Cultura y Sociedad 


Que la palabra refugiado no nos canse

La historiadora Lucía Gálvez narra la primera gran oleada migratoria que se produjo en Argentina, a fines del siglo XIX hasta las primeras décadas del S. XX en su libro “Historias de inmigración”. Reúne historias de vida de italianos, españoles, rusos, armenios, alemanes, polacos, ucranianos, galeses, irlandeses, griegos y croatas -entre otras tantas nacionalidades-.

Los testimonios tienen un nexo en común, estas personas cruzaron el océano Atlántico hasta llegar al puerto de Buenos Aires, huyendo del hambre, del horror de la guerra, de las persecuciones religiosas y políticas, del desempleo, en busca de la paz que se les negaba en su tierra. En este sentido, la historiadora en una entrevista detalla: “Los motivos fueron diversos. Algunos eran perseguidos por sus ideas religiosas, como los judíos o los irlandeses. Otros, por razones políticas, como los alemanes y los rusos judíos. También estaban los que venían para buscar trabajo y huían del hambre. Pero en todos ellos había una meta común: progresar. Apostaban al futuro y compartían el valor del sacrificio”.

Campo de refugiados en Idomeni.

Campo de refugiados en Idomeni.

Ya entrado el siglo XXI, nos encontramos con un relato similar. Miles de hombres y mujeres, niños y ancianos huyendo de la muerte, de la persecución religiosa, del horror, buscando una tierra que les permita progresar en paz. Así como fue Argentina y otros tantos lugares de América, Europa se presenta como la puerta de salvación para las familias que buscan con desesperación vivir en paz.

Lamentablemente, Europa padece amnesia, contrario a lo que debería ser una memoria activa y viva del horror del Holocausto y de la I y II Guerra Mundial. Se encuentra cerrando sus fronteras, bloqueando el ingreso de personas que están huyendo de la guerra, y no sólo eso, sino que también se están generando campamentos como Idomeni, una versión aggiornada de Auschwitz. En Idomeni más de 12 mil refugiados sobreviven en un campamento en la frontera greco-macedonia. Sin cámaras de gas porque esta vez no son necesarias, son prisioneros al aire libre. Miles de personas varadas sin poder volver a su tierra porque está en guerra y coartada su posibilidad de seguir rumbo a otros destinos que los acoja. Directamente, campos donde personas en carpas temporarias, bajo el frío y la lluvia esperan que se los coma el tiempo de la desidia y desamor europeo.

Grupos de voluntarios, ONGs, y otros organismos de ayuda humanitaria decidieron suspender la cooperación en busca de que la dirigencia de la Unión Europea revea su decisión y no deje morir en esos campamentos a miles de inocentes presos de la inacción y víctimas de la violación de sus derechos humanos.

La Unión Europea se encuentra paralizada. El miedo al Terrorismo hace que aplique políticas restrictivas y viole normas del Derecho Internacional como la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas Formas de Discriminación Racial (CERD) y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, por citar algunos ejemplos.

Aquello por lo que Europa supo luchar durante décadas, como la dignidad de las personas, la igualdad y sobre todo la libertad, en estos tiempos se transformaron en banderas del olvido.

Cerrar las fronteras por razones xenófobas es algo que suena del siglo pasado. Y es la paradoja actual, mientras se envían misiones a Marte y continúan prodigiosos avances tecnológicos, al mismo tiempo la realidad nos encuentra en debates de índole humanitaria, que representan un bochorno global.

Lo más triste es que ISIS sigue sumando adeptos, porque la desunión, la desconfianza, el miedo y el cerrar las puertas a los refugiados es lo que este grupo del terror global pretende, y la Unión Europea se lo facilita.

No nos quedemos callados. No nos quedemos quietos. No nos acostumbremos a tener refugiados y campamentos. Que la palabra refugiado no nos canse. Veamos que detrás de esa simple denominación hay una persona, que siente, que sufre, que busca ser incluida.

En toda Grecia se calcula que hay más de 50 mil refugiados que no pueden ingresar a Europa por el cierre de fronteras y que no pueden volver a su tierra por la guerra. ¿Europa qué espera? ¿Va a dejar que mueran, que se cansen y se suiciden? ¿Por qué no acuerda enviar a las familias a otros países que puedan recibirlos? El silencio, mata.

Se necesitan 47 aviones comerciales para trasladar a las más de 12 mil personas que hay encerradas en Idomeni. Se necesitan 12 mil pares de zapatos, 12 mil medias, 12 mil pantalones, 12 mil abrigos…y podría seguir…¿Cuanto representa eso en la economía de un país que destina más recursos hasta en armamentos? No representa nada. Sin duda es más el miedo, el temor a atentados, a que haya gente terrorista encubierta en los refugiados, lo que sirve de pretexto para tener campamentos de la desidia y el desamor.

Reitero mi pedido, no nos quedemos callados. No nos quedemos quietos. No nos acostumbremos a tener refugiados.
Más información| es.rfi.fr; publico.es; lanacion.comohchr.org; ohchr.org
Imagen| elmundo.es
En QAH| El 2015 se va con la principal crisis humanitaria aun sin resolver

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