Historia 


¿Que instituciones administraban los poderes en la América Hispana?

A principios del siglo XVI, el asentamiento de colonos en América lleva a las autoridades a plantear una organización fiable y estable que permitiese dar cabida a las principales preocupaciones en cuanto al asiento y explotación de las nuevas tierras: hacienda y justicia. Al mismo tiempo, se comienza a tener en cuenta la necesidad de mecanismos que permitan controlar la propia llegada de nuevas gentes a las colonias españolas en las Indias, y sobretodo regular los flujos comerciales. Para esto se crearía en Sevilla la Casa de Contratación de Indias a principios del siglo XVI, y cómo apoyo a los primeros consejos regios (peninsulares), con competencias sobre lo que en las nuevas tierras americanas sucediera, se crea en la década de 1520 el Consejo de Indias, con competencias de justicia. Este sería el panorama en la Península Ibérica de cómo se comienza a articular la América hispana, más el pronto desarrollo colonial traerá la organización de los territorios de ultramar para configurar con el paso de la Edad Moderna las instituciones que permitirán conectar a través del Atlántico, la metrópoli de la colonia. Intentaremos establecer aquí un panorama general de cómo se articulaba la América española.

Como planteábamos, se hace patente con el paso del tiempo la necesidad de organizar en América una serie de organismos propios, que permitieran hacer efectivas las decisiones tomadas respecto a lo que allí sucediera, administrando así hacienda y justicia de manera correcta e inmediata.

Desde el primer momento se establecieron primitivos poderes en los nuevos territorios

Desde la llegada de Colón a La Española se procuraron poderes en los nuevos territorios

Ante esta situación podemos distinguir dos tipos de instituciones que darán legitimidad y control a la corona española en esos territorios, y que podríamos catalogar cómo regias y locales. El hecho de que un territorio gire entorno a una gobernación o capitanía, no variaría las instituciones más que en la presidencia, y no en su funcionamiento.

Habremos de mencionar como instituciones regias, es decir, dependientes de la administración de la corona a las audiencias y virreinatos. Las audiencias seguirán el patrón establecido por las Chancillerías de la Corona de Castilla, desarrollando al poco tiempo de establecerse en América unas características propias que las diferenciarán de las instituciones peninsulares. La primera de estas audiencias se implantaría en 1511 en Santo Domingo, aunque no funcionará con plenos poderes hasta 1526. Abarcaba una amplia jurisdicción, con lo que se entiende que conforme aumentaban el número de territorios y se dificultaba sus funciones aparecieron nuevas audiencias: Nueva España en 1527, Panamá en 1563 (fundada en 1535), Lima en 1542, y posteriormente Guatemala y Guadalajara.

La audiencia acoge en su seno el poder judicial al ser el más alto tribunal presente en las Indias Ejerce así mismo la responsabilidad de alertar al rey de las decisiones del virrey de turno que no favorecieran a la Corona, o incluso vetar las leyes reales que fueran poco beneficiosas para sus territorios, atendiendo así a otra función legisladora. De la misma manera cabe destacar su capacidad de actuación cómo tribunal con poderes ante los delitos cometidos por eclesiásticos. También tenían un papel único cómo tribunal tutelar de los indígenas frente a posibles abusos. Dependiendo de la zona y el gobierno que hubiese en la misma, las audiencias tenían una catalogación mayor o menor. Por ejemplo, una audiencia virreinal era presidida por un virrey en una capital de virreinato, mientras que una pretorial era presidida por un capitán general o gobernador, o una audiencia subordinada o presidencial era presidida por un jurista especializado. El número de componentes de cada audiencia variaría dependiendo del tamaño de la zona que abarcase.

El otro tipo de institución regia en la América hispana era la de los virreinatos, ante los cuales se asentaba la figura de un virrey que representaba la autoridad real en una amplia región geográfica de América. Considerando a Colón cómo el primer virrey (según las capitulaciones de Santa Fe de 1492), se nombrarían nuevos virreyes cómo los de Nueva España (1535-1821), Perú (1542-1824), o ya en el siglo XVIII el de Nueva Granada y Río de la Plata. El poder de los virreyes manaba del Rey y el Consejo de Indias, que nombraban para este puesto a nobles peninsulares, teniendo funciones de gobernador, capitán general y presidente de Audiencia (allá donde no se configuraba el territorio con el poder exclusivo de un Gobernador o de un Capitán General), y tenían por lo tanto poder legislativo, militar y judicial, controlando las instituciones de poder real en su virreinato.

Mapa del virreinato de Nueva España, zona occidental

Mapa del virreinato de Nueva España, zona occidental. Se aprecian ciudades, pueblos y elementos rurales.

Junto con los organismos encargados de hacer llegar el poder real a los nuevos territorios se configuraron otros que daban cabida a los poderes locales. El hecho característico de que en buena medida la colonización hispana fuera eminentemente urbana, entendiéndose una adaptación de la organización de las culturas indígenas en el campo en torno a los núcleos urbanos, da pie a entender que se organizaran alcaldes y regidores en aquellos núcleos urbanos que en América se fundaron, organizando la vida en los mismos. Estos tendrían así la función de asegurar y organizar el reparto de tierras (ejidos y dehesas públicas) y el abastecimiento de la ciudad, así cómo funciones de organización policial y judicial (en primera instancia), y la organización de milicias urbanas. Dependiendo de lo concretado en cada cabildo, las sesiones de reunión del cabildo podrían ser abiertas (libre asistencia vecinal) o cerradas, donde sólo entraban los que formaban parte del mismo.

A estos niveles locales también se situaría la institución de los corregimientos, cuyos miembros, los corregidores (nombrados por la Corona o las instituciones indianas), se encargarían de velar porque las leyes y disposiciones reales se cumpliesen. Formarían parte de los cabildos de las ciudades pertinentes, con funciones de policía y administración de justicia. Fueron fundamentales para velar por la autoridad regia frente a las encomiendas, así cómo para integrar las reducciones indígenas en la vida colonial al terminar habiendo corregidores encargados de estos núcleos de población.

Siendo esta, en líneas generales, la configuración administrativa de la América hispana en la Edad moderna, habremos de entender que en la evolución de la misma época y hasta las independencias del XIX, este organigrama variará en función de la variación de poderes y de la aparición o restricción de los propios órganos de poder. No obstante, esta planificación permitió una mayor capacidad de control y legitimación real, incrementando la efectividad gubernativa y judicial y haciendo más efectiva la recaudación impositiva a favor de la hacienda real en América.

Vía | Pérez Cantó, P. y Mó Romero, E., Las sociedades originarias y la América hispana. Una aproximación histórica. Madrid, Ediciones UAM, 2010

Floristán, A. (coord.). Historia de España en la Edad Moderna. Barcelona, Ariel, 2004

Imágenes | Mapa de la zona occidental del virreinato de Nueva España (s.XVIII), Cristobal Colón en La Hispaniola

En QAH| Contactos y asimilación entre indígenas y españoles en la América colonial; La introducción de esclavos negros en la América española; La denuncia de la encomienda y la llegada de la esclavitud negra a América

 

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