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¿Puede encontrarse arte en las calles?

En el mundo transgresor del graffiti hay pocas reglas salvo una fundamental: está prohibido escribir encima de otra firma mientras aún sea legible. No respetar esto podría ser interpretado como una declaración de guerra.

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Hablar de graffiti como arte callejero es un fenómeno reciente. Los pioneros dejaban su firma -en un lugar donde se supone que no debería estar- de forma anónima y sin preparación o meditación artística alguna. Por algo se le llama “escritores” de graffiti y no “pintores” o “dibujantes”. Lo cierto es que la idea de convertir un muro o una ruina en algo más ‘feo’ de lo que es, choca frontalmente con el concepto romántico de que la misión del arte es la de alimentar el espíritu.

 

street-art-264469_640En la Antigua Roma ya se hacían graffiti y en las calles de Pompeya quedan garabatos que hacen referencia a los candidatos electorales, ofertas de casas, refranes, comentarios jocosos… En la era moderna fue durante años un dirty word (un fenómeno marginal, espontáneo y transgresor)surgido en ciertas comunidades urbanas como el South Bronx que se expandió de la mano de músicas como el hip-hop.

 

El graffiti era un lenguaje interno y secreto que fue alcanzando una nueva dimensión gracias a famosos grafiteros de los años 80 como Keith Haring que defendía que el arte es algo a lo que todo el mundo tiene derecho: “Me interesa hacer arte que pueda ser vivido y explorado por el mayor número de personas posible, que aporten cuantas más ideas mejor sobre una pieza (piece), sin que por ello tenga al final un significado incorporado”, escribió Haring. Esto no significa que hayan desaparecido los grafiteros de vieja escuela a los que el arte no les interesa lo más mínimo.

 

Mientras en ciudades como Nueva York o Berlín y otras se organizan paseos guiados para ver graffiti que son tan famosos como cuadros o esculturas célebres, muchos dicen que el mejor arte callejero o graffiti, el que tiene más fuerza, es el ilegal: libres de todo control, irreverentes, antiautoritarios, irónicos, transgresores, cómicos y, a veces, sabios. La gente que emigra incesantemente a las ciudades para poder sobrevivir tiene un enorme potencial creativo y una honda necesidad de expresarse en los muros grises que se levantan a su alrededor. Una manera es tomar posesión de las paredes con sus firmas.

 

Cedar Lewisohn, autor del libro Street Art: The Graffiti Revolution (2008), responde así a la cuestión de si es aceptable considerar el graffiti arte: “Al final es cosa del espectador establecer qué es arte y qué no; lo interesante y lo que no lo es. Pero, antes de tomar una decisión, tienes que aprender a mirar.”

 

¿Y tú? ¿Qué opinas?

 

Por Miguel Olalquiaga

 

 

 

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