Economía y Empresa, Finanzas 


¿Qué es un rating?

standardLos últimos acontecimientos relativos a la persistencia de la debilidad económica de España y su estabilidad política han hecho crecer los temores a una rebaja del rating soberano de largo plazo de España que actualmente está en niveles de BBB- para las agencias de calificación Standard & Poor’s y Fitch y de Baa3 para la agencia Moody’s. Se habla del peligro de que España pierda la categoría de inversión y pase a ser calificada como un “Bono Basura”. A continuación vamos a despejar las dudas que suscita toda esta jerga de los mercados.

Un rating es una nota de solvencia crediticia. Es un informe que realiza una empresa especializada en la gestión de riesgos financieros y que determina si un determinado sujeto está en condiciones o no de devolver el dinero que se le presta. Cuando un país o una empresa emiten deuda en los mercados de capitales (en lugar de pedir un préstamo a un banco), esta emisión suele ir acompañada de un informe de rating o calificación. En ocasiones, este rating se realiza a petición del propio emisor. Esto ocurre habitualmente cuando no se trata de un bono simple, sino de algún producto más complejo. Si el informe de rating es bueno para el emisor, éste lo utiliza para convencer a los inversores de las bondades de su producto de deuda y ofrecerles el interés más bajo posible. Esto es lo que llama ratings solicitados. Sin embargo, los más conocidos por el público son los llamados ratings no solicitados. En este caso, se trata de informes que encargan potenciales inversores, que quieren informarse de la calidad de un bono en cuestión, o bien son informes que hacen las agencias de rating por su propia iniciativa, con el objetivo de asentar su prestigio y notoriedad pública. La inmensa mayoría de las calificaciones relativas a Estados soberanos son ratings no solicitados y que son realizados por las agencias a iniciativa propia.

En prensa generalmente se habla de tres grandes compañías de calificación: Standard & Poor’s; Moody’s y Fitch, las tres con más de un siglo de vida a sus espaldas. En realidad, existen muchas agencias de rating en el mundo, pero estas tres son las copan en el negocio. En Europa, por ejemplo, el supervisor europeo tiene autorizadas una veintena de empresas de calificación (entre ellas, Axesor, la primera agencia de rating española), pero las tres grandes son responsables de unos 20.000 informes de rating corporativos, frente a los 4.000 realizados por el resto de compañías del sector.

En lo que se refiere a deuda emitida por Estados, toda la atención mediática se centra en lo que tengan que decir al respecto las conocidas como “Tres Hermanas”. El rating principal es el de largo plazo, aquel que ofrece una previsión de solvencia a más de 12 meses vista. Con matices poco significativos, todas las compañías de rating utilizan la misma escala de valoración, que va de AAA hasta C, ya que por debajo de C se considera que la empresa o Estado ha entrado en suspensión de pagos. Esta escala está dividida en unos 20 escalones, en función de los grados de solvencia otorgados al emisor en cuestión. La nota más elevada es la triple A (AAA), de la que España gozó hasta 2009. Es importante recalcar que ni siquiera la célebre A supone eliminar por completo el riesgo de default, ya que no son más que los resultados de aplicar un modelo. Muchos inversores, en particular los fondos de pensiones, tienen la obligación legal de no invertir en ningún activo que no sea considerado de solvencia garantizada. Para ello se guían por las notas que emiten las agencias de calificación. Por eso son tan importantes los ratings. Los escalones se van bajando reduciendo el número de letras, de AAA a AA; de AA a A y avanzando en el abecedario: de A a BBB; de BBB a BB; de BB a B y finalmente, CCC; CC y C. Estos escalones principales vienen graduados por otros intermedios que se visualizan por los signos positivo (+) y negativo (-), o bien por números del 1 al 3, como hace Moody’s. Hasta BBB- (Baa3 en el caso de Moody’s) se considera que la solvencia de esa emisión no tiene riesgos; es decir, que el inversor devolverá a vencimiento el importe que se le ha prestado (aunque ya hemos insistido en que esto nunca está asegurado al 100%). Es decir, de AAA hasta BBB- es lo que se conoce como “Grado de inversión” y todos aquellos inversores que tienen un mandato determinado en este sentido, pueden invertir en los bonos que tengan esta categoría. Por debajo, BB+ y sucesivos, es lo que se define como “Categoría especulativa” o “High Yield” (Alta Rentabilidad). En estos casos, se han detectado circunstancias que pueden poner en peligro la solvencia y, por tanto, el interés que tiene que ofrecer el emisor es más alto (para compensar ese riesgo); de ahí el nombre de “High Yield”. En el argot del mercado, al “High Yield” se llama “Bono Basura” (Junk Bond), aunque el verdadero riesgo sólo empieza a partir de la CCC; la probabilidad implícita de impago de una B es inferior al 8,5%. El rápido deterioro de las cuentas públicas, tanto en el volumen de deuda total, como en los déficit anuales es lo que ha llevado a España a situarse en la frontera del grado de inversión. Sin embargo, es un hecho reconocido que el cambio cualitativo que representa pasar de “Grado de inversión” a “Categoría especulativa” y las consecuencias que ello tiene llevan a las agencias de rating a pensárselo bien antes de dar un paso. En otras palabras, no es tan fácil ni rápido rebajar a un emisor de BBB a BBB-, que de BBB- a BB+.

Imagen| Rating, Agencias

En QAH| ¿Qué son las agencias de calificación de riesgos o rating?¿Qué es el rating soberano? ¿Quién lo calcula y cómo?

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