Economía y Empresa, Finanzas 


¿Qué es el gap de expectativas en auditoría?

Se habla mucho sobre auditorías. Pero ¿lo que esperamos de una auditoría es realmente el resultado que nos va a ofrecer la misma? Diversos trabajos realizados demuestran que no coinciden exactamente las expectativas de los usuarios de auditoría con el resultado final de una auditoría de cuentas. Esta distancia entre lo que espera el usuario y lo que ofrece el auditor es la que genera el denominado “gap de expectativas”.

¿Qué es el gap de expectativas?

MARTA GRAÑO GAP El gap de expectativas en auditoría es la distancia entre las expectativas del público sobre una auditoría de cuentas y la visión del propio auditor sobre qué debe ser el trabajo de auditoría.

Los dos puntos de vista no son coincidentes y ello genera un conflicto. Aunque puede parecer un tema reciente, la primera definición de “expectation gap” la dio C.D. Liggio en 1974. Desde entonces, se ha trabajado ampliamente este ámbito.

Analicemos por qué se produce este “gap” entre auditores y usuarios de información.

¿Qué es una auditoría?

La definición de auditoría ya ha sido ampliamente comentada en QHA, pero, a modo de resumen, indicaremos que una auditoría de cuentas es un proceso de comprobación de que la información financiera de una empresa se adecúa a los Principios de Contabilidad Generalmente  Aceptados y al Plan General Contable.

Dicha comprobación se certifica con la emisión de un informe de auditoría. En el informe, el auditor expone su opinión sobre los estados financieros de la empresa. El informe de auditoría es el resultado visible de todo el proceso, y donde se pone de manifiesto la fiabilidad de la información financiera.

¿Qué esperan los usuarios de una auditoría?

En general, los usuarios externos de la información financiera suelen tener unas expectativas elevadas del trabajo de auditoría, en el sentido de suponer:

–   que los auditores realizan una revisión exhaustiva de la información contable;

–   que un informe de auditoría con una opinión «limpia» (sin salvedades) implica una garantía total de que la información es correcta;

–   que los auditores detectan cualquier caso de fraude que se pueda dar en la empresa auditada;

–   que los auditores pueden advertir de riesgos que se puedan producir en un futuro próximo.

Pero la realidad es que el objetivo de la auditoría de cuentas es el de un trabajo muy específico de revisión y comprobación que la información financiera es adecuada y se adapta a un marco normativo concreto.

Ese es el objetivo de la auditoría. La revisión tiene un alcance determinado y el informe expone las conclusiones del trabajo, siguiendo una estructura y una terminología muy específicas. La realidad es que una auditoría no llega a revisar la totalidad de la información de la empresa y las conclusiones que expone el informe pueden resultar algo «encorsetadas» o con un vocabulario no lo suficientemente transparente para algunos de los lectores interesados en ese informe.

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