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Problemas en la implantación del Compliance

 #actualidadQAH

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Tras la entrada en vigor recientemente de las nuevas modificaciones al Código Penal, el campo de la protocolización del cumplimiento legal asociado a la empresa (Legal Compliance) ha sufrido un verdadero espaldarazo por parte del legislador, dotándolo del contenido y repercusión que en otros sistemas judiciales ya contaba.

Este hecho ha dado como resultado la creación de una figura ad hoc, como es el Compliance officer, órgano o puesto responsable del cumplimiento legal, situándolo como una verdadera herramienta de control y prevención contra delitos en el ámbito societario.
Siendo esto así, que un reciente estudio realizado por HAYS, consultora especializada en RRHH, lo ha considerado como uno de los perfiles de mayor demanda dentro de las medianas y grandes empresas, aunque como veremos a continuación no esta exento de matices en cuanto a su implantación y funcionalidad.

En este sentido, y a pesar de que ya se han escrito diversas entradas acerca de esta figura, en esta ocasión vamos a intentar hacer una pequeña síntesis de los problemas que pueden surgir en su implantación y si realmente puede considerarse un filtro definitivo para la detección de prácticas no adecuadas o corruptas dentro de una empresa.

En primer lugar, debemos de tener claro que la reforma operada sobre esta materia ha tenido como objeto fundamental el limitar la responsabilidad de las personas jurídicas que reduzcan el riesgo de comisión de delitos por medio de programas de prevención coordinados por un órgano de supervisión, con mayor incidencia de aquellas sociedades mercantiles estatales que ejecuten políticas públicas o presten servicios de interés económico general. (art. 31 bis CP)

Por ello, analizando más a fondo la regulación introducida y su aplicación práctica, podemos extraer una serie de factores negativos que inciden en su implantación como son:
1. La falta de armonización de los marcos europeos: Efectivamente, la implantación del compilance officer toma su verdadero sentido en empresas de gran volumen, que operan en diferentes países y con agentes tanto externos como interno, lo que inevitablemente conlleva que deban aplicar multitud de jurisdicciones distintas. Asi, por ejemplo, en la UE no hemos sido capaces de crear una política fiscal común, lo que conlleva que en delitos como el blanqueo de capitales la disparidad en la aplicación del Compilance es enorme.

2. Necesidad de herramientas efectivas: Otro de los aspectos fundamentales se refiere al hecho de que de una vez por todas, se empiece a invertir seriamente en herramientas que permitan implementar el cumplimiento normativo. Este paso debe venir precedido, a mi juicio, de una potenciación por parte del Gobierno en forma de subvenciones o bonificaciones fiscales, que hagan atractivo para el sector societario velar por el cumplimiento legal.

3. Especialización y experiencia: Este es uno de factores que mayor freno plantea a las empresas, y es que al no haberse regulado de manera expresa, como en Francia o UK, el contenido del programa, ni las funciones que debe realizar expresamente un compliance officer, son diversas las interpretaciones acerca de qué tipo de acciones debe contener un programa de estas características, y al ser una figura de reciente creación, no son muchos los profesionales existentes con verdadera experiencia sobre la materia.
4. Por último, otro de los aspectos que más duda plantea a la hora de la aplicación de un programa de cumplimiento normativo, estriba acerca de la disyuntiva de si esta misión debe llevarse a cabo por el propio personal de la empresa o si por el contrario sería más factible cargar dicha responsabilidad en un agente externo.

De esta forma, son muchos los despachos y auditorias de reconocido prestigio, los que están siendo contratados para la implantación del sistema y la formación/especialización de los profesionales, sin embargo en mi opinión, es una decisión bastante compleja y delicada, pues no olvidemos que el compliance necesita de conocer la información más sensible de la sociedad y sus empleados, por lo que entiendo que dicho puesto debe estar ocupado por personas de máxima confianza de la organización.

Y es que, como hemos conocido por una noticia de apenas unos días sobre el Caso Toshiba, un informe escrito por un comité de abogados y contables externos ha revelado la ineficacia de los sistemas de control internos de la compañía y plantea dudas sobre el gobierno corporativo de las empresas niponas.
Así, esta multinacional durante años ha presumido de ser un ejemplo de los esfuerzos del país para controlar el comportamiento de las empresas, apareciendo como caso de estudio en los libros sobre gobierno corporativo. Sin embargo, lo que presenció Seiya Shimaoka, un auditor interno de Toshiba, a finales de enero fue lo contrario a un comportamiento ejemplar. Vio los primeros signos de lo que se convertiría en uno de los escándalos corporativos más vergonzosos del país, ya que la compañía intentó inflar los beneficios en más de 1.000 millones de dólares, dejando en entre dicho los multitudes de programas de cumplimiento legal que se habían desarrollado, y cuestionando las funciones del departamento encargado del control interno que llegó a contar con efectivos tanto internos como externos unicamente con la misión de hacer efectivos los mecanismos de control.

En definitiva, y como cita el informe de HAYS, los sectores que más demandan la figura del compliace officer, son las entidades bancarias y financieras principalmente, siendo cargos ocupados por abogados con una alta retribución al ser puesto de peso en la administración. Es por ello que si nos vamos a supuestos concretos en nuestro país en los que existía la figura del compliance officer, podemos ver que la eficacia de la misma fue escasa o nula, véase casos como el de Bankia, Gowex u otros muchos más, en los que podemos darnos cuenta que quien cuidaba del rebaño era el lobo.

Vía| El economista
Más Información| Expansión
Imagen| compliance

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