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Presencia, Aquí y Ahora

Cuesta mucho y hasta es difícil entender por qué nos cuesta si debería ser algo natural. ¿Por qué hay que estar pensando todo el tiempo en el antes y el después? ¿Por qué no concentrarse en el ahora? ¿Por qué el hombre se abstrae del “aquí y ahora” para poner el foco en un pasado que ya nada trae de nuevo, y en un futuro que no cumple siempre lo que promete?

Deberíamos trabajar la presencia. Hablar con las personas que tenemos enfrente, no con las que nos mandan mensajes por celular; mirar a los ojos a los que nos rodean, no mirar fotos viejas en vez. Hablar de lo actual y, como mucho, proyectar más allá para un fin positivo, no proyectar para alejarse de este contexto. Es difícil fijar el límite de lo sano, porque en alguna medida es positivo mirar hacia adelante, sino no sabríamos a dónde movernos -como caminar mirando la baldosa donde estamos, y
no la que viene- tropezaríamos todo el tiempo.

La presencia es ESTAR y avanzar pero sin llegar a IRSE; es responder “presente” cuando nos llaman por el nombre; y ESTAR, creerse que uno está. Cada uno tiene su manera de estar, con colores e intensidades propias, y la clave es que no se extingan, que siempre sean nuestra huella por haber estado. Valoramos de las personas su “aquí y ahora”, y lo que hacen en ese escenario, cuánto cambian a los otros “aquí y ahora” en ese tiempo y espacio.

Trabajar la presencia, ESTAR con las cinco letras de lo que esa palabra implica. No deambular por lugares del antes o el después, deambular por el AHORA que siempre nos recibe con algo nuevo.

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