Historia 


Proteger el patrimonio histórico-cultural en el territorio del Estado Islámico

El patrimonio histórico-cultural, según la UNESCO, es aquel que refleja la vida de una comunidad, su historia e identidad. Su preservación nos ayuda a reconstruir comunidades desmembradas, a restablecer su identidad y a crear un vínculo entre el pasado, el presente y el futuro. Pero qué ocurre con el patrimonio en tiempos de guerra y, más aún, qué sucede cuando se encuentra dentro de la zona de control de un grupo extremista que puede no atender a razones.

Miembros del Estado Islámico destrozando el Museo de Mosul.

Miembros del Estado Islámico destrozando el Museo de Mosul.

Hace unos días, entre atónitos y horrorizados, pudimos ver un vídeo propagado por Internet por el Estado Islámico (EI), que mostraba a un grupo de milicianos destrozando, con grandes martillos y taladros, parte de las esculturas arqueológicas del Museo de Mosul. En las imágenes se apreciaba que algunas piezas eran simples réplicas, pero el resto formaban parte de un conjunto de estatuas de época asiria y acadia. La mayor parte de las piezas procedía del yacimiento de Hatra, declarado patrimonio mundial, aunque también se encontraban otros artefactos procedentes de las excavaciones practicadas en la provincia de Nínive.

El susodicho vídeo, cuyas imágenes fueron confirmadas por la UNESCO, no es más que una provocación más de este grupo extremista suní, cuyas pretensiones son las de imponerse a todos los musulmanes del mundo de cualquier forma posible, incluso llevando a cabo una limpieza no sólo étnica sino también cultural, con el fin último de borrar cualquier testimonio del pasado preislámico en su zona de control. No hay que olvidar que los miembros del EI son afines al salafismo, una versión extrema del islam suní, y consideran idolatría el culto a las estatuas y a las tumbas.

El Estado Islámico destruye una mezquita en honor a Jonás por considerarla un lugar de apostasía.

El Estado Islámico destruye una mezquita en honor a Jonás por considerarla un lugar de apostasía.

No es la primera vez, desgraciadamente, que sucede un acto terrorista de este tipo. En otras ocasiones se ha producido la quema de bibliotecas, los bombardeos de antiguas fortalezas, el expolio de yacimientos arqueológicos para el tráfico ilegal de piezas, la destrucción de edificios sagrados o la devastación de ciudades enteras. En estas circunstancias, ya sean actos bélicos, terroristas o propagandísticos, nos planteamos la cuestión de si estamos realmente preparados para la protección del patrimonio de cualquier zona en tiempos de guerra.

El gran problema está en que la ignorancia y el radicalismo de estos bárbaros les ciega. Su fanatismo no les permite entender, ni siquiera, que el patrimonio cultural forma parte también de su historia. Es el legado que han recibido de sus antepasados y que tienen la obligación de transmitir a sus generaciones futuras, porque forma parte integrante de su identidad islámica. Además, en el caso del EI, ya no sólo se trata de lo material, sino también del patrimonio inmaterial que está presente en las culturas, las lenguas o las tradiciones de cada territorio que controla. El exterminio de otras culturas, claro está, no cambia el estado de cosas en el presente.

La UNESCO indica que de los doce mil yacimientos arqueológicos documentados en Irak, hay mil ochocientos sitios dentro de la zona de control del EI. Hasta el momento, esta institución se ha centrado en intensificar el control internacional del tráfico ilegal de las piezas, que el EI usa para su financiación, y en evitar hacer pública la lista de sitios en riesgo para no ponerlos en el punto de mira. Pero ¿se puede hacer algo más?

No es fácil responder a la pregunta de si se puede hacer algo más en estas circunstancias tan complejas, pero sí es cierto que se debe actuar con celeridad. Según la UNESCO, se debe tener en cuenta que, sobre todo en los casos declarados como “Patrimonio cultural de la Humanidad”, el patrimonio debe ser defendido y protegido no sólo por su país de origen, sino por toda la comunidad internacional. Para un Estado, esta declaración es tanto un privilegio como una gran responsabilidad, ya que obliga a la protección del sitio. De no ser así, como en el caso que nos ocupa, la comunidad internacional está obligada a intervenir en su defensa y, por tanto, debe tener medios suficientes para ello.

Los talibanes destruyeron en 2001 los Budas de Bamiyán, en Afganistán, por considerarlos un atentado contra su fe.

Los talibanes destruyeron en 2001 los Budas de Bamiyán, en Afganistán, por considerarlos un atentado contra su fe.

En este punto, cabe destacar que para la protección de los bienes culturales en caso de conflicto armado existe el “Convenio de La Haya” de 1954, que tuvo una revisión con el Segundo Protocolo a la Convención de La Haya en 1999, que proporciona las pautas a seguir en tiempos de guerras. Fue una consecuencia directa de la destrucción masiva del patrimonio cultural que se produjo durante la Segunda Guerra Mundial. La Convención se adoptó al mismo tiempo que un Protocolo destinado a prevenir la exportación de bienes culturales de un territorio ocupado y, asimismo, exige el retorno de dichos bienes al territorio del Estado de donde fueron exportados. Además de este convenio, existe la Convención sobre la protección del patrimonio mundial cultural y natural”, el 16 de noviembre de 1972, de la UNESCO que, en uno de sus artículos, incluye en una “lista del patrimonio mundial en peligro” las zonas en guerra.

No obstante, al margen de todos estos convenios, el problema que se puede plantear es el valorar militarmente en qué situación se encuentra la zona de control del EI y, más aún, cómo intervenir en el lugar ocupado por un grupo tan extremista que no atiende a razones. Un grupo de expertos tiene que encargarse de valorar estas circunstancias. Se observa, a pesar de estos tratados, que desde entonces se han dado muchos casos de destrucción intencionada de patrimonio mundial, como el del Museo de Mosul por el EI, los budas de Bamiyán por los talibán o el grave deterioro que provoca cualquier guerra actual. La UNESCO debe intervenir directamente para evitar estar situaciones.

En colaboración con QAH| Antrophistoria

Vía| UNESCO, El País

Imágenes| Tiempo Sur, CNN México, ARN Digital

Vídeo| Destrucción estatuas milenarias

En QAH| La Imagen de Mahoma en el Islam y en la Historia; Raíces históricas del Estado Islámico

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