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¿Qué es una buena película?

El cine se ha convertido en un arte tan popular que pocas personas dudan a la hora de exponer sus preferencias, así recordamos la sarcástica frase del célebre François Truffaut: “Los franceses tienen dos profesiones, la suya propia y la de crítico de cine”. Exponer nuestra preferencias cinematográficas supone realizar un acto de identidad social y cultural. Puesto que nuestros gustos hablan de nuestra personalidad, los grupos sociales que frecuentamos, e incluso nuestra visión de vida.

En discusiones cotidianas sobre cine casi siempre suelen aflorar con mayor pasión dos actitudes: Los críticos y estetas que se escudan en su autoridad, frente los aficionados y fans que se niegan a entender el discurso especialista. Dos posturas y dos argumentaciones que levantan al vuelo el dilatado e infinito debate sobre qué es una buena película. Pero realmente, ¿qué es una buena película?

truffaut y hitchcock La cuestión del valor de las obras de arte ha sido siempre un tema clásico de la estética, más concretamente, de la filosofía estética. Desde esta vertiente, dos corrientes se han distingo en este asunto: el espíritu kantiano, para quien el valor artístico es una evidencia desinteresada y universal, y los hipersubjetivistas, quienes defienden que cada individuo tiene sus gustos y todo son válidos. Desde la sociología también se ha tratado de responder a esta pregunta. La propuesta más relevante en este ámbito la hace el sociólogo francés Pierre Bourdieu, quien establece correlaciones entre el juicio del gusto con el origen social, la profesión y el nivel de estudios. También están aquellos que defienden la existencia de un gusto privado y personal, junto con la de un gusto “más o menos” universal”, independiente de los humores personales.

El teórico cinematográfico francés, Laurent Jullier, realiza un brillante ejercicio de reflexión de las condiciones que intervienen en el juicio del gusto cinematográfico. Con ánimo de luchar contra la ideología de la evidencia y sintetizar su propuesta, Jullier redacta seis criterios que pueden ayudar a dar respuesta al título del presente artículo, y que de forma muy resumida se discuten a continuación:

  • Dos criterios ordinarios: Una buena película tiene éxito, éxito por el boca a poca, por los premios conseguidos, por la cifras de espectadores que la han visto o las largas colas de espera. Un criterio que críticos y cinéfilos suelen esquivar en sus valoraciones, pero que suelen guíar al gran público. Y es que el éxito de una película nos habla tanto de la propia película como del contexto de recepción. Una buena película es un logro técnico, este criterio atañe la tradicional dicotomía entre arte y artesanía, así lo han puesto de manifiesto algunos movimiento cinematográficos como el DOGMA 95. A la hora de utilizar este criterio hay que tener en cuenta que el éxito técnico evoluciona al tiempo que lo hace la tecnología.
  • Dos criterios comunes: Una buena película es edificante, existe un acuerdo general, las buenas películas deben dar una lección. El espectador debe aprender sobre el propio cine (lo que se llama un aprendizaje metadiscursivo avalado principalmente por los más ilustrados), sobre si mismo, sobre el autor, aprender por inadvertencia, o conocer otra lugar u otra manera de vivir. Una buena película es emocionante, otro criterio que posee gran consenso general. Ahora bien, las razones que impulsan a apreciarlo y los medios que se utilizan para conseguirlo varían significativamente. La emoción que nace de lo fílmico es muy difícil de circunscribir y limitar, puesto que hay numerosas formas de encontrar placer contemplando una película. Como límite, cabe señalar, la manera en la que los profesionales de la crítica han rechazado este criterio como ingrediente de la calidad fílmica.
  • Dos criterios distinguidos: Una buena película es original, proclamar que una película es original es muy arriesgado, en primer lugar porque pone de manifiesto el bagaje cultural de un individuo, y es que la originalidad de una obra entraña numerosas de sus dimensiones, entre ellas, ésta depende del contexto histórico, del conocimiento artístico de quien la ve y de la novedad que supone en la trayectoria del autor que la realiza. Una buena película es coherente, la cohesión es el ajuste entre la forma y los imperativos de los que se quiere contar, y es muy difícil conocer en un primer visionado, puesto que determinar la cohesión requiere de instrumentos teóricos y tecnológicos que no están al alcance de todos.

Laurent Jullier escoge estos criterios según el uso que se hace de ellos, sabiendo que tanto aficionados como profesionales comparten unos más que otros. La jerarquía de estos criterios fluctúa incesantemente, hay espectadores que hacen fetiche la originalidad, otros la proeza técnica, otros colocan en primer lugar el placer…y es que al fin y al cabo somos seres sensibles antes que espectadores o estetas, y un día te apetece reírte a carcajadas, al día siguiente vivir una aventura histórica o puedes preferir reflexionar sobre un tema de transcendencia vital.

Antes de finalizar, quiero aclarar que la reflexión en torno al juicio del gusto y el valor artístico es un tema mucho más complejo y extenso de lo que se ha expuesto. Este artículo pretende de una manera informal y humilde reflexionar sobre el eterno debate del gusto cinematográfico y hacer pensar sobre las razones que lo determinan e intervienen en nuestra propias discusiones.

 

Mas Información| Jullier, Laurent, & Rubio, Miguel (2006). ¿Qué es una buena película?. Paidós Ibérica. Bourdieu, Pierre (1979). La Distinction, París, Minuit (traducción al castellano: La distinción, Madrid, Taurus, 1998). Adorno, Theodor W. (1992). Teoría estética, Madrid, Taurus Kant, Emmanuel (2001). Critica del juicio, Madrid, Espasa – Calpe

Imagen| François Truffaut y Alfred Hitchcock 

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