo.

Sin embargo, ese niño asombrado y sencillo sigue ahí. Sólo hace falta dejarlo asomarse con su curiosidad a través de nuestros ojos para vivir una vida más plena y feliz.

Podemos tener las últimas versiones tecnológicas que existan, el mejor puesto de trabajo y la ropa más costosa, pero ¿de qué nos sirven si no podemos ver la maravilla que nos rodea? Flores que abren sus pétalos al sol, pájaros que cantan cada uno su propia melodía, los rayos del sol asomarse y esconderse cada día, las gotas de lluvia rebotando sobre las veredas… incluso el funcionamiento de los dispositivos y los autos, la manera en que alguien organizó el trabajo que hacemos o cómo fueron confeccionadas las prendas que tenemos son un motivo para asombrarse de todo lo que en este mundo es posible.

¡Seamos adultos niños!

¡Seamos adultos niños!

Entonces, nuestros ojos se abrirán como platos ante las pequeñas cosas y sentiremos menos necesidad de correr por la vida a tontas y a locas por alcanzar más allá de lo que podemos, la sonrisa se dibujará en nuestros labios con mayor facilidad y encontraremos mayores ocasiones de decir un simple “te quiero”.

Así, llegaremos a ser mejores que niños y mejores que adultos, pues tendremos la sabiduría y la experiencia de un adulto y el asombro y sencillez de un niño, además de vivir una vida plena y feliz.

 

 

Imagen| Curiosidad y Asombro  ¡Seamos adultos niños!
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