Economía y Empresa, Finanzas 


¿Qué es un banco malo (III)?: El caso de Alemania

Una vez analizado el caso del banco malo nacional y centralizado llevado a cabo en Irlanda, procedamos a desgranar las principales características del ejemplo alemán. Recordar que en estos dos modelos conllevan la implicación del Estado, si bien en el caso alemán es de menor grado.

 La estrategia llevada a cabo en Alemania está a caballo entre el modelo español y el irlandés. Por un lado, supone un modelo descentralizado, donde cada entidad crea su “banco malo”, como ocurrió con WestLB y Hypo Real Estate, pero al mismo tiempo la deuda emitida por estas entidades está garantizada por el estado, pudiendo ser descontada en el ECB para obtener liquidez pero no computando como deuda soberana en la contabilidad nacional. Al igual que en el caso del NAMA en Irlanda, también se emite deuda subordinada. Sin embargo,  mientras que en el modelo irlandés  solo se podían traspasar créditos y otros activos,  en el modelo alemán permite  el traspaso de posiciones de riesgo así como la totalidad de unidades de negocio, como es el ejemplo de Hypo Real Estate creado en 2003 como consecuencia de la separación del negocio corporativo de bienes inmuebles  del banco alemán HypoVereinsbank. En el caso de Alemania, la valoración se hizo cerca del book value  (90%). En este caso las cuantías de los activos traspasados ascendieron a 85bn € en el caso de WestLB y 210 bn€ para Hypo y las pérdidas eran asumidas por el Estado, por lo que las entidades financieras no necesitaban a priori recapitalizarse por posibles pérdidas.

El principal riesgo de este modelo es que una creación masiva de bancos malos podría inundar el mercado de activos tóxicos hundiendo aún más su precio, en el caso de que todos se dispusieran a vender en el corto plazo. Sin embargo, si estos bancos operan con el tiempo y no se ven obligados  a vender los activos  a contrarreloj, ese riesgo se reduce.

 Parece necesaria la creación de un banco malo para devolver la liquidez a las entidades financieras y que éstas puedan reactivar el crédito. La solución no es fácil y abre un gran debate social, que soporte las pérdidas las entidades financieras o el estado (el contribuyente). La primera puede obligar a rescatar al banco más adelante , lo que a largo plazo es peor y incluye mayores costes al contribuyente. La segunda “no es políticamente correcta”. Quizás la solución pase por un modelo centralizado como NAMA donde las pérdidas derivadas de la valoración se compartan entre los bancos y el Estado, siendo esta entidad la que regule la venta de activos tóxicos a lo largo del tiempo. En cualquier caso estaríamos hablando para el caso español de una cifra de 60 bn€.

Vía| Eurostat
Imagen| Google
En QAH| El banco malo (I): introducciónEl banco malo (II): El caso de Irlanda

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