Jurídico 


¿Puedo insultar al jefe sin que me despidan?

insultoLa relación de trabajo debe basarse en la confianza y el respeto entre el trabajador y el empresario, por lo que los insultos no están permitidos. De hecho, el artículo 54.2c) del Estatuto de los Trabajadores, sanciona como causa de despido las ofensas verbales. No obstante, la jurisprudencia advierte que cualquier comportamiento del trabajador, no es suficiente para justificar la sanción de despido: debe tratarse de un comportamiento grave y culpable . Imagino que el lector ya se habrá imaginado que no es lo mismo un tipo de insulto que otro, y que el contexto también es importante. Veamos un ejemplo:

En una discusión entre el trabajador y el gerente, al salir del despacho del gerente, el trabajador grita en voz alta “aquest home és boig” (este hombre está loco), comentario que, pese no haber sido oído por el gerente, sí lo fue por dos testigos Al día siguiente,  se produjo, en el mismo despacho, una nueva discusión entre los mismos protagonistas. Al salir del mencionado despacho, el trabajador le dijo al gerente “ets un fill de puta” (eres un hijo de puta).

El trabajador fue despedido y reclamó por despido improcedente. Pese a que el juzgado de lo social consideró el despido procedente, el TSJ de Cataluña revocó la sentencia (STSJ Cataluña 10/02/2009).

La decisión judicial puede causar cierto estupor: ¿acaso los insultos reproducidos no pueden considerarse como una ofensa verbal?. El Tribunal responde que si, pero que “no basta con que las expresiones sean atentatorias a la dignidad atendido su sentido gramatical, pues teniendo en cuenta el contexto en el que se producen, puede verse mermada la animosidad injuriosa de tales expresiones”.

La principal conclusión que debemos sacar de esta sentencia es que, aunque las ofensas verbales deben valorarse en sí mismas, no basta con que las expresiones utilizadas, atendiendo a su sentido gramatical, sean contrarias a la dignidad de la persona, ya que tal valoración debe efectuarse en conjunción con todas las circunstancias objetivas y subjetivas que le precedieron o fueron coetáneas.

La ponderación de las circunstancias agravantes o atenuantes que concurran en la conducta del trabajador será la determinante para que expresiones gramaticalmente idénticas posean connotaciones distintas, un carácter ofensivo diferente, incluso inexistente, y puedan ser objeto de una sanción diferenciada.

No obstante, llama la atención que insultos tan importantes, aunque se produzcan en el marco de una discusión, no sean considerados como suficientemente graves para justificar un despido procedente.

Imagen|no es ficción

Más información|Que, El Mundo, 20 minutos

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