Economía y Empresa 


¿Qué es la velocidad de circulación del dinero? (II)

J.M. Keynes - ¿Qué es la velocidad de circulación del dinero?

J.M. Keynes – ¿Qué es la velocidad de circulación del dinero?

Tal y como exponíamos en el anterior artículo, los keynesianos tienen su propia visión de la teoría de la velocidad de circulación del dinero. En efecto, los keynesianos comprobaron empíricamente que cuando la cantidad de dinero (M3) en una economía varía, la velocidad del dinero también variará, además, de manera inesperada. Esta falta de previsibilidad en el largo plazo de la velocidad del dinero fue una de las razones por las que Keynes y sus seguidores dejaron un poco de lado la política monetaria (para no trastocar las expectativas de la economía a nivel agregado) para centrarse más en la política fiscal.

Fue Milton Friedman el que continuó los estudios que los keynesianos dejaron, demostrando empíricamente que en el corto plazo, y sólo en el corto plazo, sí que se podía medir las consecuencias del cambio de la cantidad de dinero en la economía, llegando a afirmar y demostrar que dicho cambio afectará a todas las variables, en especial al precio. Esta disputa entre los keynesianos y los monetaristas se refleja hoy en día en la discusión que existe en Estados Unidos sobre si los programas de expansión monetaria de la Fed provocarán, o no, inflación. Los keynesianos argumentan que es demasiado básico pensar que la velocidad del dinero es constante y predecible, por lo que no debería entrañar un aumento de precios el hecho de aumentar la cantidad de dinero en la economía. Friedman y sus seguidores sí que se apoyaran en sus estudios para demostrar que sí se produce una variación de los precios (debemos recordar en este punto que ninguna de las dos escuelas reflexiona sobre la teoría del valor marginal del dinero de Carl Menger).

Finalmente, los keynesianos lograron convencer a los políticos de que la teoría monetaria estaba errada, lo que llevó a que los Bancos Centrales inyectaran liquidez en los sistemas económicos sin miedo a un repunte de la inflación, es decir, sin miedo a un aumento en los precios.

Tal y como hemos visto desde que comenzó la Gran Recesión, los Bancos han aumentado en gran medida la M3 de las economías (tanto en la Euro zona como en Estados Unidos) y, sin embargo, no hemos vivido una inflación alarmante. Entonces, ¿tienen razón los keynesianos? En este punto es en el que entra en juego la teoría de la trampa de la iliquidez. Esto es, a grandes rasgos, una situación que se produce cuando los intermediarios financieros están tan endeudados que no son capaces de, con el dinero nuevo del M3, endeudarse más para que dicho dinero llegue a la economía real, en cuyo caso sí que subirían los precios (el M3 llega a la economía, sube el consumo, hay escasez relativa, sube el precio). Por ello, hay ahora estabilidad de precios (y si es que podemos hablar de dicha estabilidad cuando en España el IPC ha subido desde 2007 cerca del 12%).

Pero es que la teoría de Carl Menger es la que demuestra, finalmente, que siempre se creará inflación. Menger entiende que cada nuevo billete que haya en el mercado resta valor al conjunto de los billetes (el valor marginal de una nueva unidad es menor que el de la anterior), luego si cada unidad nueva tiene un valor menor, necesitarás más unidades (más billetes) para comprar un producto, así que habrá inflación monetaria respecto de dicho producto.

Por ello, los Bancos Centrales deben seguir controlando la M3 en vez de fomentar su crecimiento (recordemos que la estabilidad de precios es el objetivo principal del BCE), pues el impulso de la velocidad del dinero incrementando la M3 puede resultar dañino para una economía en crisis fomentando una inflación galopante. Los keynesianos argumentan que “algo habrá que hacer” para impulsar la economía, pero, ¿aumentar la velocidad del dinero -reflejado en el PIB- a costa de gran inflación? ¿Qué os parece?

Finalmente, y no menos importante, la Hacienda Pública utiliza la velocidad del dinero para medir la capacidad de “creación de dinero” de la economía, es decir, el número de veces que el dinero cambia de manos. Así, se puede controlar (o, al menos, intentarlo) el número de transacciones que se hacen y, cuando dista de la declarada fiscalmente, calcular el volumen de la economía sumergida del país a través de dicha estimación. La AEAT utiliza este indicador con tal fin y con unos resultados bastante acertados.

 

Vía| Macroeconomía, Paul Krugman

Imagen| Artículo: Keynes (ICADEX), Principal: El Ventanuco

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