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¿Qué hacer con un hijo/a adolescente?

La adolescencia es una de las etapas del desarrollo humano más temida por los padres.

En esta etapa entre 10-13 años (preadolescentes) y 13-18 años (adolescentes), los chicos y chicas tienen la tarea de empezar a construir su identidad y adquirir autonomía. Comienzan a separase de las figuras paternas viviendo un conflicto interno en el que existe una lucha entre la dependencia con sus padres contra la necesidad de autonomía e independencia. Dado esto, tienden a expresarse a través de peleas o conflictos, especialmente con sus padres, ya que representan para ellos una parte fundamental que necesitan, pero a la vez, de la que desean desprenderse.

La adolescencia está influenciada por el grupo de iguales. Los amigos van ganando terreno en la importancia que tienen en la vida de los adolescentes, y por lo tanto, la otra parte importante (los padres), la van perdiendo poco a poco, siendo sus opiniones ya no son tan valoradas o tenidas tanto en cuenta. No obstante, necesitan ser escuchados, acogidos, valorados, aceptados y queridos.

En cuanto a la educación, debemos ser coherentes con ellos, ambos cabezas de familia han de estar de acuerdo a la hora de educar y establecer límites y normas a la vez que ser consistentes con ellas.

¿Cómo debemos actuar como padres?

  • Hablar con ellos, sin agobiarles, estar presentes en su día a día, enterarnos de sus quehaceres, de sus gustos y de lo que les preocupa. NUNCA romper la comunicación con ellos, a pesar de sentirnos enfadados y pensar que no se lo merecen. Si están enfadados o no se muestran dispuestos a hablar, esperaremos, les daremos su tiempo y espacio y aprovecharemos los momentos de buen humor para entablar conversación.
  • Pautas para preparar el diálogo:
    • Buscar el momento y lugar oportuno.
    • Esperar a que todos estén en condiciones de dialogar.
    • Uso de forma y tono adecuado.
    • Concretar los acuerdos todo lo que se pueda.
    • Si no se cumplen, pedir explicaciones de manera apropiada y hablar de consecuencias.
  • Realizar actividades en conjunto, aunque algunos no quieran que les vean haciendo “cosas” con sus padres, siempre existen actividades de interés para ellos e irresistibles.
  • Hacerles capaces de aguantar su frustración. No queremos decir que se les ponga a prueba, todo en su justa medida. Debemos utilizar el “no” sin miedo, las normas familiares aportan seguridad, confianza y responsabilidad. El exceso de libertad y la permisividad, empuja a los jóvenes a buscar identidades más rígidas.
  • No podemos aceptar ni conceder todo. No todo es permisible. Las sanciones, siempre en términos educativos, que sean compensadoras y reparadoras. No conviene abusar del castigo, ni de la propia palabra, debemos hablar en términos de “consecuencias”. Los actos y comportamientos son los que conllevan consecuencias y así debemos explicárselo. NUNCA tendrán consecuencias las formas de ser ni las personas en sí mismas.
  • Si el problema no se soluciona, debemos cuestionarnos si en realidad lo que no está funcionando es la medida correctora, y por lo tanto, buscar otra solución.
  • Elogiar y halagar todas sus buenas acciones sin centrarnos constantemente en todo lo que hacen mal.
  • Hacerles sentirse importantes y queridos.
  • Darles la responsabilidad sobre su vida, aunque en muchas ocasiones esté supervisada.
  • Eduquemos en valores: respeto, empatía, solidaridad, esfuerzo,…
  • Facilitarles el que participen en diferentes grupos: culturales, deportivos,…

Lo que NO funciona

  • Utilizar malas formas o modos de dirigirse a ellos.
  • Dirigirnos con tono de voz agitado.
  • Utilizar el castigo como método usual.
  • Discutir en los momentos de enfado.
  • Culpabilizar siempre al otro de los errores.
  • Sacar lo negativo de la otra persona pasando por alto que también existen cosas buenas.
  • “Sobornos o pagos por hacer algo”, les transmitimos la idea de que cuando quieran conseguir algo, no tienen más que “poner precio” a sus obligaciones y responsabilidades.
  • El exceso de comprensión. NO todo es negociable y NO todas las conductas tienen la misma importancia.
  • Asumir sus responsabilidades, haciéndoles todo les transmitimos la idea de que por sí mismos no son capaces.
  • Creer que lo sabemos todo. Nadie es igual, no debemos caer en comparaciones.

 Vía| Creciendo como padres y madres. Save the Children 

Vallet, M. (2006). Cómo educar a nuestros adolescentes: un esfuerzo que merece la pena. WK Educación.

Imagen| Adolescentes.

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