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Que el miedo no te controle

Miedo, todos hemos oído hablar de él. Hace que nuestro corazón lata con más fuerza, nos suden las manos y nuestro cerebro nos mande continuas señales de lucha o huida.

El miedo es lo que hace llorar a los niños más pequeños de noche así como aquello que nos hace andar más rápido por las calles de madrugada.

Todos lo hemos experimentado. Sin embargo, ¿sabemos realmente qué es?

El miedo es una reacción emocional innata, normalmente desagradable, y adaptativa en todos los seres vivos. Este resulta esencial para la supervivencia del organismo ya que le permite poner en marcha un conjunto de reacciones (fisiológicas, motoras-comportamentales y manifestaciones cognitivo-subjetivas) ante situaciones que implican un peligro o amenaza.

Tal y como señalan Sassaroli y Lorenzini (2000), si una especie no fuera capaz de experimentar miedo se extinguiría rápidamente al no poder darse cuenta a tiempo de los peligros, y por ende no poder reaccionar ante ellos.

El miedo también se contagia.

El miedo también se contagia.

Sin embargo, no todos los miedos que experimentamos son miedos “reales”. Muchos de los miedos que sufrimos en la actualidad son fruto de un estilo de vida en el que reina la inmediatez y la perfección. O, incluso muchas veces ese miedo ni siquiera nos pertenece ya que, aunque el miedo es una emoción individual, este se contagia. Así lo demostró Lilianne Mujica-Parodi, neurocientífica cognitiva de la Universidad de Stony Brook de Nueva York, en 2009.

En su estudio dividió a los participantes en dos grupos. El primero de ellos inhalaría el sudor de una persona que había experimentado miedo (paracaidistas que se precipitaban por primera vez al vacío desde un avión) mientras que el segundo inhalaría un sudor “neutro” (de personas que habían estado corriendo en una cinta).

¿Saben qué sucedió? Lilianne observó por un escáner fMRI (resonancia magnética funcional) que existía una mayor activación en las zonas cerebrales que procesan el miedo (la amígdala e hipotálamo) en aquellos voluntarios que habían inhalado el sudor “con miedo” frente a aquellos que habían respirado el sudor “neutro”.

¿Qué podemos hacer para controlar el miedo?

Si el miedo es muy intenso, lo mejor es acudir a un especialista ya que este nos dará las herramientas y pautas que necesitemos para enfrentarnos a ese miedo de una manera más individualizada.

Pero, si el miedo es leve podemos seguir las siguientes pautas:

  1. Definir nuestro miedo: ¿qué es exactamente lo que nos da miedo?, ¿en qué situaciones experimentamos ese miedo?, ¿ese miedo es siempre igual?, en una escala de 1 a 7 siendo 1 la puntuación más baja y 7 la más alta, ¿cuánto miedo siento?
    Enfrenta tus miedos respirando.

    Enfrenta tus miedos respirando.

  2. Aprender a respirar como técnica de relajación: Respirar es vida, proporciona un buen intercambio entre oxígeno y ácido carbónico. Sin embargo, estamos acostumbrados a respirar para “sobrevivir” en vez de para “vivir”. Si quieren aprender a relajarse a través de la respiración diafragmática consulten el artículo “el monstruo de las galletas tenía ansiedad”.
  3. Enfrentarnos de manera paulatina a nuestro miedo: empezar con pequeñas aproximaciones y controlando nuestra respiración ya que esta ayuda a calmar el cuerpo y por ende nuestra mente. Cuando sintamos mucha ansiedad, conviene no marcharse ya que irnos de la situación temida con altos niveles de activación solo hará que sintamos más miedo las próximas veces, lo que en psicología se llama “incubación”. Es por eso que conviene que nos quedemos en la situación temida hasta que consigamos relajarnos y solo cuando esto suceda, retirarnos.

No obstante, estas pautas deben ser tomadas con precaución. Siempre conviene acudir a un especialista para mayor fiabilidad de la intervención.

Vía|Dutton, K. (2013). La sabiduría de los psicópatas. Barcelona: Ariel.

Marina, J. (2006). Anatomía del miedo. Un tratado sobre valentía. Barcelona: Anagrama.

Sassaroli, S. y Lorenzini, R. (2000): Miedos y fobias: causas, características y terapias. Barcelona: Paidós.

Imagen| Contagio, miedo, respirar.

En QAH| El monstruo de las galletas tenía ansiedad.

 

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