Economía y Empresa, Finanzas 


¿Qué hacer con nuestros ahorros? (III): Los “Hedge Funds”

En el número del mes pasado, hacíamos una introducción de las instituciones de inversión colectiva más conocidas y accesibles, los fondos de inversión, en la que destacábamos sus principales características y ventajas. Sin embargo, estos vehículos están sujetos a una regulación que, con el objetivo proteger a los pequeños inversores, limita las posibilidades de inversión y, por ende, la obtención de rentabilidades superiores. En general, estas limitaciones hacen referencia al número mínimo de partícipes, al coeficiente de diversificación mínimo de la cartera, al uso de derivados financieros y a las posibilidades de apalancamiento.
Con el objetivo de esquivar estas trabas, existen otro tipo de IICs con mayor flexibilidad y que apenas están sujetas a regulación: las IICs de Inversión Libre (IICIL) o hedge funds. Estas instituciones pueden utilizar el apalancamiento financiero para obtener mayores rentabilidades, no tienen limitaciones en cuanto al tipo de activos en los que pueden invertir y no han de cumplir con los criterios de diversificación exigidos para los fondos de inversión. La mala noticia es que esta flexibilidad se concede a costa de su accesibilidad, ya que la participación en estos vehículos está reservada para inversores más experimentados y con alto patrimonio.
Si bien es cierto que estas IICs aún no están muy extendidas en España (apenas existen una decena de ellas radicadas en nuestro país), en Estados Unidos existen desde los años 50, cuando Alfred Jones fundó el primer fondo de inversión que combinó posiciones largas y cortas sobre acciones, y a la que denominó “fondo de cobertura”. Desde entonces el crecimiento de los hedge funds ha sido exponencial y aunque los datos sobre este tipo de instituciones no son muy precisos debido a su naturaleza privada y opaca, se estima que a finales de 2014 existían alrededor de 10.000 hedge funds en el mundo y su patrimonio bajo gestión ascendía a 2.500 billones de dólares.
Quizá la particularidad más destacable de los hedge funds es la estructura de sus comisiones, la conocida como 2/20. Esta fórmula consiste en cobrar unas management fees del 2% anual sobre el patrimonio bajo gestión, más una comisión del 20% en función de la rentabilidad obtenida. Este 20% se puede cobrar sobre tres cantidades distintas: sobre la rentabilidad total anual, sobre la rentabilidad superior a una hurdle rate preestablecida (hard hurdle rate) o sobre la rentabilidad total anual pero solo en el caso de superar la hurdle rate fijada (soft hurdle rate). Veamos un ejemplo.
Si un hedge fund con un patrimonio de 10 millones de euros, con estructura 2/20 y sin hurdle rate obtiene una rentabilidad del 10%, las comisiones totales cobradas ascenderían a 400.000 € (200.000 € de management fees y 200.000 de performance fees). Sin embargo, si este hedge fund estableciera con sus partícipes una hard hurdle rate del 5%, las comisiones se reducirían a 300.000 € (las performance fees serían del 20% sobre esos 500.000 € de rentabilidad sobre la hurdle rate; es decir, de 100.000 €). En caso de que la hurdle rate del 5% fuera soft, las comisiones totales serían las mismas que en el caso del fondo sin hurdle rate. Sin embargo, si esta soft hurdle rate fuera del 10% o superior, el fondo solo cobraría por management fees, al no superar la rentabilidad mínima exigida para el cobro de performance fees.
Es precisamente por esta estructura por la que los hedge fund managers son “los hombres más ricos de Wall Street”, muy por encima de banqueros de inversión y traders. Puesto que las plantillas de los hedge fund suelen ser pequeñas, un fondo con mucho patrimonio y con un buen año en términos de rentabilidad puede obtener unas comisiones de miles de millones de dólares que, en su mayoría, van para los fundadores o gestores del mismo. Esto hace que gestores como Ray Dalio, George Soros o John Paulson hayan conseguido amasar fortunas de miles de millones de dólares.

Vía| Fuente Propia

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