Historia 


Proyecto Habbakuk. El portaaviones de hielo de la Segunda Guerra Mundial

Ilustración de Dominic Harman

En la Segunda Guerra Mundial, hacia el año 1942, la situación del Reino Unido obligaba a aguzar el ingenio para aprovechar al máximo los recursos disponibles y poder mantener el titánico esfuerzo de guerra. Ello dio pie a la puesta en marcha de alocados proyectos impulsados por el propio gobierno.

En este contexto surge el proyecto Habbakuk, ideado por Geoffy Pike, corresponsal de guerra, profesor e inventor, decidido a paliar la escasez de acero para reemplazar el tonelaje hundido por los submarinos alemanes en el escenario de la guerra naval.

Geoffrey Pyke, inventor del Pykrete y del Proyecto Habbakuk

¿Y como se consigue fabricar barcos sin acero en 1942? Pues con hielo. Aunque a priori parezca una idea absurda, el planteamiento de Pike era bien sencillo, pues aunque el hielo puede ser destruido al igual que cualquier otro material, se podía conseguir prácticamente de manera ilimitada, y además se podía reparar fácilmente con el agua donde navega la propia nave.

Pike había sido autorizado a iniciar las investigaciones preliminares y desarrolló un material denominado Pykrete formado por un 14% de serrín y un 86% de hielo que demostró tener unas sorprendentes cualidades, incluso superiores al acero.
El encargado de presentar las cualidades del Pykrete fue Lord Louis Mountbatten, jefe militar británico de Operaciones Combinadas, peculiar personaje donde los haya y al que sin duda semejante proyecto le venía como anillo al dedo dada su tendencia al autobombo y a adjudicarse los logros de los demás.

Lord Louis Mountbatten

Winston Churchill, aunque entusiasmado con la idea, tenía grandes reservas en cuanto a la viabilidad del proyecto. Mountbatten, para vencer las reticencias ideo una original presentación consistente en la colocación de grandes bloques de hielo al fondo de una habitación. En un lado bloques de hielo común, y al otro, los de Pikrete. Llegado el momento, abrió fuego con su pistola sobre los bloques de uno y otro lado para demostrar las bondades del material, no sin que las balas que rebotaron sobre el Pikrete pasaran silbando entre los presentes y agujerearan el pantalón del almirante Ernest King.

Tras la pintoresca presentación, y milagrosamente sin ninguna baja entre los asistentes, se dio el visto bueno a un faraónico proyecto consistente en la construcción de un enorme portaaviones construido con bloques de Pikreto. Se utilizarían 280.000 bloques, con un peso de 2 millones de toneladas para transportar alrededor de 150 aviones de combate.

Los canadienses, que no sabían lo que estaban construyendo, bautizaron el proyecto como El arca de Noe

Pike se trasladó a una base secreta de Canadá construida ex profeso para desarrollar el proyecto, enfrentándose a innumerables problemas técnicos, acumulando notables retrasos y disparando su coste de manera exponencial según iban avanzando los trabajos.

El aumento de los costes obligó a ingleses y canadienses a solicitar fondos al gobierno estadounidense, quien aceptó a condición de que Pike, debido a desavenencias anteriores, fuese desvinculado del proyecto.

En el centro el Habbakuk al lado de un acorazado (dcha) y un superportaaviones (Izda)

La entrada de los americanos en el proyecto y la salida de Pike fue la muerte anunciada del proyecto, pues el plan inicial fue modificado y ampliado, en una etapa nueva que se conoció como Habbabuk II. En la práctica, las nuevas exigencias hicieron inviable un proyecto que a duras penas había podido superar las primeras fases del proyecto original.

Finalmente el proyecto, debido entre otras razones a la cesión de las islas Azores para las operaciones aliadas, unido a los retrasos y al desorbitado coste, fue abandonado en favor de otros. La junta mixta que se encargaba del desarrollo, informó el 16 de diciembre de 1943 que no podía llevarse a cabo sin interferir seriamente con otros planes de mayor prioridad. En consecuencia, el proyecto Habbakuk fue abandonado por las autoridades aliadas.
Un prototipo de 20 metros de largo llegó a ser construido en el lago Patricia de Canadá. A pesar del abandono del proyecto, la estructura se mantuvo a flote durante un año,  sin ningún mantenimiento, prácticamente hasta el final del verano siguiente.

Restos del Habbakuk en el fondo del lago Patricia

El esqueleto del Habbakuk permanece hundido en el fondo del lago Patricia en cuya orilla existe una placa conmemorativa que recuerda el lugar donde se gestó uno de los proyectos más extravagantes de la II Guerra Mundial.

Lo paradójico de esta historia es que un barco que iba a ser fabricado con hielo con el ánimo de reducir costes y prescindir en la medida de lo posible del caro y escaso acero, terminó necesitando ingentes cantidades de este material. Kilómetros de conductos de refrigeración, centrales eléctricas, motores y la gigantesca fábrica de Pykrete así lo demandaban.

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