Economía y Empresa 


Qué es lo que tiene que hacer un banco: de la volatilidad

Los bancos, en cuanto instituciones del sistema financiero, tienen un fin esencial: canalizar el ahorro hacia la inversión. Con el monopolio del estado captan depósitos, que no son ni más ni menos que el ahorro de las personas – decentes o no. Una vez que ya tienen fondos, los dejan o prestan a los inversores, que son aquellos empresarios que tienen proyectos, y que básicamente sus ideas e ilusiones según su cuantificación implican, con su margen de error, que la rentabiliVolatilitydad futura que van a obtener es muy superior al coste de la deuda que les deja el banco.

Hasta aquí bien; pero ¿qué hace que un banco haga lo que no debe?

Para entender esto es esencial tener en cuenta el concepto de volatilidad.  Los SWAPS, las preferentes, los estructurados y todos estos productos no son más que la transmisión de un riesgo mal gestionado. Cuando uno va al banco a pedir consejo – en base  la relación de confianza que le une con su banco de toda la vida – lo que no puede encontrarse es que el banco le venda un producto de suma cero, es decir, que se encuentre con el dilema del prisionero.

Hoy explicaremos la volatilidad para entender más cosas y, entre ellas, el conflicto de intereses.

I.-.- La volatilidad es la medida estadística más importante para evaluar la variabilidad de los precios de mercado de una acción, de un tipo de interés, de un tipo de cambio o de un índice bursátil. Su objetivo es medir, así, el riesgo de dicho activo financiero, tipo de interés o de cambio, o índice, respecto a elementos o activos subyacentes de otros productos financieros, como por ejemplo los derivados o estructurados.  La volatilidad es definida por las NIC (Normas Internacionales de Contabilidad) como <<la magnitud de los futuros cambios en precio del instrumento financiero u otro elemento>>. Las mediciones de la volatilidad de elementos negociados activamente pueden ser normalmente estimadas de manera razonable, a partir de la serie de datos históricos del mercado, o bien utilizando las volatilidades implícitas en los precios de mercados actuales (NIC GA82 f).

II.- Normalmente se mide por la desviación típica de la serie temporal de valores que se considere y su resultado ha de interpretarse de la siguiente manera:

– Si  V (Volatilidad) es  IGUAL A CERO, ello implica que se puede prever con exactitud el valor futuro del activo, o al menos las oscilaciones en su evolución, y que coincidiría con el precio del activo revalorizado al tipo de interés de mercado sin riesgo para la fecha futura que se considere.

– Si V (Volatilidad) es ALTA, ello implica que el precio del activo, tipo o índice, sufre grandes cambios en su oscilaciones en el periodo considerado.

III – Precisamente el auge y aumento en el uso de los productos derivados tiene que ver con esta medida llamada volatilidad. Efectivamente, a partir de 1971, el aumento de la volatilidad de los tipos de interés y de los tipos de cambio implicó el aumento de la incertidumbre en los mercados financieros, desarrollándose así los productos derivados con el fin de reducir los riesgos de dicho escenario (planteamiento de los derivados como cobertura de riesgos). Con posterioridad, los instrumentos de cobertura pasaron a utilizarse como productos de especulación con los resultados conocidos por todos; en palabras de Warren Buffet: << armas financieras de destrucción masiva>>.

Por  tanto, el uso de los derivados por parte de las entidades financieras ha obedecido a lo largo de los últimos años a dos razones principales:

1.- Razón de cobertura con  el fin de cubrirse de las fluctuaciones causadas en los distintos mercados financieros que generan riesgos financieros, por ejemplo riesgo de interés, riesgo de cambio, riesgo de cobertura de carteras.

2 – Fin especulativo.- Pero también se han utilizado estos productos derivados como una actividad más del negocio bancario, sin la correlativa vinculación a la cobertura de los citados riesgos de mercado, sino con un fin puramente especulativo, operando en mercados muy volátiles con la correspondiente asunción de los riesgos propios del uso de derivados financieros.

IV.- Las empresas y los particulares también han usado los derivados con ambos fines. No obstante, respecto de las empresas, es obligado poner de manifiesto que, al menos en nuestro país, en muy pocos casos éstas necesitan cubrirse de tales riesgos por su falta de internacionalización, por la obligada imposición de las entidades financieras del tipo de financiación a interés variable o fijo que les viene impuesta por dichas entidades financieras, y por la profesionalización del acceso a los mercados valores. En definitiva: que las empresas no necesitaban cubrirse de dichos riesgos pues no han estado expuestos a ellos; más bien lo que ha ocurrido es que las entidades financieras les han transferido sus propios riesgos o, en otras palabras, que las entidades financieras han cubierto sus propios riesgos a costa de traspasárselos a su clientela. No han de perderse de vista las numerosas Resoluciones Judiciales que han condenado a dichas entidades, en casos de SWAP, opciones, etcétera.

Y ello con el agravante de que dichas entidades financieras han venido actuando de contraparte en un ejercicio de mala “Lex Artis” bancaria y profesional, incluido el vicio de la auto-contratación o conflicto de intereses. El motivo es que en España los asesores financieros de los ciudadanos y de las PyMES han venido siendo y son los propios Directores de las redes comerciales de la Banca, estando definido el contrato bancario como un contrato de fiducia o confianza, confiando la clientela bancaria, minorista en su mayoría a efectos de la normativa MiFID (Markets in Financial Instruments Directive), en las recomendaciones y productos que le vende la banca.

El binomio esencial en el negocio bancario de riesgo y rentabilidad, concretado en que a mayor riesgo más ganancia y a menos rentabilidad menos riesgo, se ha pervertido con la transferencia de los riesgos a los ahorradores, ciudadanos y PyMES, por parte de las entidades financieras, vendiendo éstas productos que transferían el riesgo a dichos ciudadanos sin merma en las ganancias obtenidas por las entidades, con la perversión que ello supone y que básicamente atenta contra la función social y pública que ha de cumplir todo sistema financiero: canalizar el ahorro, o los fondos excedentes de ciudadanos que consumen menos que lo que ingresan, hacia la inversión, es decir hacia los inversores, demandantes de fondos en cuanto unidades económicas que consumen más que lo que ingresan.

Es lo mismo que si uno va al médico del oído y le operan de la pierna. Idéntico.

 

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