Historia 


¿Que barcos usaban en los descubrimientos de la Edad Moderna?

Los viajes atlánticos de finales del siglo XV serán causa y efecto de un cambio en los esquemas mentales de la Europa Bajomedieval que permitirán al hombre del momento saltar a los océanos en busca de nuevas tierras y oportunidades de expansión. Una pregunta clásica suele ser la que pretende responder este breve artículo: ¿Qué barcos usaron en esos viajes?

Portugal en el siglo XV fue clave en el desarrollo de los viajes y los medios usados en ellos ya que su papel de vanguardia en las exploraciones, dio pie a la recopilación de datos derivados de sus viajes a lo largo de las costas africanas y asiáticas, tanto en materia de exploración como en cuestiones técnicas derivadas de los mismos. Será fundamental el papel de Enrique “el navegante”, infante de Portugal, que en la segunda mitad del siglo XV promocionó la fundación de la Escuela de Sagres, la cual almacenó a lo largo del siglo toda la información derivada de esos viajes, apoyado por el trabajo de un importante grupo de cosmógrafos, astrólogos, cartógrafos, ingenieros, etc. Esa información permitirá el desarrollo de nuevas técnicas de navegación y de una ingeniería naval aplicada a la navegación transatlántica, ya que hasta mediados-finales del siglo XIV la navegación se basaba principalmente en el cabotaje, es decir, se navegaba cerca de la costa, teniéndola a la vista para poderse guiar con referencias en tierra. No existía una tecnología náutica que permitiese la navegación abierta, por lo que será en ese momento de los viajes atlánticos cuando se transformarán los medios y la ciencia marítima ante las nuevas necesidades.

Enrique "el navegante"

Enrique “el navegante”

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Réplica de una carabela portuguesa con aparejo latino completo

La relevancia de Sagres en la empresa colombina de 1492 radica, entre otros aspectos, en el desarrollo de un tipo específico de navío, la carabela, que unía las características más importantes de los navíos del momento tanto en el Atlántico cómo en el Mediterráneo. Fue una de las bases de la expansión oceánica portuguesa y posteriormente castellana. Reunieron las cualidades del casco de asiento atlántico propio de la Nao y la Carraca, adaptando una característica heredada de los navíos mediterráneos del norte de África (los “Dhow”): la vela triangular o latina. La unión de todo lo anterior en un solo buque proporcionaba un casco de asiento que soportase las corrientes y características del Océano Atlántico, algo difícil para los cascos de los barcos mediterráneos, diseñados para una navegación en un mar mucho menos movido y menos profundo. Además la nueva configuración de los velámenes, combinando velas cuadras y latinas, permitía un mayor aprovechamiento de los vientos y con ello un aumento de la maniobrabilidad del buque.

De esto se comprende que en 1492 en el puerto de Palos de La Frontera, Colón dispusiera en su convoy de dos carabelas y una Nao, con casco de asiento y un velamen cuadro, posteriormente combinado con la vela latina (en el palo de mesana), dando así lugar a un navío de gran desplazamiento y unas características de asiento y maniobrabilidad óptimas para cruzar el Atlántico. El éxito del viaje permitió que estos dos tipos de naves configuraran el estándar de los viajes transatlánticos a América, tanto para el comercio y colonización como para la exploración en sus primeros momentos, e incluso para la defensa de las rutas tal y como se puede ver en la configuración de las armadas y guardacostas del siglo XVI. En referencia a su uso en las exploraciones, que es donde nos interesaría verlo, hay que mencionar ejemplos de esos nuevos navíos y aparejos en expediciones cómo la de Colón con las famosas Niña y Pinta (carabelas) y la Santa María (nao), o la Victoria o Concepción, naos de la expedición de Magallanes.

Réplica de la Nao Victoria

Réplica de la Nao Victoria

Conforme pasan las décadas, la experiencia ganada viaje tras viaje dota a los astilleros y carpinteros de ribera de conocimientos suficientes para construir navíos más modernos y más especializados en la navegación oceánica. Esto permite a mediados del siglo XVI el paso de la nao a un tipo de buque más evolucionado, el galeón, el cual reúne la capacidad de carga de la nao y sus formas básicas, junto a un aparejo derivado de la carabela, cuyo antecedente bien podría ser aquel aparejo mixto de las carracas y naos de finales del XV que ya presentaba la Santa María de Colón. Será fundamental sobre todo para el comercio y transporte en general, recordando la importancia de este buque en los galeones de la Flota de Indias o en el Galeón de Manila.

Representación de un galeón.

Representación de un galeón.

No obstante, este desarrollo trae consigo otros dos tipos de navío más, la fragata y el bergantín, en la medida en que serían adaptaciones atlánticas de galeras mediterráneas, salvaguardando en la adaptación una mayor eslora, manga, y puntal. Estas últimas, sobre todo la fragata serán de importancia en las exploraciones, por dar una versatilidad perfecta para la navegación tanto de ultramar cómo de cabotaje (para el reconocimiento de las costas), y ofrece un equilibrio óptimo entre desplazamiento, dotación y capacidad armamentística. Buen ejemplo de esto lo da el testimonio de Antonio de la Ascensión sobre la expedición de Sebastián Vizcaíno a principios del XVII. Describe el uso de una fragata y varios buques de menor tamaño los cuales, atendiendo las fechas de la expedición, podrían tratarse de carabelas o pataches sobre todo los últimos por ser más versátiles y de menor calado ante la posibilidad de remontar ríos o estuarios.

A partir de mediados del siglo XVII, los bergantines cobran protagonismo cómo barcos ligeros, usados sobretodo en el comercio intercontinental y en exploraciones y estudios geográficos de costas. También es destacable el desarrollo de la corbeta como derivado de menores medidas de la fragata, destacando su uso en el XVIII en viajes como la Expedición de Malaspina de 1788 (la “Descubierta” y la “Atrevida”). Junto a estos, el siglo XVIII ve el desarrollo de la fragata cómo buque cuya versatilidad ha copado en múltiples sentidos a los galeones, que poco a poco van derivando en el navío de línea, delegado a uso militar, quedando el primer tipo en varias opciones de uso tanto militar como comercial-civil. En resumidas cuentas, en lo que a uso de exploración se refiere, por sus características, la carabela y las naos dieron lugar al galeón, y este a su vez a la fragata, la cual se convertirá en la base de tipos menores de embarcaciones.

Sin la propia experiencia que durante la Edad Moderna se adquirió en los propios viajes no se puede entender una evolución tan rápida de la ingeniería naval, que permitió al hombre alcanzar en apenas 300 años límites que les resultaron infranqueables durante siglos. Con ello podemos ver como el hombre en su historia debe al mar una parte inmensa de su evolución y de su conocimiento.

Vía | Alonso Troncoso, V., Guerra, exploraciones y navegación. Del mundo antiguo a la Edad Moderna, A Coruña, Universidade da Coruña, 1994

Martínez Hidalgo, J.A., Las naves del Descubrimiento y sus hombres, Madrid, MAPFRE D.L, 1992

Sellés, M.A., Astronomía y navegación en el siglo XVIII, Madrid, Akal, 1992

Imagen |El viaje de Colón (en portada), Enrique “el navegante”, Carabela portuguesa, Nao Victoria, Representación de un galeón,

 

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